viernes, 28 de noviembre de 2014
Los "temores" de la crianza
La semana pasada me puso rabiosa leer uno de esos artículos sobre crianza que, lejos de dar consejos, ideas o alternativas, nos metía el miedo en el cuerpo y, lo que es peor, nos hacía dudar de nuestras decisiones como padres. Este detalle lo podría extrapolar a multitud de temas que recogen cientos de artículos que a diario hablan sobre la maternidad y crianza pero como me llevaría semanas comentarlos todos, me voy a ceñir al tema del que trataba el artículo que me indignó recientemente. Hablaba de la decisión de dejar que nuestros hijos duerman en nuestra cama o no. Y ya os puedo adelantar que, según la publicación en cuestión, mi hijo va a sufrir ansiedad de mayor.
Yo no soy pediatra ni experta en la materia pero sí que soy una madre preocupada por el bienestar de su hijo como todas las que me estáis leyendo. Me he sacrificado todo lo que he podido por ofrecerle todo lo que ha estado en mi mano desde que nació comenzando por darle el pecho aún sufriendo tremendos dolores durante los cuatro primeros meses. Y lo he hecho encantada. Pero (y digo pero porque al parecer no hicimos bien según el artículo) tomamos la decisión de ponerlo en su cunita desde el primer día y en su habitación. Porque aquel agosto hacía un calor sofocante en casa y el bebé, sudón a no poder más, estaba más fresquito en su cuarto. Y porque a mi marido le entraba pánico pensar que lo podía chafar mientras dormía. No hace falta que os diga que su habitación no está precisamente a 100 metros de la nuestra. ¿Esto evitó que me levantara cada dos horas a darle el pecho? (con lo cual pasaba más horas encima mío que durmiendo solo) ¿O a cambiarle el pañal? ¿A ver por qué hacía ese ruidito? Por supuesto que no. Yo y mi marido, los dos.
Mi hijo ha estado pegado a mi pecho meses y meses y jamás se ha sentido desamparado. Ahora es un niño que pide dormir en su cama y que cuando tiene sed o tose nos tiene a su lado en un abrir y cerrar de ojos. Cuando está inquieto porque se encuentra mal nos lo llevamos a nuestra cama y cuando se despierta por la mañana los fines de semana, coge sus zapatillas y nos viene a buscar para jugar los tres.
No voy a criticar el colecho ni a los padres que los tienen en su cama hasta los 8 años pero, por favor, que no nos juzguen a nosotras tampoco ni nos infundan temores no contrastados. Y digo no contrastados porque me gustaría que me demostraran con pruebas concretas por qué mi hijo va a sufrir ansiedad de mayor o a tener problemas de salud mental. ¡Por favor! ¿Creen que por dormir en otra habitación recibe menos brazos y atenciones por parte de sus padres? Quizás sean más egoístas los que consideran un sacrificio innecesario levantarse seis veces de la cama cada noche como también he leído por parte del respetado Carlos González.
Lo curioso es que en esta materia, como en todas, hay muchos expertos que dan lecciones y entre ellos se contradicen. Y es que en contraposición a los pediatras que aconsejan dormir pegados tenemos por ejemplo el famoso método del Dr Estivill que indica que es mejor dejar llorar a los bebés. Todos creen tener la fórmula perfecta y no existe. Unos defienden el tenerlos encima continuamente para que no se sientan solos y otros optan porque se acostumbren a ser independientes. ¿Y quién me aconseja que me deje guiar por mi instinto? ¿Quién me anima a que no siga más consejos que lo que me diga el sentido común en cada momento? ¿No es mejor escuchar a nuestros hijos y no a expertos? ¿No es mejor ir viendo día a día cómo nos sentimos todos, padres e hijos, más cómodos?
Para mi es suficiente que mi hijo esté descansado y se despierte de buen humor (siempre se despierta cantando las canciones de la guardería). Si quiere un vaso de agua lo tendrá, cuando tenga fiebre le daremos su medicina y cuando le quitemos el pañal de la noche lo acompañaremos al baño. Son niños que duermen en su cama, no criaturas desamparadas y abandonadas. Me niego a aceptar que estoy perjudicando a mi hijo y por ello, desde hoy, cuando vea estos titulares, lo siento pero no leeré una línea. Porque en vez de niños con problemas tendrán madres con ansiedad. Y les aseguro que eso sí que estresará a nuestros pequeños.
jueves, 6 de noviembre de 2014
De rabietas, pataletas y el odiado "No"
Los dos años son maravillosos por cantidad de cosas: cómo hablan, entienden, descubren y cada día aprenden a hacer o decir cosas nuevas. Es una etapa de inocencia y dulzura en la que se nos cae la baba. Lo malo es que, como todos los cuentos, este también tiene capítulos oscuros. Y del que os voy a hablar hoy es el de las rabietas y pataletas cuando algo no les gusta. Son momentos en los que se nos pasan por la cabeza muchas cosas y algunas de ellas nos llevarían a la cárcel. Aunque en otras ocasiones lloraríamos de la impotencia y nos aguantamos porque en medio de la calle no es plan. Entonces toca contar hasta diez, veinte o algunas veces hasta cien hasta que nos calmamos e intentamos encontrar el botón de reinicio del crío.
Creo que lo peor de las pataletas es que en el 90% de los casos (por lo menos en los que yo me he encontrado con mi hijo de 27 meses) no hay justificación alguna para que se ponga como se pone. Y me refiero a tirarse al suelo negándose a ponerse de pie, dando patadas, lloriqueando (sin una puñetera lágrima) y rechazando cualquier tipo de diálogo o negociación para que cambie ese comportamiento. A veces puede ser porque no quiere ponerse la chaqueta y otrasbporque giras por una calle en la que no le apetece entrar. Vamos, las cosas más absurdas. Así que con este entrenamiento, veo con claridad los futuros pollos cuando no le compre un juguete o le obligue a hacer los deberes.
El caso es que cuando está en calzoncillos por casa y no se quiere vestir, puedo optar por dejarlo tirado en el pasillo hasta que se canse y se ponga de pie otra vez. Pero si te la lía en la calle o un centro comercial como le ha pasado a alguna amiga, entonces no hay otra. O lo coges como un saco de patadas y lo atas al cochecito rápido o lo dejas berreando y te conviertes en la animación del día para todo el público presente que encima te mirará mal por no ser capaz de calmar al niño. Ah, y habrá las mentes malpensadas que creerán que eres una madre cruel que lo maltrata porque si el niño llora así de desconsolado, por algo será. Pues no, la mayoría de veces ni el niño sabe por qué llora, lo hace por vicio. Comienzo a pensar que existe el desahogo infantil espontáneo como cuando las mujeres estamos sensiblonas y lloramos porque sí.
¿Y cómo nos sentimos nosotras en estos momentos? Cómo decía en la introducción, a veces depende de nuestro estado de ánimo. Si tenemos un mal día, esa pataleta la llevaremos mal, muy mal. Y estamos de buen humor, el buen rollo se irá agotando dependiendo de lo que se alargue el show del niño. Podemos comenzar hablando con él para intentar adivinar qué le ocurre. Luego llega la negociación prometiendo un premio si colabora. Después ya se acabó la negociación porque toca imponerse ante su rebeldía. Pero ya si nada de esto funciona es cuando perdemos los estribos y acabamos gritando y casi peleando con él para que se levante o deje de dar patadas. Resultado: todos nerviosos y cabreados. Luego,cuando quieres dar una lección a un niño de dos años castigándolo, nunca sabes si estás perdiendo el tiempo. Quiero decir que sentarlo contra la pared puede calar en él o a lo mejor no entiende nada de nada. La única vez que lo hice con mi hijo comenzó gimoteando pero a los cinco minutos estaba cantando. He de decir pese a ello que nunca más le he tenido que llamar la atención por lanzar la comida del plato. Así que, pensándolo bien, tal vez funcionara mejor de lo que pensaba.
Estoy convencida de que, al final, los niños saben mucho más de lo que nos hacen creer. Y entienden que nos llegan a desgastar hasta el punto en que los dejamos estar, nos damos por vencidas. Aunque no debamos cometer ese error, hay veces en las que es una tentación rendirnos con tal de que no nos estalle la cabeza. Dicen que el llanto de los bebés por naturaleza es un ruido que no podemos soportar. Supongo que para que los padres podamos despertarnos por la noche y siempre acudamos a ver qué pasa. Pues con los niños debe ocurrir algo similar porque ese lloriqueo es para nosotros como un disco rayado.
Y para acabar, quiero dedicar una especial mención a la etapa del "NO". Tan famosa como real. Cuando a un niño se le cruzan los cables, ya puedes ofrecerle el ToysRus entero que todo será "NO". Su comida favorita, sus juguetes favoritos, sus dibujos, sus adorados abuelos... da igual, a todo te dirá lo mismo. Claro que a veces de tanto repetirlo pierde el sentido y mientras te dice que NO quiere comer él mismo se está metiendo la cuchara en la boca. Da igual, el caso es contestar NO. Curioso, ¿verdad? En fin, aprovechemos los buenos momentos, que por suerte son la mayoría, y si nos salen rebeldes siempre nos quedará Supernanny. ;-)
miércoles, 22 de octubre de 2014
Pensando en el futuro
Hay momentos en los que, viendo crecer a tu hijo, te da por pensar en que has de ir tomando decisiones que afectarán a su desarrollo y a su futuro. Algunas cosas son obvias pero hay otras en las que no te habías parado a pensar antes.. A veces es cierto que exageramos pero ¿quién dijo que es malo ser precavida?
Por ejemplo, a sus 26 meses de edad, ya estamos estudiando los colegios. Esto es más serio que la guardería ya que un colegio puede marcar la vida de un niño ya que hablamos de su educación y sus amistades de adolescencia o toda la vida. Descartados los colegios pijos bilingües por razones obvias para una familia de ingresos normales, toca pensar en los públicos y los concertados. Aquí viene cuando tus conocidos están divididos entre unos y otros. Decides estudiar ambas opciones y valorar la cercanía de unos y otros. Entonces pasas a revisar los informes, cualificaciones y rankings. Por cierto, cuando veas claras tus preferencias será cuando alguna amiga te diga que su experiencia en tal escuela no fue muy grata. Y ya te habrán fastidiado porque con lo que te había costado hacerte una idea clara, ahora te arruinan la imagen del centro. Mi consejo es: preguntad al principio pero después aislaros de opiniones porque no habrá quórum nunca.
Total, que después de valorar famas, distancias, transportes y organización además de programar visitas, tu lista se reduce a tres colegios. Por supuesto, esperas acertar porque de esto dependerá que tu hijo alcance los 18 años con notas impecables, encarado a una carrera universitaria con amigos aplicados y buenos chicos (no fumadores) que lo lleven por el buen camino toda la vida. Y por supuesto sin novias que lo distraigan por lo menos hasta que se licencie. Una película que todas las madres firmábamos ahora mismo al escoger el temido colegio. Pero al final la suerte dependerá de tu instinto al elegir y la personalidad de tu hijo durante su desarrollo.
¿Y qué me decís del inglés? Porque, descartado como he dicho el Saint George School, crees que tu hijo está perdiendo el tiempo si no comienza ya con el inglés. "Son esponjas" "Ahora lo repiten todo" "Este es el momento para que empiece a aprender idiomas" Te repiten tanto la cancioncita que al final cedes y lo apuntas a esa famosa academia tan colorida para niños. Por un nada módico precio lo arrastras a clase 45 minutos a la semana y al cabo de un mes consigues que se aprenda las cancioncitas con las que lo tienes que taladrar cada día. No ves clara la inversión pero te autoconvences de que le estás haciendo un bien y que con diez años ya podrá pasar a aprender chino.
Pero es que nuestras preocupaciones a veces no se acaban ahí. Mi peque por ejemplo es propenso a las bronquitis, yo algo asmática, y sólo me faltaba que me confirmaran (porque en el ambiente se nota) que nuestro barrio se ve especialmente afectado por los altos niveles de contaminación de Barcelona. Con la previsión de mudarnos a un piso más grande en un futuro cercano, valoramos ahora también la posibilidad de salir de la ciudad. Algo que por nosotros dos no haríamos pero cuando tienes hijos lo reflexionas todo. Nuestros pulmones tendrán poco remedio ya pero.. ¿y los suyos?
He comentado muchas veces el tópico de que las prioridades cambian cuando tienes hijos pero es que también cambia nuestra forma de pensar y valorar cómo vivimos o cualquier cosa que ocurre a nuestro alrededor. Cuando eres tú sola y tu pareja, en cualquier circunstancia sigues tirando adelante: con altibajos laborales, pisos pequeños, coches de dos puertas, la nevera medio vacía... pero cómo cambia la cosa cuando pasamos a ser tres. Hasta el mundo nos preocupa más y miramos las noticias desde otra perspectiva. Esto se llama responsabilidad, muy buena si se queda en eso solamente y no pasa al grado de obsesión.
Tal vez, sencillamente sólo deseamos para nuestros hijos lo mejor y que lleguen más lejos que nosotros. Y esto me hace pensar en algo que reservo para próximos posts. ¿Nos hacemos una idea preconcebida de lo que han de ser nuestros hijos? ¿Queremos fotocopias nuestras? ¿Creamos falsas expectativas? ¿Les exigiremos demasiado? Pensándolo bien, creo que me queda un poco lejos esta reflexión ;-)
miércoles, 1 de octubre de 2014
Los niños y la ropa
Hoy os voy a hablar de lo que he aprendido en estos dos años y pico paseándome por tiendas infantiles para comprarle ropa a mi hijo. De cómo acabamos "interpretando" las tallas, cómo nos damos cuenta de que nuestro hijo crece de pecho pero no de pantalón, cómo tiene un número para según qué zapatos y otro para otros, cómo vuelan las ventas especiales online y para qué lo vistes en una tienda o en otra. Y voy a hablar de marcas pues a lo mejor os sirve de consejo.
Para empezar, os reconoceré un tópico. Es mucho más atractivo mirar la ropa de niña. No digo que no haya ropa monísima para niños pero... a veces hasta me da la sensación de que las tiendas exponen el doble de ropa para nena que para nene. Y los colores son infinitamente más llamativos, lógico por otra parte ya que los rosas y los lazos son exclusivos para ellas. Pero entras en el local y a mano derecha ves alegría: topos, corazones, dibujitos, faldas de bailarina... y a la izquierda ves monotonía, polos, tejanos y algún Batman de vez en cuando. Para alegrarte la vista hasta te pones a pensar en algún cumpleaños próximo de alguna amiguita con tal de tener una excusa para mirar esa ropa.
Pero vamos al lío, a continuación os pongo algunas de las tiendas más populares:
H&M: Aquí hacen lo que llaman "tallas completas", que traducido viene a ser que la prenda de 2 años te sirve hasta que cumpla los 3. Vamos, que el pijama le va a hacer bolsa y tendrás que remangar el pantalón. Pero claro, lo de comprar una talla menor de la edad de tu crío, pues da hasta rabia porque nuestro chip siempre es "comprar grande para que le dure", aunque parezca que se lo ha quitado a un hermano mayor que no tiene. Calidad/precio no está mal y tienen cosas monas.
ZARA: Este es un ejemplo de lo que os comentaba de doble talla para arriba o para abajo. Las camisetas/jerséis coinciden siempre con la edad de mi hijo pero los pantalones siempre se le caen. Los tengo que coger al máximo por dentro incluso ahora que mi hijo tiene 26 meses y lleva pantalones de 18-24. Los pantalones de esta marca que nos regalan (con talla actual o mayor) suelen estar guardados unos meses hasta que se los puedo poner. Los diseños me gustan mucho y el precio correcto
BENETTON: Esta marca es siempre atractiva para la vista aunque los modelos se repitan mucho. Lo bueno es que encuentras ropa de arreglar y también deportiva para el día a día. Y suelen equilibrar bastante la oferta para niño y niña. El tallaje no me da demasiados quebraderos de cabeza. Pero encuentro la ropa carilla. Acostumbro a ir en rebajas. Buena marca para hacer regalitos cucos.
PRYMARK: No nos engañemos, esta es marca de batalla total así que no podemos esperar gran calidad. Recomiendo comprar tallas grandes porque las prendas encogen al lavar. Aquí nunca compro pantalones, solo bodies, camisetas, algún jersey o chaqueta y calcetines.
ORQUESTRA: Me parece muy buena iniciativa la de ofrecer un carnet de cliente para obtener descuentos del 50%. Este es un ejemplo de tienda en la que puedes encontrar alguna prenda especial para niño (sobre todo bebé) pero para niña hay cosas mucho más llamativas. Con el carnet, el baremo calidad/precio está muy bien. A precio original no toda la ropa que venden vale lo que marca. Por lo menos, sus tallas son lo que dicen, no hay que hacer ajustes mentales.
PRENATAL: A esta tienda solía ir en rebajas cuando mi hijo era un bebé ya que los precios caían exageradamente. Fuera de rebajas hay cosas caras para mi gusto, como los arrullos y pijamitas de bebé que, eso sí, los tienen monísimos. Aquí toca buscar y rebuscar y sí se pueden encontrar piezas bonitas. Y es que en una tienda grande con muchos artículos es lógico ver de todo. Es cómodo encontrar ropa de bebé y niño, ropa premamá, artículos de puericultura, etc
MANGO KIDS: Desafortunadamente no puedo opinar porque sus prendas son a partir de los 3 años. Y no veo el motivo por el que lo hacen, ellos sabrán. Los precios son similares a Zara y, por lo que intuyo, la calidad igual.
BÓBOLI/TUC TUC: Soy una enamorada de Tuc Tuc y Bóboli. Diseños divertidos y alegres para niños y niñas, aleluya! Las tiendas Tuc Tuc suelen tener poco stock así que puede ocurrir que te cruces con nenes vestidos igual pero vale la pena por lo guapísimos que van con sus dibujos. El precio, no os voy a engañar, es caro. Por eso vale la pena aprovechar las dos veces al año que hacen venta especial en Privalia y otros portales de venta online. Eso sí, ya os podéis poner el despertador porque a las 9h ya no queda casi nada. Y cuando os ponéis es ley de Murphy que internet vaya lento. Pero vale muchísimo la pena porque los precios son fantásticos a pesar de que sea la colección de la temporada pasada que a mi personalmente no me importa en absoluto.
Creo que he mencionado las marcas más conocidas pero no he comentado nada acerca de los zapatos. No descubro ningún secreto cuando digo que es un abuso total que nos hagan pagar por un zapato número 24 lo mismo que por uno 38. Y si no te quieres gastar ese dinero en un modelo de piel (porque te preocupas por el pie de tu hijo), has de acabar comprando esos de 20 euros de plástico que venden en la mayoría de tiendas de ropa. A sus dos años, sólo le he comprado un modelo de estos baratos y no os engaño, le sudaba el pie. Tal vez sea algo maniática con este tema ya que hasta que no se puso en pie no quise ponerle un solo zapato. Aquí sí que no hay tiendas especiales porque suelen poner los mismos precios. Y también puede ocurrir que en un modelo tu hijo se haya saltado una talla y que luego vayas a otra tienda y resulte que no, que sigue con el mismo del verano. Aunque estemos seguras de que en un mes sube de número y tengamos la tentación de comprar la bamba grande poniéndole un calcetín grueso, aquí me temo que no es aconsejable, jeje
Si alguna de vosotras quiere aconsejar alguna tienda, adelante, somos todo ojos!
viernes, 12 de septiembre de 2014
¿Tenemos niños o robots?
Mi pequeño es un año más mayor. El 4 de agosto cumplió 2 años y alcanzó esa edad en la que, tal y como comenté en el post anterior, el entorno médico y pedagógico presionan para que dejen de ser bebés. Puedo entender que haya un momento a partir del cual tenemos que comenzar a cambiar hábitos pero de ahí a que de manera automática tengamos que forzar a nuestros hijos a madurar en cuanto cumplen los dichosos 24 meses por ahí no paso. Lo siento pero en casa no tengo un robot.
En seguida entenderéis el por qué de mi indignación y cuando os comente que ni los propios profesionales se ponen de acuerdo entre ellos, muchos me daréis la razón. Os comenté que este verano iniciaría la operación pañal puesto que eran deberes de obligado cumplimiento por parte de la cuidadora de mi hijo en la guardería. Por pura comodidad personal, nos mandó a todas las madres quitar el pañal. Y no hará falta que os diga que entre los 13 niños (nacidos entre junio y agosto), los había preparados, medio preparados y verdes. Mi hijo estaba entre los verdes pero claro, su maestra quería quitarse la faena de encima. Y yo decidí intentarlo. Quité el pañal durante una semana. Una semana en la que conseguí algún que otro pipi y alguna que otra caca aislada en el orinal pero la mayoría fuera de éste. El día de la fiesta de su cumpleaños, entre la emoción y la pereza de abandonar los juegos para ir al baño, tuve que limpiar de todo por todos sitios. Lo peor es que al llegar a casa, con la calma, el festival continuó. Algunas madres me aconsejaron que no me obcecara, que el crío no estaba preparado y que no había ninguna prisa. Decidí hacer marcha atrás, o sea, cometer ese pecado imperdonable aún arriesgándome a causar un trauma profundo en mi niño para toda la vida. Pues os puedo decir que ni lo confundí ni lo traumé. De hecho, ni se dio cuenta de lo que había estado intentando. Y es que era un niño inmaduro que todavía no reconocía su metabolismo.
Después de hablar recientemente con una pediatra y su maestra, el mensaje es demoledor: "A los 2 años fuera pañal. Y no esperéis que los niños os pidan el pipi. A los dos años también fuera el chupete" Pero ahora viene lo mejor porque también hablé de esto con otro pediatra y otra maestra de guardería diferentes y su mensaje fue: "A partir de los 2 años se puede quitar el pañal pero sólo cuando el niño pida pipi y caca. De lo contrario, puede que los niños cojan miedo a hacerse caca encima y acaben con grandes problemas de estreñimiento" ¿En qué quedamos? ¿Los ascendemos automáticamente a niños o podemos dejarles vivir una transición suave?
Odio las presiones y más cuando se trata de bebés. Y he visto en algunas madres agobiadas cómo el proceso, que llevaría un par semanas a cualquier niño preparado, se les está alargando casi dos meses. Esto frustra a las madres y estresa a los pequeños. Si la norma es que los niños han de comenzar el cole sin pañal y eso es a los tres años, ¿por qué presionarnos cuando apenas han soplado las dos velas del pastel?
En cuanto al chupete, puedo comprender que haya problemas en la mandíbula y que es bueno reducir la dependencia poco a poco hasta quitarlo. En mi caso, se lo dejo tener sólo para dormir y en Navidad le diremos adiós. Pero estoy convencida de que este proceso le va a costar a muchos niños que conozco. ¿Es necesario quitar pañal, chupete y biberón (esto nos lo ahorramos nosotros gracias a Dios) a la vez???
Lo peor es que expliques tus problemas a tu pediatra o maestra y te miren con cara de "Espabila porque te estás columpiando" Qué rápido olvidan algunas madres que sus hijos también fueron bebés un día y que los críos todavía no llegan con botón antilloro, antipipí y comelotodo. El caso es que he decidido hacer las cosas sin prisa respetando la evolución de mi hijo mientras intento acostumbrarle al orinal y a depender menos del chupete. Y ojala las cosas se logren por naturalidad y no por presión. A fin y al cabo, hay que ayudarles a crecer.
jueves, 24 de julio de 2014
Adiós al pañal, el reto del verano
Este verano tenemos deberes. Cuando llegan los 2 años y se acerca el calor, las instrucciones de pediatras y maestras son claras: toca quitar el pañal. Pues en mi caso, los 2 años se cumplen en pleno agosto así que todo parece indicar que es el momento. Esto es algo en lo que no reflexioné demasiado antes de ser madre. Sabía lo que suponía la guardería, los sacrificios, la educación.. pero no le di importancia al pañal. Sí veía a otras madres hablando de los pipis nocturnos y cambios de sábanas de madrugada pero no le di demasiadas vueltas. No tenía que ser tan complicado pensaba. Ahora que estoy tanteando el tema sólo encuentro una palabra que defina lo que siento: PEREZA!!!!
Llevamos varias semanas intentando que mi hijo se haga amigo del orinal, ese trasto que parece utilizar a diario en la guardería y que en casa es para él un sitio más en el que descansar e incluso sobre el cual desplazarse por casa como si fuera un patinete. Ya tengo la fregona a mano y ya sé lo que es limpiar ambos deshechos del suelo. Y, sin herir sensibilidades, la situación me recuerda a la que viví con cierta mascota gatuna que tuve que se empeñaba en desahogar la vejiga en cualquier sitio menos donde debía. Con la salvedad de que mi hijo acabará razonando y aprendiendo hábitos.
El caso es que, a indicación de la maestra del niño, debería ponerlo en el orinal cada cierto tiempo:
Maestra "Ve poniéndolo cada hora y media hasta que se acostumbre"
Yo: "Puedo intentarlo pero te digo que no se está quieto"
Maestra: "Pues tiene que estar sentadito, mamá, aquí se sienta"
Yo: "Será porque ve a todos sus compañeros sentados, pero te aseguro que para conseguirlo, ahora mismo, debería atarlo"
Maestra: "No, mujer. Pues ponte seria que aquí lo hace"
Yo (pensamientos) "A esta me la traigo una tarde a casa y a ver qué me dice"
Qué manía con comparar lo que hacen los niños en clase con lo que hacen en casa. ¿Pero no se dan cuenta de que el comportamiento es diferente? ¿No se dan cuenta de que la confianza da asco y nos torean cuando quieren? Nos vacilan, nos ponen al límite y nos hacen chantaje emocional.
Luego viene la gran amenaza, esa que te hace reflexionar sobre el pañal como si fuera el mismísimo futuro de tu familia "Una vez lo quites, no hay marcha atrás" Adiós, ahora sí que la hemos hecha buena. O sea que si decido probar suerte y quitárselo durante un fin de semana, aunque se mee y cague 25 veces encima, ya no podremos volver al Dodot. Así que no hay vida más allá... Si es que parece que estés tomando una decisión a vida o muerte!! Porque según con quién hables, te aseguran que hacerlo en el momento equivocado puede causar un trauma en el niño... O todo lo contrario, que no quitarlo cuando toca es lo que puede traumar al chiquillo. Arggggggg, no sé si acudir a un psicólogo infantil para que me convenza de que este agosto es el momento adecuado. Eso sí, después de ponerte tremendista y comentar a tus amigas el dilema que no te deja dormir, siempre hay alguna que te suelta "Anda, no te mates y que se lo quiten en la guardería!" Ahí sí te rompen los esquemas y estás por decidirlo lanzando una moneda al aire.
A un día de acabar la guarde de verano y tenerlo durante un mes enterito, el balance es de dos pipis voluntarios en el orinal. El segundo, acompañado de una caca fuera del orinal a los 5 minutos exactamente de haberlo felicitado por el espléndido pipi anterior (cosa que nos demuestra que todavía no ha captado la idea). Me he dotado ya de un pack de 6 calzoncillos y 3 bañadores de batalla. Sólo me falta una fregona para casa (la vieja será para la operación pañal) e invocar a la Santa paciencia para que me acompañe estas vacaciones. Entendéis por qué este tema da una enorme pereza.
Por lo que me han comentado, esto se puede redondear ya que algunas pediatras recomiendan quitar también el chupete a la vez. ¿Están de guasa? ¿Encima que nos vamos a deslomar lavando calzoncillos, pantalones y suelos, tenemos que aguantar momentos de histeria a la vez? Un poco de piedad. Ah, y el biberón también fuera. Este último caso no es el nuestro porque apenas ha probado biberón pero entiendo, analizándolo todo, que a los 2 años quieren convertir a nuestros bebés en niños. Y no me parece mal la idea pero creo que los cambios se asimilan mejor de uno en uno. A parte de que está en juego nuestra salud mental.
Desde luego va a ser un verano de cambios, hoy mismo hemos sustituido los barrotes de la cuna por una barrera de cama. Y es que tenemos un pequeño trepador al que le da por saltar de la cuna al cambiador y cualquier día de estos no llegaremos a tiempo y decidirá probar si llega también al suelo. Llegados a este punto, hemos optado por facilitarle el traslado y, si quiere salir de la cuna, que lo haga bajando de la cama a una distancia normal. Esto se traducirá en que nos aparecerá por el comedor unas cuantas noches. En fin, mejor eso que oír un trompazo y se nos paralice el corazón.
En el próximo post celebraremos sus 2 años!!!
domingo, 29 de junio de 2014
Se acabó P1!!
Ya os he ido contando durante estos dos años lo que pensaba de la guardería, sus pros y contras y lo convencida que estaba de apuntar a mi hijo. Acaba de terminar su primer añito y ya es todo un licenciado en P1, jeje Es hora de hacer balance de este curso, valorar su evolución y lo que ha significado para él y para nosotros.
En septiembre apuntamos a un niño que no sabía caminar todavía y que prácticamente no se había relacionado nunca con ningún niño de su edad. Era un niño evidentemente mimado y con muchas tonterías a la hora de comer. Por lo demás, nada extraño para un nene de 13 meses. En cuanto a nuestra situación, pese a que muchas voces nos advertían de todas las veces que se nos iba a poner enfermo, estábamos convencidos de que, una vez comenzara yo a trabajar, no íbamos a hipotecar las vidas de los abuelos. Pese a las buenas intenciones, irremediablemente hemos tenido que recurrir a su ayuda. Pero ha sido circunstancial y no de obligado cumplimiento diario.
Así que un 12 de septiembre lanzábamos a los leones a nuestro pequeño. El sentimiento de culpabilidad hizo acto de presencia los primeros días. El niño entraba llorando y se unía al coro de llantos de toda la clase porque el sentimiento era compartido ya que todos se estrenaban. Y cada día costaba un poco más llevarlo porque ya se conocía el edificio y se olía a dónde le llevaba ese pasillo. Pero luego llegó la confirmación de que allí se lo pasaba bien y la tontería les duraba lo que tardaban los padres en salir por la puerta. Después llegaron muchas más pistas sobre lo bien que se portaban allí dentro, a la hora de comer, recoger y colaborar con las maestras. Recordaréis que dediqué entonces un post a hablar de lo mucho que nos torean los críos en casa.
Durante estos meses lo he visto cambiar mucho. A la hora de comer solo, algo que desde luego ha aprendido en clase. A la hora de relacionarse con otros niños de su edad. (Todavía ha de aprender a compartir juegos pero verlo saltar de alegría cuando se encuentra con un compañero suyo fuera del entorno escolar no tiene precio) A la hora de hablar y cantar canciones. (Madre mía, si es que no calla!) En cuanto a la psicomotricidad también. La asignatura pendiente de este verano va a ser el orinal. En el cole lo utiliza a diario y en casa no hay manera aunque he de decir que no disponemos del tiempo que haría falta. Este verano iniciaremos operación pañal y desde luego me desahogaré por aquí porque presiento que nos va a traer de cabeza. En definitiva, no digo que todas estas cosas no las hubiera aprendido en casa pero estoy segura de que hubiera sido a otro ritmo muy diferente.
En cuanto a mi misma, he descubierto en las otras madres una relación de complicidad muy muy positiva cuando eres madre primeriza y te asaltan dudas de todo tipo, superficiales o trascendentales. Y hacemos eso que no se puede evitar, eso que va con el carnet de madre y de lo que tanto os he hablado cuando te estrenas en esta materia: comparar! Y todo cabe en esta categoría: si les han salido los mismos granitos, si duermen igual de bien, si uno come triturado y el otro a trocitos o si a uno le han quitado el pañal antes que a otro. Hay vía libre y sale natural.
En conclusión, hago un balance positivo de este primer año de guardería. Y si algunas os preguntáis si destacaría algo negativo, no os negaré que se ponen enfermos. Sí, definitivamente sí. Pero pensar en ello es una tontería porque no hay dos niños iguales y no hay una regla absoluta. Por otro lado, algo que estoy notando en una semana que lleva sin ir a la guardería es que se ha desatado, está descontrolado y se ha vuelto muy tozudo. ¿Será la falta de orden? ¿Qué no nos imponemos lo suficiente? ¿Es la crisis de los 2 años? ¿Es que los niños son siempre más nerviosos? No tengo la respuesta pero lanzo un S.O S.
Mañana comienza el casal de verano. Esperemos que el sol no caliente más los nervios!
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