viernes, 13 de diciembre de 2013
Aprendiendo rápido
Siento tener esto tan parado las últimas semanas pero me faltan horas para hacer todo lo que querría. Y lo hemos tenido algo enfermo otra vez. No voy a volver a hablar de la guardería y sus omnipresentes virus, sólo voy a pedir que se cumpla esa teoría con la que me consuelan muchas: que toda la fiebre que está pasando ahora lo convertirá en un niño más fuerte con defensas de hierro. Tiene que haber compensación por algún lado!! Pero no anda sobre bronquitis ni otitis el post de hoy sino de que me he dado cuenta de que en el último mes mi hijo ha cambiado. Sí, ese bebito que aprendía a caminar y a llevar cositas de una habitación a otra, ese renacuajo al que se le pasaban las horas jugando con las pinzas de la ropa, ese mismo está aprendiendo a una velocidad impresionante.
Como buena novata que soy en esto de ser madre, no sabía cuando ni cómo me daría cuenta por ejemplo de que mi hijo entiende lo que le digo. Que lo de repetir "mama", "papa" y "guau guau" lo tuvo claro desde prontito, eso estaba claro. Pero resulta que ya comprende cuando le decimos que coja algo y lo ponga en su sitio, que se lo lleve a su abuelo, que nos de la manita, que toca dormir o tomar la medicina, y así un largo etcétera. Pensadlo un momento. Pasar de hacerlo todo tú automáticamente con él a decirle que haga algo solo y este lo haga es un paso adelante que, sinceramente, cuando lo ves por primera vez te deja con la boca abierta. Por ejemplo con los juegos: Esa piececita que nunca entraba por el agujero correspondiente, la mete bien! Las figuritas de madera que forman un marco ahora las encaja a la primera en su sitio correcto. Apila los cubiletes uno encima del otro. Y qué decir que cuando llega cualquiera a casa y lo agarra de la mano hasta su habitación, enciende la luz y lo sienta a jugar con él. Es entonces cuando pienso "Espera, esto, ¿desde cuando narices lo hace? ¿¿Tan rápidamente me pasa su vida que ni me entero?? A las madres veteranas os parecerá muy normal tratándose de un niño de 16 meses. Igual hasta alguna cree que esto muchos lo hacen antes, no tengo la menor idea. Pero estoy segura de que cuando os fuisteis dando cuenta de lo que aprendían vuestros hijos, os emocionasteis igual.
Puedes calcular cuando tu hijo aprenderá a leer, a pintar o a sumar 2 + 2. La guardería y el colegio te guían de alguna manera. Pero los instintos básicos aparecen sin avisar. Y cuando crees que sigues hablando "sola", un día repite contigo "caca". Y enseguida piensas "Primer paso para la operación pañal conseguido. Sabemos decir la mitad de la información básica!! Ahora vamos a por el pipí! También te parece que ha llegado el momento de cuidar el lenguaje al máximo delante de él y de no criticar nuuunca a nadie conocido en su presencia. Vale, quizás esto sea para más adelante, pero no hay que olvidarlo, jeje. El caso es que te motivas y te da por enseñarle los colores en inglés mientras le cambias el pañal, que el tiempo es oro.
Y si el niño ha aprendido a jugar con más sentido y a señalarse la nariz, orejas, cabeza, boca, manitas y ombligo (quién no ha gravado a su hijo realizando esta clase básica de anatomía??), también ha aprendido a expresar algo que nos sacará de quicio hasta el extremo. Me refiero al temido y odiado "NO". ¿Por qué antes del sí aprenden el no? ¿Por qué sabes que cuando gira la cabeza con ese ímpetu ya no hay nada que hacer? El caso es que saben perfectamente lo que quieren y cómo conseguirlo. Y esta es una etapa difícil porque los razonamientos y castigos pueden resultar muy poco efectivos al no tener un feedback que confirme que entiende lo que le dices. A saber cómo razonan en su interior todo aquello que viven. Es un misterio... Pero la verdad es que si ellos aprenden, nosotros también lo hacemos. Aprendemos a relacionarnos con ellos, a entenderlos, ayudarlos y a mostrarles que estamos ahí, siempre, acompañándolos en cada paso, incondicionalmente.
Antes de acabar este post, quería hacer una mini reflexión que sé que nos pone un escenario muy, muy lejano a las que somos madres de niños tan pequeños. Cuando veo Hermano Mayor, el momento que más me entristece es cuando veo a los padres mostrando imágenes de sus hijos conflictivos cuando apenas eran unos bebés. Todos nacen siendo criaturas inocentes, inofensivas, tiernas, pura bondad... Quiero pensar que cuando nacen colman de felicidad a unos padres que tienen mil planes para ellos. Planes que seguro pasan por estudiar y llegar a ser personas independientes con un buen trabajo. Pero lo que nos enseñan en el programa (y me consta que son casos reales) son unos chavales violentos y en muchos casos enganchados a las drogas. Me da mucha tristeza pensar que esos chicos fueron bebés como los nuestros y que luego se transformaron. Algunos por culpa de las circunstancias de la vida, otros porque no recibieron la atención que necesitaban por parte de su familia. Pero ninguno estaba marcado al nacer. Todos tenían la oportunidad de escoger otro camino. Porque el tener dinero o no tenerlo no determina que una persona sea buena o mala. La conclusión a la que llego es que tenemos una responsabilidad enorme y que por muchos baches que puedan aparecer en nuestra vida, no hay excusa que valga para dejar de guiar a nuestros hijos. Y la educación es una carrera de fondo, vaya si lo es.
Y como la Carbonero en su criticado post, voy a cambiar radicalmente de tema en mi despedida ;-) En mi próxima entrada, el tema es obligado, la Navidaaaaad!! Este año, nuestro peque todavía no pide nada a los Reyes. Así que volvemos a escoger nosotros por él. No hace falta que os diga que me conformo con que el tamaño de los regalos no supere las dimensiones de nuestro pequeño piso. Que ya hemos perdido un carril de circulación en el pasillo y ni tan siquiera está de camino Papa Noel todavía... Hasta la próxima!!
martes, 26 de noviembre de 2013
Amargando la dulce espera
El fin de semana pasado, charlando con una chica embarazada de diez meses y primeriza, me di cuenta de que, una vez convertidas en madres, nos empeñamos en resaltar todo lo "malo" que conlleva estrenarse en el mundo de los bebés. Y es cierto, nos centramos en explicar lo duro que es obviando la otra cara de la moneda, que tener un bebé es lo mejor que nos ha pasado nunca. Cuando esta chica me decía que ella y su marido estaban cansados de escuchar que el primer año es terrible y que nadie les cuenta lo bueno, me sentí mal. No creo haberla asustado cuando charlé con ella de la maternidad porque me centré más en su embarazo que en mi hijo pero seguro que en más de una ocasión habré pecado de "quejica".
Antes de quedarme embarazada solía hablar de las ganas de tener un bebé con mi cuñada que también lo buscaba desde hacía un tiempo. Y mientras nos imaginábamos nuestro embarazo, criticábamos a todas aquellas que "lloraban" y nos soltaban los topicazos "Aprovecha ahora, que luego no tienes tiempo de nada" o "Es agotador no dormir, no sabes lo bien que vives". No comprendíamos cómo alguien que vivía algo tan emocionante podía sólo quejarse y quejarse. Creíamos simplemente que algunas no valoraban lo que tenían. Tal vez no fuera así, seguro que todas lo valoran pero por alguna razón tienen que resaltar sus desventuras. Y ahora me pregunto si no estaré haciendo yo lo mismo...
De alguna manera, entiendo esa tendencia a sacar primero lo duro, lo cansado y lo difícil de sacar adelante un bebé. Porque no es ninguna exageración decir que el primer año es el más duro. Por la adaptación a una nueva vida, el aprender a cuidar de un bebé, el lidiar con la responsabilidad que conlleva hacerlo bien, el enfrentarnos a sus primeras enfermedades y el conciliar la maternidad con el trabajo. Estos son sólo algunos de los retos que nos llegan desde que salimos del hospital y supongo que necesitamos compartirlo. Pero si bien estoy de acuerdo con ello, también entiendo que no es lo que una mujer embarazada espera escuchar. No digo que todas pre-mamás novatas sean una inocentonas soñadoras pero no saben realmente lo que les espera. Ahora bien, ¿es necesario estropearles la dulce espera? ¿Por qué no contarles que van a llorar de emoción al ver la cara de su hijo por primera vez, que les va a parecer la cosita más preciosa del mundo, que van a ver su vida completa y, sobre todo, que les valdrá la pena cada sacrificio que esto conlleve? Porque no he conocido todavía a ninguna madre arrepentida, os lo aseguro.
Creo que tenemos tiempo de sobras para compartir nuestras peripecias con otras madres y hacer de madres consejeras como he explicado en viejos posts. No es necesario recordarle a una chica que está de 11 meses que no va a dormir en mucho tiempo porque seguramente ya se esté levantando cada tres horas por las noches para hacer pis. Ni que se olvide de ir al cine. ¿No será que de lo que realmente tiene ganas es de ir arriba y abajo con su cochecito? Y qué decir de hablar de partos duros y traumáticos cuando delante tienes a una embarazada a punto de salir de cuentas. ¿Queremos traumatizarla antes de tiempo?
En resumen, si a la dulce espera se la llama así será por algo. Y si pese a lo duro que resulta todo repetimos, será porque nos hace inmensamente felices .
domingo, 17 de noviembre de 2013
Está claro, nos vacilan
El lunes fui a una reunión en la guardería porque querían explicarnos todo lo que hacen durante un día normal. Me moría de ganas por ir y que me contaran. También por ver su clase ya que por las mañanas, cuando lo dejo, no paso de la puerta. Cuando pueden entrar los padres es al recogerlo, a las 17h, imposible para mi puesto que a esa hora acabo de trabajar. Ver los dibujitos de sus manos en murales, sus nombres, los juguetes, las sillitas.. Todas esas cursiladas que hacen gracia en el primer año. Y es que pagaría por poder quedarme en un rinconcito espiando aunque sólo fuera por un día. Pues bien, he de decir que lo que nos explicaron fue revelador a la vez que inesperado...
La descripción comenzó con el buenos días al entrar en clase, el rincón de las canciones, los juegos heurísticos, las pinturas, el patio con su arenal, etc. Nada especialmente novedoso. Pero luego llegó la sorpresa porque, según las maestras, nuestros niños (todos de un año y poco más) ayudan a recoger, comen solitos, comen trozos (esto me llegó al alma), cogen la comida con los cubiertos, beben en vaso, tiran sus pañales a la papelera y se lavan las manos. Las caras de los padres allí presentes eran un poema porque nadie, absolutamente nadie, tenía ni idea de que los críos habían aprendido a hacer todo eso. Sencillamente porque en casa no lo hacen. ¡Y no porque no lo intentemos! Me puse rápidamente a procesar esa cantidad de información nueva y priorizar una aclaración. Los trocitos. ¿Qué mi hijo se come un bistec a trocitos? ¿Con cinco dientes y medio? Pues resulta que sí, pero gracias a que tienen un artilugio medio tijera, medio tenedor(porque eso es lo que parece a simple vista) que corta la carne a virutas. Pasé por alto que no me acabo de creer que una viruta como esa sea capaz un crío de 15 meses de pincharla con un tenedor que apenas puede coger del derecho. Así que me perdí en el anonadamiento que me producía la imagen de que mi hijo coma trozos de carne.
La frase "En casa no lo hace" fue la más pronunciada por los padres de las criaturas. A parte de que allí se lo comen to-do y comen de to-do. Menos la fruta que cuesta un poco más. Menos maaaaal porque ya estaba a punto de investigar si me había equivocado de clase. Por lo menos sentí el consuelo de que no debo hacerlo tan mal cuando a todos los padres nos sucedía lo mismo. Si llego a ser la única madre a la que el niño le vacila, hubiera agachado la cabeza y me hubiera callado, por supuesto. Pero no debo ser tan rara. Porque la única conclusión posible de todo ello es que LOS NIÑOS NOS VACILAN. Sí. Clarísimamente. Sin ninguna duda. A no ser que en clase se comporten como un ejército, los niños suelen marranear con la comida, la cogen con las manos, la escupen, la tiran al suelo y si cierran la compuerta por ahí no pasa ni medio spaguetti. ¿Por qué en la guardería sí y en casa cuesta tanto? Deduzco que el motivo es el efecto imitación al ver al resto de compañeros hacer lo mismo. De acuerdo, lo comprendo. Pero ¿cómo soluciono eso en casa? Poco a poco vamos acostumbrándonos a comer los tres juntos y ciertamente es un filón que nos vea comer porque eso lo anima a probar nuestra comida. Aún y así, lo del tenedor sigo sin verlo claro. Y marranear, marranea lo suyo.
Luego está lo de la disciplina. En la guardería no tiran las cosas porque saben que luego las han de poner en su sitio y ayudan a recoger todos los juguetes. Esto lo pusimos en práctica nada más llegar a casa. Y es verdad, le hicimos meter cuatro cosas en el baúl y él lo hizo. Qué mono... Si no fuera porque a los cinco minutos ya deshacía por otro lado y la liaba en otro rincón de la casa. Cuando nos dijeron que se lavaban las manos ya aluciné "¿¿¿¿Solos????" Pero me respondieron "Noooooo, mujer, ¿¿¿cómo lo van a hacer solos???". Pues no veo la sorpresa con mi pregunta si me estáis pintando a un niño autosuficiente al que sólo le faltaba hacerse la cama.
Al despedirnos, escuché a algunas madres que decían que estaban por llevarlo también en fin de semana. Otras le iban a decir al niño al llegar que fuera preparando la cena para los tres. Y creo que el resto estaba por contratar a las maestras a tiempo parcial. Yo sólo tenía una idea en la cabeza "Hola, soy una madre novata y mi hijo de 15 meses YA me torea. ¿¿Qué hará cuando tenga 15 años??"
Estas reuniones se tendrían que revisar porque realmente te vas con un regusto extraño. Por un lado estás muy satisfecha con la elección de la guardería porque compruebas que el niño adquiere una disciplina y aprende muchísimo pero por el otro te sientes impotente al ver que eso no se traslada tan rápidamente a casa. Las maestras dicen que ellas dedican ocho horas exclusivamente a estar por los niños y que nosotros no podemos. Y en eso tienen toda la razón. Supongo que nos creamos una falsa expectativa al pensar que si allí comen genial, en casa se zamparán automáticamente todo lo que les pongamos delante. Y que si allí cuidan de las cosas, en casa no darán golpetazos a los juguetes, marcos de fotos, velas, mandos, etc
En conclusión, sí, hay un componente de vacile pero también es cierto que los niños no se comportan igual si están en clase, con los abuelos o con los padres. Y que no podemos delegar tooodo el trabajo en las maestras porque la enseñanza continúa en casa. Por eso sigo vigilando. Que no me fío del tenedor...
lunes, 11 de noviembre de 2013
Pediatras
Casi todas las madres que conozco dicen estar contentas con su pediatra. Conectan, hay una comunicación ágil y resuelve cualquier duda o consulta. Es importantísimo dar con un buen pediatra puesto que se convertirá en un facultativo casi omnipresente en los primeros años de vida de nuestros hijos. Aún recuerdo al mío. Un tipo serio pero enorme en lo suyo y, además, creo que me debió visitar hasta cerca de los 18 años. Pero puede ocurrir que nos topemos con un o una pediatra con la que no haya ese feeling o que tenga una metodología muy particular.
Os pongo en antecedentes. Mi hijo iba para dos meses con tos, sobre todo nocturna y esta lo hacía despertar a media noche irritable, nervioso, congestionado... Probábamos de todo: humidificador, suero para la nariz, Dalsy, brazos, nuestra cama, etc Algún que otro día cogió fiebre y lo llevamos de urgencias. Poca cosa nos decían para salir del paso. Paracetamol si le subía la fiebre, muchos lavados nasales y que durmiera un poco elevado. En cuanto podíamos lo llevábamos a su pediatra y, como en muchas otras ocasiones, el diagnóstico era el virus de turno con lo cual poco se podía hacer ya que tocaba esperar que el proceso siguiera su curso.
El colmo llegó el pasado martes cuando la profesora de la guardería nos advirtió que se había pasado el día tosiendo y le costaba respirar. Nos hicieron un hueco de urgencias con su pediatra y, tras tres horas de espera, nos dijeron que tenía un fuerte constipado y que mientras fuera a la guarde lo íbamos a tener así, por lo menos hasta junio. Tres días después con sus tres noches en vela levantándonos cuatro y cinco veces decidimos buscar una segunda opinión con su pediatra de Mútua, en la otra punta de la ciudad. Sólo hicieron falta diez minutos para dar con un diagnóstico contundente: una clara bronquitis y doble medicación. Lleva tres días de tratamiento y ha dejado de toser, duerme perfectamente, come, juega, está de buen humor y vuelve a la guardería. No hago más que pensar en los dos meses que lo hemos dejado sufrir y toser sin parar.
Realmente, pese al mosqueo que me produce la pérdida de tiempo, este episodio no ha tenido mayor importancia pero me ha dado en qué pensar. Y es que cosas parecidas han ido pasando durante este año cuando hemos ido a la consulta de su pediatra en el CAP. Son reacios a dar antibiótico y muy partidarios a dejar que los procesos sigan su curso por si mismos. No soy médico y no voy a hacer de ello en este Blog pero creo que es de sentido común que cuando un resfriado, una tos o una fiebre por ejemplo no amansa en varios días o semanas (no digamos un mes), hay que atacar de manera más contundente, para evitar males mayores y sufrimientos innecesarios. Pero de la misma manera que critico la falta de reacción criticaría la ligereza dando tratamientos precipitados si es lo que hubiera vivido.
No me gustaría que este post pareciera una crítica a este sector ni una diferenciación entre los de Seguridad Social y los de pago porque buenos y malos profesionales hay en todos sitios. Confío ciegamente en los pediatras y, es más, pagaría por tener línea directa y poder consultar cientos de cosas cuando me asaltan las dudas. Tan sólo me ha parecido un episodio curioso para explicar.
Otra cosa que he comprobado en mis propias carnes es la facilidad con la que se propagan los virus y se traspasan de niños a adultos. Mi peque ya me ha contagiado anginas y gastroenteritis. Con la diferencia de que ellos lo pasan y no pierden las ganas de jugar y nosotros tenemos que aislarnos del mundo en la cama.
En conclusión, una vez más debemos guiarnos por nuestra intuición, también para elegir médico o pediatra. Desde luego, debemos sentir la mayor de las confianzas ya que ponemos en sus manos nuestro mayor tesoro. Y por qué no, repetirnos que es cuestión de tiempo que se inmunicen, que el primer año de guardería es así, todos han pasado por lo mismo. Pero sólo pensar que el frío apenas ha comenzado... Brrrr
jueves, 31 de octubre de 2013
Con el primero, todo se guarda
Mi hijo está a punto de cumplir 15 meses, tiempo suficiente como para darme cuenta de que este ritmo de acumulación de ropa y trastos es imposible de aguantar. Primero porque la casa no es de goma, segundo porque, con la edad, he aprendido a amar el orden como nunca pensé que lo haría siendo adolescente. Pues bien, he llegado a la conclusión de que, o alquilo un trastero Bluespace o cambiaos de piso. Lo primero da rabia y lo segundo es ahora mismo inviable. ¿Solución? Aún no la he encontrado.
No me hago a la idea de cómo nos las apañaríamos si,
guardando lo que guardamos, aún tuviéramos que hacer sitio para las cosas que
en su día nos dejaron como el moisés, la hamaca, el parque hinchable, etc, etc.
Esos trastos fueron devueltos en cuanto el niño dejó de utilizarlos. Por el
contrario, todo lo demás lo hemos tenido que guardar. El primer cochecito con
sus tres sillitas ha ido a parar al trastero de mis padres. Para los juguetes
que ya no usa tenemos el armario del crío y algún que otro cajón. Para los
juguetes actuales compré un baúl que a duras penas cierra ya. La ropa que se ha
ido quedando pequeña está en cajas de plástico encima del armario. Y ya no cabe
ni una más con lo cual se amontona más ropa en el armario. ¿Darla? ¿Tirarla?
Imposible. Si hay planes para tener un segundo bebé, ¿cómo vamos a tirar ropa
que está nueva? Y lo mismo pasa con los juguetes. Exceptuando los que tortura
durante la comida (a los que no acercaría un microscopio por miedo a ver vida en ellos), no se tiran de ninguna
manera. Así que esto es una acumulación constante de cosas y más cosas. Y ¿qué
me decís de la fantástica bañera con patas? Otro trasto que irá a parar al
trastero de los abuelos sí o sí. ¿Y la babycook que tan sólo usamos una vez? ¿Y
el andador? ¿Quién tiraría todo esto sabiendo que en un par de años habrá otro
bebé en casa?
El caso es que la cosa no queda aquí. Estamos a dos meses de
Navidad y vienen los Reyes Magos. Y no nos traen una habitación extra, no, nos
traen menos metros cuadrados de espacio vital. Está al caer el escritorio y su
sillita a juego para que comience a pintar. Inmediatamente después llegará la
pizarra. Luego el scalextric de Pocoyó. Tiemblo con el día en que pida la
guitarra o batería de turno que ya ha visto en casas de otros amiguitos. Y así suma y sigue. ¿Cómo lo hacen el resto de
madres? ¿Cuál es vuestro truco? ¿Existe algún método para encoger todos los
trastos? ¿Los alquiláis durante unos meses y los recuperáis después?
No puedo decir que no lo viera venir, que pasaría esto tarde
o temprano. Y ahora toca apechugar. Al segundo le tocará heredar mucha segunda
mano. Y si protesta, le recordaremos los esfuerzos apretujándonos en casa. O
eso, o que se coordine con algún amigo para pedir cada uno un cachibache diferente
a papa Noel y que se lo intercambien cada semana. Si es que la
necesidad hace que nos las ingeniemos, no me digáis que no.
sábado, 19 de octubre de 2013
La soledad de la maternidad
He leído muchos, muchos artículos y posts acerca de este tema, la soledad que invade a las madres. Un momento de sus vidas en el que deberían estar radiantes de felicidad pero se sienten apartadas, incomprendidas, solas... Es un sentimiento mucho más común de lo que nos imaginamos y no tiene por qué estar relacionado únicamente con la conocida depresión post parto ya que muchas madres con hasta tres hijos se sienten así. Y a veces, este dolor moral es mucho peor que el agotamiento físico. ¿Se puede salir de esta trampa? Sí, y en comunidades virtuales es donde estas madres han encontrado comprensión y consuelo.
Os lo expliqué en este Blog, los primeros meses tras dar a luz fueron muy muy duros para mí ya que es cuando te das de bruces con una nueva vida. Te vas hacia el hospital como un tipo de mujer y vuelves a casa con un papel completamente diferente. No puedes decidir nada de forma independiente ya que tienes una cosita que depende las 24 horas de ti. Dicho de otra manera, pierdes totalmente la libertad. Y piensas: "¡Pero si esto es lo que más deseaba en la vida! ¿Por qué me siento así?"
Pasados los meses, aunque el bebé ya no dependa de tu pecho, sigues siendo la figura más responsable en muchos otros sentidos. Tal vez no haya sentido esa gran soledad de la que hablan las mujeres a las que he leído. Sea porque a mi alrededor sí hay muchas madres, porque tengo una pareja que pasa muchas horas con nosotros o porque también tengo una familia que ayuda todo lo que puede. Pero sí me noto incomprendida en muchas ocasiones. A veces estamos de mal humor, y con razón, cansadas y con razón, hartas de todo, y con razón... Y aunque parezca obvio lo que nos pasa, parece que nuestro entorno no se da cuenta. En un post reciente hablaba de tener vías de escape para desconectar. Eso está muy bien pero al día siguiente, a partir de las 7:30h, volverá a girar la rueda exactamente igual. Estábamos avisadas, os lo comenté hace unos días, pero como siempre sucede, hasta que no lo vivimos en nuestras carnes, no sabemos realmente cómo es.
Muchas de estas madres de las que os hablo están realmente solas. Dan paseos sin rumbo con sus bebés, vuelven a casa sin haber hablado con nadie, se recluyen entre cuatro paredes en invierno y no tienen a nadie con quién desahogarse. Ya no encajan entre sus amigas, están en otra dimensión. Por eso ha crecido de manera espectacular el círculo de mamás en Internet. Se hacen llamar Tribu 2.0, una comunidad realmente grande en la que han encontrado una vía de escape y donde han creado vínculos muy fuertes. Porque no nos engañemos, si el 90% de nuestras preocupaciones están relacionadas con nuestros hijos, necesitamos compartirlo con alguien que conecte con nosotras.
A parte de la soledad, hay otras sombras unidas a la maternidad. Hay mujeres a las que tener un hijo les sobrepasa. Sienten que no están a la altura, dudan de si lo están haciendo bien y creen que el papel de madre les viene grande. Imagino que estas inseguridades son naturales cuando estrenas este papel. Sabes que tienes una vida a tu cargo, has leído mucho acerca de ello pero no lo has practicado nunca. y son tantas las cosas que debes aprender. Es lógico que nos aterrorice hacerlo mal. Y es que es una gran verdad eso de que estamos aprendiendo todos a la vez, el bebé y los padres. Lo peor es que no puedes darle al "Pause" para respirar, descansar y estudiarte de nuevo la lección. Todo nos desborda y las dudas se multiplican por minutos mientras el bebé llora y llora. Se juntan tantas sensaciones y nos invaden tantos nervios que nos sentimos inútiles.
Parece que esto es más complicado ahora de lo que lo era décadas atrás. Tal vez porque las madres eran madres y punto. Ahora las madres multiplican sus roles y quieren llegar a todo: trabajan, mantienen viva la llama con sus parejas, cuidan de sus amistades, hacen deporte e intentan estar siempre favorecedoras. El no llegar a todo causa frustración, agota y estresa. El problema radica en que nos auto exigimos demasiado y debemos aprender que si no llegamos a todo, no llegamos y punto. Porque mientras a diario intentamos tener a punto la casa, la comida y ponemos la lavadora nos perdemos ese ratito que tenemos para jugar con nuestros hijos. Y para cuando está todo acabado, el niño ha cenado y se va a dormir.
Supongo que cuando los hijos crezcan y no requieran de nuestra atención minuto a minuto, todo será más fácil. No estaremos pendientes de que se caiga, de preparar su comida especial ni se pondrá enfermo cada dos por tres. ¿Y qué pasa cuando llegamos a este punto? ¿Todo mejora? ¿Nuestra vida cambia nuevamente? ¿Enterramos fantasmas? A veces sí y otras... ¡llega el segundo y vuelta a comenzar! Si es que somos masocas ;-)
lunes, 7 de octubre de 2013
Estábamos avisadas
En el mundo de la maternidad hay muchos tópicos pero también
verdades como puños. Hay advertencias que se repiten y se repiten y, en estos
casos, la voz de la experiencia es algo
tener muy en cuenta. Algunos de los avisos nos los apuntamos, otros los dejamos
en la recámara y muchos directamente los ignoramos porque creemos que no es para tanto o que a lo mejor no nos ocurre. El caso es que el tiempo da la razón a muchas de
esas madres que nos avanzaban cosas que iban a suceder. Lo estoy viviendo en
mis propias carnes y también lo he comenzado a observar en otras madres que me
rodean. Os voy a numerar algunas de esas cosas que casi siempre nos acaban
sucediendo:
1.- Comenzar la guardería equivale a tener a tu hijo enfermo
más de la mitad del tiempo
Lo sabéis, mi hijo no lleva ni un mes de guardería. Pues
bien, la semana pasada sólo la pisó un día, un miserable día. Lleva diez días
con tos, despertándose de madrugada y cargadito de mocos. Sabía que podía
suceder, sabía que iba a suceder, que iba a enganchar de todo. Pero no
imaginaba que iba a cazar el primer virus que entrara por la puerta. Y sobre
todo, no me esperaba que le fuera a coger tanto cariño. Por supuesto, es una
situación generalizada en todas las clases de P1. Esto es entrar por la puerta
grande, sí señor.
2.- Tendrás muchas ganas de que camine y luego echarás de
menos cuando no lo hacía
La verdad es que todavía no camina solo pero con su andador
llega dónde le da la gana. Y sí, es un mareo constante ir detrás suyo porque
intenta meterse por los huecos más difíciles e inaccesibles. El pasillo debe
parecerle aburrido y monótono. Lo reconozco, todo era mucho más sencillo cuando
no salía de su alfombrita. Ahora huele el peligro y le atrae la exploración.
Por suerte, el andador hace que sea bastante ruidoso y eso me da pistas de por
dónde camina. Ay, cuando vaya suelto… voy a ver dónde consigo una chichonera.
3.- Tener hijos es caro muuuy caro
Qué lejos quedaron los gastos de dos: gimnasio, estudios complementarios,
hipoteca, cenas, viajes… Ahora tienes guardería, mútua para tres, piscina
para el peque, inglés para el peque y una tarjeta oro en tu farmacia.
Efectivamente, comprendes que el ritmo de vida de las familias es otro y la
administración es otra. Los planes de futuro también son otros y pasan
indudablemente por la calculadora.
4.- Con los segundos, llegan los celos
Esto obviamente no lo he vivido todavía en primera persona
pero lo anoto como apunte de futuro porque lo estoy viendo en amigos. Los
hermanos mayores necesitan un periodo de adaptación cuando llega un hermanito.
Esto es así. Si no se rebelan al principio, lo harán después con pequeños
detalles. Hasta el momento han sido ellos los protagonistas, los que se
llevaban todas las atenciones pero ahora deben aprender a compartir y a entender
que hay una personita que se lleva todos los mimos en este momento.
¿Resultado? Agotamiento extremo para los padres hasta que la situación se
encarrila y se logra una convivencia feliz.
Por supuesto, esto no es una ciencia exacta pero hay situaciones
clásicas, de libro, que nos llegan a todas. Unas son pura anécdota y otras
requieren de grandes dosis de paciencia para que no nos agobien en exceso. Pero
hace gracia ver cómo llegamos a ciertas “bases” en esta carrera de la
maternidad. Porque esto es como una carrera y cada etapa es una base que
debemos alcanzar y superar. Y aunque a veces haya ganas de lanzar el bate y
volver al banquillo, no podemos!! Al fin y al cabo, este es el partido que toda
la vida estábamos esperando jugar, no? ;-)
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