lunes, 12 de mayo de 2014

First Aid Kids



Hoy me voy a poner seria porque me gustaría hablaros de algo que no sólo considero útil sino también necesario y hasta me atrevería a decir que de obligado conocimiento. No me considero una obsesiva de la seguridad pero la verdad es que hay muchos peligros alrededor de los niños. Su inconciencia les hace jugar con cosas con las que se pueden quemar y cortar. Se pueden caer de mil sitios y dar golpes serios en la cabeza. En verano no se puede bajar la guardia ni un instante en el mar y la piscina. Y hay febradas ante las cuales no sabemos qué hacer. Por no hablar de intoxicaciones y hemorragias. Es muy fácil que nos paralice el pánico y no sepamos cómo actuar. Pues sabed que hay situaciones en las que nuestra reacción puede marcar la diferencia entre salvar a nuestro hijo o no. Y hay que estar preparadas.

Hay accidentes comunes y situaciones que nos dan margen para valorar, tirar de Dalsy y esperar para ver si hay que ir de urgencias o no. Pero existen otras más serias, otras que ocurren muy de vez en cuando y que a lo mejor, afortunadamente, nunca tendremos que afrontar. Aún así, no está de más conocer lo que podemos hacer dentro de nuestras posibilidades.

Buscando por Internet, hace unos meses encontramos la página de First Aid Kids, http://www.firstaidkids.es/, creada por un grupo de amigos y profesionales del sector médico dedicados a impartir cursos de primeros auxilios para bebés y niños. Varios de los componentes de este grupo trabajan en el 112. Nos explicaban lo importante que es para ellos mismos que los padres sepan cómo reaccionar en según qué casos. Y es que un simple atragantamiento con un trozo de fruta o una pieza de juguete puede causar ahogamiento y, por muy rápido que se desplace una unidad de emergencias, puede ser demasiado tarde para la criatura. Lo mismo que una caída accidental en la piscina. Los del 112 nos explicaban que se sentían frustrados al ver que los padres se paralizaban  esperando su llegada o a veces salían corriendo a por el coche en vez de practicar una sencilla maniobra para expulsar el objeto que se habían tragado y el posterior Soporte Vital Básico para conseguir que volviera a respirar su hijo. Son movimientos que hemos visto mil veces en televisión y muy efectivos si se realizan correctamente. Es normal que el miedo nos paralice sólo de pensarlo pero estoy segura de que haríamos lo que hiciera falta si nuestro hijo se ahogara o perdiera el conocimiento.

En este curso nos explicaron que luchan por concienciar a las escuelas y guarderías de lo importante que es que los monitores y maestros sepan toda esta teoría. Incluso llegaron a ofrecer las tres horas de curso de manera gratuíta en una escuela. Pero los maestros no tenían tiempo... Me marché de allí pensando en las maestras responsables de la vida de mi hijo ocho horas diarias. ¿Sabrían cómo reaccionar si mi pequeño se atragantara? Pasaron por mi mente algunos tristes casos que había leído recientemente en la prensa. Casos que me pusieron los pelos de punta y me indignaron. Y pensé que no tener estos conocimientos teniendo al cuidado niños de esta edad debería ser motivo suficiente de despido.

Os animo a que os informéis y leáis toda la información práctica que ofrecen en este curso. Explican cualquier situación de la vida diaria en la que se dan golpes, se abren heridas, sufren picaduras, mordeduras, intoxicaciones... ¿Qué tenemos que hacer? Y también, ¿Qué es lo que NO tenemos que hacer? Os sorprendería la cantidad de cosas que hacemos mal aplicando ese remedio casero de toda la vida.

Nos marchamos del curso contentos por haber aprendido, por saber que nuestro pequeño está un poco más seguro con nosotros. No somos médicos ni lo seremos nunca pero creed que con muy poquito podemos salvar una vida.



lunes, 21 de abril de 2014

El mejor momento para ir a por el segundo... ¿existe?


El año pasado os comentaba que tener el segundo niño era cuestión de querer, de animarse y lanzarse al agua. Continúo pensando lo mismo aunque soy más consciente de hasta qué punto precisa de una profunda mentalización y gran sacrificio. Gran parte de mi entorno de mamis está metido de lleno en la operación "dúo". Y no os miento si os digo que la situación de verse con dos ha puesto a prueba a estas parejas. Creemos que cuando tenemos controlado a un hijo ya sabemos de qué va la película, que con el segundo estará todo más encarrilado. No puedo hablar por experiencia propia pero la cosa es mucho más dura de lo que parece. Y no pretendo asustaros, nada más lejos de mi intención, porque también os diré que ninguna de estas parejas desesperadas daría un paso atrás.

¿Y cuando es el mejor momento para tener el segundo hijo? ¿Han de llevarse poco? ¿O es mejor esperar a que el primero sea suficientemente autónomo? ¿Laboralmente es posible encontrar el momento más seguro? La mayoría de veces, lo que aprieta es la edad de la mujer y lo que tira atrás es la situación económica. Hay padres que se guían por la practicidad y tienen muy claro que prefieren vivir los primeros años de sus hijos a la vez en lugar de acabar con un pañal y a los pocos años comenzar de nuevo con otro. O no compaginar guardería y colegio durante muchos años porque lo más cómodo es hacer un único viaje cada mañana con los dos niños. Y es que ya se sabe que como la guardería esté en una zona y el colegio del mayor en la otra punta, las malabares para llevarlos y recogerlos cada día pueden ser de aúpa.

Pero como digo, hoy en día aprieta mucho la edad y no es como antes que los hijos se podían llevar 5 o incluso 10 años como me llevo yo con mi hermano. Si el primero lo tenían con 23 años, podían esperar perfectamente hasta la treintena para tener el segundo. Hoy tenemos el primero cuando en antaño tenían el segundo o el tercero. Lo de tener tres en la actualidad está reservado para las celebrities y los valientes. Retomando el hilo, hoy nos aprieta el reloj biológico. Tener un hijo cansa y se nos nota en la cara. Lo de no dormir del tirón más que de vez en cuando durante los primeros años pasa factura. Y te das cuenta de que te haces mayor cuando comparas las cinco horas que duermes ahora con las cinco que dormías con 20 años y llegas a la conclusión de que es mucho peor la resaca infantil que la alcohólica.

Tener el segundo es volver a empezar con todo pero con menos inseguridades que antes. Por lo menos, con menos carreras a urgencias. Pero a parte de los aspectos "pesados", también significa revivir cosas preciosas como el embarazo, las ecografías, la primera vez que le ves la carita, cuando se duerme en tu pecho... Y no nos engañemos, hace ilusión darle un hermano al mayor. Lo de la etapa de los celos y pérdida del trono ya es harina de otro costal y algo de lo que hablaré cuando lo viva.

Admito que ya estamos pensando en el segundo. Dicen que con el segundo no hay tanta ansiedad como la primera vez porque ya tienes uno. Pues reconozco que estoy tan ilusionada o más que la primera vez pero algo más asustada porque sé lo que conlleva y no tengo ni idea de cómo nos organizaremos ya que somos las mismas manos, los mismos abuelos y habrá una personita extra a parte del trasto que ya reina en la casa. Eso sí, en el horizonte atisbo un piso con una habitación extra ;-)

En definitiva, creo que no existe un "mejor momento" pero sí sientes cuando es el momento. Y aunque puede ser una locura, siempre será una locura maravillosa a la que todos sobreviven.

Y ahora comienzan las conjeturas de pareja:

"Mejor otro niño? O vamos a por la parejita?"
"Estaría bien la pareja pero entre dos niños pueden jugar más.."
"Seguro, pero un niño y una niña es lo más" 
"Sí, pero otro niño podría aprovechar tooodo lo de su hermano!"
" Y qué más da si no nacerán en la misma época??"
 "Vamos a preguntarle al nene a ver qué prefiere. Quieres hermanito o hermanita??
" Pocoyo!!"
"Muy bien, ya le preguntaremos más adelante..." :S  

Y quién no haya tenido este debate con el segundo embarazo que tire la primera piedra! ;-P

lunes, 24 de marzo de 2014

De querer parar el tiempo a darle cuerda al reloj



Este título de post tan rebuscado resume la sensación que tengo ahora con mi hijo a punto de cumplir los 20 meses. Si meses atrás reflexionaba sobre la pena de tener prisa porque el bebé gatee, se levante, camine y hable sin disfrutar de cada etapa, sin rectificar lo que dije, ahora reconozco que tengo ganas de saltar a la siguiente base. Y soy consciente de que cada fase tiene sus pros y contras, pero ya toca ver la luz en según qué aspectos.

La comunicación "intuitiva" es todo lo que tenemos cuando nuestros bebés no saben decirnos con palabras dónde les duele o qué les hace rabiar. Por el momento, damos palos de ciego cuando se despierta llorando de madrugada. ¿Tendrá fiebre? ¿Le dolerá la barriga? ¿Es por la tos? Si todo falla, siempre lo podemos achacar a que le están saliendo los dientes, es un clásico. Creo que sería de gran utilidad dedicar unas horas a enseñarles a decir "Boca, duele" intercalado con los colores y los números. Sí, necesito ya un poco de conexión comunicativa con mi hijo.

Con el tema comida podría llenar todos los posts de aquí a diciembre pero no quiero aburriros así que tan sólo señalaré que el vacile con la comida me tiene minada la moral, a mi por completo y a su maestra en la guardería se le debe estar agotando la paciencia porque ya nos ha citado para hablar. Selecciona lo que come y lo que no, lo que mastica y lo que no y según le da, opta por comer, escupir y volver a comer. Según la textura, va al suelo. Y según las ganas de jugar, tocará el tambor con el plato, que cuanto más salpique más nos reiremos. Necesito, me urge, rezo por lograr un poco de orden en lo que a comer se refiere. Todos me dicen que habrá tiempo, que todo llega. Pues si se puede avanzar un poquito no me importará, os lo aseguro.

La inconsciencia es igual a peligro constante. En este último mes hemos salido un par de veces de casa rural y no os voy a detallar la cantidad desmesurada de bártulos que hemos tenido que llevar para un par de días. Encima, os creeréis que en cada ocasión nos hemos olvidado alguna cosa. Pero no es a eso a lo que iba. Un niño de 19 meses no sabe que el fuego de la chimenea le puede quemar, ni que no puede bajar escalones altos sin mirar al suelo, o que no se puede asomar con medio cuerpo a la piscina y por supuesto no entiende que ese Guau Guau tan aparentemente gracioso está ladrando con toda su mala leche y si le acerca el dedo se quedará sin. Esto equivale a un constante "¿Está alguien con el niño? ¡Mierda, ¿no estaba contigo???!" Que sí, que me diréis que con 4 años también hay un punto de inconsciencia salvaje. de acuerdo, pero por lo menos ya se levantan solos. ¿Para cuando un poquito más de autonomía?

Por lo demás, siempre podría pedir un pequeño adelanto para que llegue ya el día en que estrene ese maravilloso orinal al que le saco el polvo cada semana y que parece no reconocer pese a que es igualito al que SI utiliza en la guardería para sus cacas y pipís. Pero no voy a abusar que con poco me conformo. En todos estos casos reconozco que no me importaría ganar un poco de tiempo.

Y también me hubiera gustado ganar ese tiempo para poder aprovechar una interesante iniciativa de Kínder Chocolate en su última campaña ·"Actívate con Kínder Chocolate". Ofrece actividades extraescolares a niños de a partir de los 3 años dentro del ámbito del arte, deporte, música o idiomas. Me parece importantísimo incentivar el desarrollo de la creatividad y la realización personal de los más peques. Más allá del ámbito escolar, los niños pueden divertirse y seguir aprendiendo con multitud de actividades. Motivar la mente despertando los sentidos y mover el cuerpo es la combinación perfecta. En nuestro caso, llevamos a nuestro peque a piscina desde antes de cumplir el añito y en breve lo llevaremos a sus primeras clases de inglés aunque está claro que todavía no ha demostrado preferencia por nada y somos nosotros los que decidimos por él. Desde bien pequeños, los niños son esponjas que lo absorben todo así que sería una lástima no estimularlos con cualquiera de estas actividades. Si queréis más información acerca de esta promoción, podéis informaros en este enlace: www.activateconkinderchocolate.es

Hasta pronto mamis!!

domingo, 9 de marzo de 2014

Más de lo que necesitan


Los niños son los caprichosos por excelencia. Lo quieren todo, sobre todo aquello que tienen sus amigos o compañeros de clase. Esas zapatillas deportivas, la mochila, el último videojuego, etc. Empiezan desde bien pequeños haciendo una larga y elaborada carta a los Reyes Magos. La cuestión es pedir. Pedir y esperar a que de vez en cuando caiga algo, aunque sea para la visita de los abuelos que viven lejos y vienen de tanto en tanto. En mi época no caía nunca todo lo que pedía aunque sabía que las dos cosas que más ilusión me hacían acabarían en mis manos. Y esos juguetes duraban y duraban. Y si me cansaba, pues le cogía los zapatos a mi madre y me montaba mis películas. O me ponía música, abría la puerta del armario con espejo de cuerpo entero y creaba unas coreografías que ni en Flashdance. La imaginación era la base de cualquier entretenimiento. Y no me aburría, os lo aseguro. Desgraciadamente, esto ha cambiado un poco.

He ido a suficientes fiestas infantiles (incluida la que yo misma organicé para el primer año de mi hijo) como para constatar que los niños de hoy en día tienen más de lo que necesitan. Incluso añadiría que más de lo que son capaces de disfrutar. Como digo, he vivido muchas entregas de regalos a críos, críos de entre 2 y 4 años, y todo ha sido desmesurado. En apenas diez minutos los he visto abrir un regalo detrás de otro sin apenas llegar a fijarse en el paquete que acababan de abrir ya que había otro esperando a caer en sus manos. Las ansias por romper los papeles les impedía observar ese coche, esa muñeca, ese libro o vestido. Nada importaba ya que lo importante no era el qué sino cuantos. Peor es en niños más pequeños que no son conscientes de lo que están abriendo ya que ese juguete no tendrá sentido hasta que lo monten papá y mamá y les enseñen cómo se juega.

No es lógico que una niña de dos años reciba 20 regalos a la vez. La sobresaturación no la deja reconocer prácticamente nada y, desde luego, seguro que no necesita todo eso para entretenerse. En cuanto a los niños de más edad y conscientes, tanto regalo sólo hará que no valoren nunca nada. Y mucho menos que cada uno de esos objetos vale un dinero, que no cae del cielo. Por otro lado, olvidamos que para conseguir desarrollar sus mentes e imaginación, basta con ayudarles a descubrir la infinidad de cosas que se pueden hacer con lo más simple que tenemos en casa: manualidades, disfraces, dibujos, música, teatro.. En casa de mi abuela nunca tuve juguetes más que alguna muñeca que me podía llevar de casa. Pasaba los fines de semana calzándome sus zapatos, bolsos, pendientes y haciéndome túnicas con telas que había en sus armarios. Y cuando se acababan las ideas, a jugar al parchís. Me temo que hoy en día pocos niños podrían sobrevivir a un fin de semana sin su consola o DVD. Pues en mi infancia sólo teníamos tres canales de televisión!

En mi época existía lo que se llamaba espera. Espera de un año a otro para que los Reyes me trajeran una nueva peli Disney. Hoy en día a través de Internet se ve cualquier cosa. En mi niñez, recibía una o a lo sumo dos Barbies al año. En una fiesta infantil reciente, la anfitriona recibió tres en apenas diez minutos (y sólo por parte de amiguitos). Sólo diré que en todas las fiestas de peques a las que he ido en estos últimos tres años, no he visto a un sólo crío al que le haya dado tiempo a abrir más de dos cajas una vez desenvueltas. La rapidez con la que caían las bolsas era tal que había que ir amontonando los regalos. Como si se tratara de una boda de las de antaño en las que se entregaban regalos de la lista de boda. No digo que no tengan ilusión los niños de hoy en día pero, desde luego, ya no es lo mismo.

No sé cómo lo haré con mi propio hijo pero me gustaría que no diera por sentado ni ganado nada. Si ahora no pide nada (porque no es consciente aún), y ya tiene más de lo que puede disfrutar, ¿qué tendrá cuando se encapriche de todo lo que vea por ahí? ¿Cómo le explico que quiero que tenga pocas cosas pero valiosas? Quiero que se canse de jugar con sus cosas, no que le falte tiempo para jugar con ellas.

No quiero que penséis que me hago especial diciendo estas cosas porque soy una víctima más del consumismo y la exageración. Hoy mismo he cubierto de regalos a mi sobrina de dos años. El problema es que, como yo, lo ha hecho el resto de la familia y al verlo he unido reflexiones anteriores de otros cumpleaños infantiles. Mi sobrina apenas ha reconocido un par de los regalos, el resto... nos hacen ilusión a nosotros. Es como cuando los disfrazamos con un añito. Este año fue una auténtica tortura para los peques de P1 de la clase de mi hijo. Ninguno quería dejarse emperifollar pero.. ¿y la gracia que nos hacía a nosotros fotografiarlos así de monos? Entonces ¿es una fiesta para ellos o para nosotros? Jeje.. Creo que esto es materia de otra discusión.

domingo, 23 de febrero de 2014

Hiperactividad

Los bebés hacen mucha gracia. Cuando comienzan a sonreír, balbucear, gatear, caminar, jugar... Cada cosa nueva que hacen nos encanta y nos enternece. Es más, hacemos palmas por cualquier tontería inesperada. Y esto lo llevamos fenomenal siempre que no se escape de nuestro control. Porque cuando dejas de tener a tu bebé tranquilo y sosegado en un lugar acotado, comienza una nueva etapa. Para algunas madres, una etapa de desespero. En estas estoy yo misma.

Muchas madres me decían, como primeriza que soy, que cuando mi hijo comenzara a caminar se acabaría lo bueno y echaría de menos los primeros meses. Por dentro pensaba que no sería para tanto y que esta nueva etapa tendría más cosas buenas que malas. Pues bien, comenzó hace unos meses a caminar y con sus primeros pasos llegaron también las caídas y golpes. Era previsible, de acuerdo. Poco después fue la manía de subirse a sitios poco apropiados. "Es cuestión de hacerle entender que eso no puede hacerlo", pensé. Pero ahora mismo el panorama no ha mejorado demasiado, todo lo contrario puesto que ese bebé explorador se ha convertido en un niño hiperactivo tocalotodo y amante de la destrucción. Y esto ya no hace tanta gracia.

Por poner algunos ejemplos, os diré que a los 18 meses del bebé se acabó el secarte el pelo, limpiar, mirar el ordenador o simplemente lavarte los dientes mientras dejas al niño jugando en su habitación o mirando los dibujos porque se aburre a los cinco minutos de hacer aquello con lo que lo creías distraído. Lo que quiere es merodear por el piso y coger cualquier cosa que NO sea un juguete. Cogerlo, lanzarlo al suelo o, con suerte, esconderlo en el lugar más inesperado. Y esto ya no te gusta porque sea lo que sea, continúa entrañando un peligro y trabajo extra "Qué hace esto aquí. Cómo ha llegado esto aquí. Cómo narices ha metido esto aquí", son frases habituales en nuestra vida. Sin ir más lejos, ayer metió en la lavadora su libro para pintar, dos marcos de foto y un cartón de leche lleno que al caer rompió en pedazos uno de los cristales de los marcos. Pero su pasatiempo favorito es coger patatas o cebollas y lanzarlas al suelo por toda la casa, Eso, cuando no se mete en la ducha vestido para jugar. O cuando no abre el grifo del bidet y se moja todas las mangas del jersey. Aunque ahora ha descubierto lo que es meter sus muñecos del Lego dentro de la taza del wáter. La velocidad con la que es capaz de empalmar una trastada con otra hace imposible perderlo de vista más de 30 segundos. Así que os podéis imaginar la odisea que supone estar sola con él y querer hacer cualquier cosa que requiera dejarlo a su aire cinco minutos. Toca resignarse y acotar su terreno de acción lo máximo posible.

Dicen que es cosa de niños. El tópico ese de que los nenes son más nerviosos, traviesos y destructores . Yo ya comienzo a temblar ya que si cuando apenas llega a la mesa y sin conocimiento suficiente para maquinar diabluras lía lo que lía, qué nos espera dentro de tres años?? Su mayor placer es ver caer las cosas y oírnos gritar por sus trastadas. Si esto dura unos años, habrá que ir pensando en canalizar toda esa hiperactividad apuntándolo a taekwondo. Lo peor es que ese nerviosismo no lo saca solamente en casa. Si vamos a una cafetería, ha de buscar algún sitio al que subirse o algún botón que apretar, da igual si es el del lavavajillas de los camareros. Si estamos en una tienda, acabará cogiendo los zapatos expuestos o abriendo las cortinas de todos los probadores. Así que, de nuevo, si estoy sola con él, los planes se reducen al parque o quedarnos en casa. Porque lo del cochecito está bien un rato, nada más. Y no quiero que nos prohíban la entrada en ningún local.

Pese a todo, esa sonrisa de pillo y las carcajadas que suelta cuando soltamos un "Nooooo" con cada travesura nos desmontan, nos deshacen. Al fin y al cabo, son niños. Pequeñas máquinas de destrucción, pero niños. Y sólo serán niños una vez en la vida.

Os dejo una prueba de la trastada de la lavadora




jueves, 23 de enero de 2014

In Vitros Inconfesables


Hasta que nos lanzamos a buscar el bebé no tenemos ni idea de si la criatura va llegar rápido o no. Por supuesto, nos imaginamos ese momento en el que nos hacemos el test de embarazo en el baño de casa, sale positivo y damos la noticia a nuestro marido con una sorpresa inolvidable. Pero no siempre sale todo rodado. A veces se hace esperar meses e incluso años. Y entonces llegan las pruebas médicas y con ellas un diagnóstico, probablemente, de infertilidad. Esto suele frustrar a las parejas. Y no es fácil reconocer abiertamente que hay un problema y que se necesita ayuda especializada. Para muchos se convierte en un secreto, incluso tras nacer el esperado retoño.

Tenemos mucho que agradecer a la ciencia. Y es que, gracias a ella, muchas parejas pueden hoy en día ser padres biológicos pese a que sus problemas de fertilidad, estén relacionados con la mujer o con el hombre (aunque siempre con matices, claro). Por ello, hoy se convierten en madres mujeres de más de 40 años y ya no es un escollo insalvable que los espermatozoides sean vagos. Existen las inseminaciones artificiales y las fecundaciones In Vitro por no hablar de los bancos de semen o los vientres de alquiler aunque esto último no se haya normalizado tanto en nuestra sociedad. Décadas atrás, una pareja poco fértil debía renunciar a tener un hijo o bien mover cielo y tierra para adoptar uno.

Pese a que los tratamientos de fertilidad están al orden del día, más aún con la contaminación que tenemos, el estrés y los malos hábitos de vida, todavía hay quién no quiere hablar abiertamente de que ha recurrido a ayuda para conseguir el embarazo. Y no me estoy refiriendo a explicarlo a la vecina, el kioskero o la peluquera, no, me refiero a que hay parejas que lo ocultan a sus propios amigos. Vaya por delante que respeto los sentimientos de todos pero no veo natural esa postura. Para mi, quedarse embarazada es lo más bonito que le puede pasar a una mujer y es el sueño cumplido de la inmensa mayoría. ¿Qué más da si ha habido un tratamiento? Lo importante no es cómo se llega si no llegar. Y si hoy podemos contar con esa ayuda, con más razón aún hay que celebrarlo. No sé si se trata de vergüenza, orgullo o querer aparentar que todo ha ido genial y a la primera. Y esto sí que me da rabia, la expresión “A la primera”, como si se tratara de meter canasta. Porque si ha sido a la segunda o a la quinta, no se dice nada, claro. Repito, ¿Y qué más da? Por supuesto, si delante hay una pareja a la que les ha llevado un tiempo conseguir el deseado embarazo, lo de recitar el cuento de la puntería de oro sobra. Porque sabemos que perseguir el embarazo puede producir ansiedad. Para algunas mujeres se convierte en obsesión y si encima han de escuchar a otra decir que sólo una vez que hicieron el tonto dieron en la diana, la frustración que esto les producirá no las ayudará en absoluto. Así que sensibilidad durante la búsqueda sí, naturalidad con el embarazo, también, vacile con la puntería, no, gracias.

Es curiosa la situación de saber cuando una pareja ha recurrido a una Fecundación In Vitro pero tener que disimular cuando te dan la noticia de que vienen dos. Optas por no hacer la inevitable pregunta de si en la familia hay antecedentes de gemelos, más que nada por no ponerlos en un aprieto. Y te dedicas a celebrar el regalo doble que les va a llegar. Y por dentro piensas “¿Por qué ha de ser un secreto? ¿Él se sentirá menos hombre por tener un problema?” No lo entiendes pero lo respetas y sigues el juego. ¿Y qué decir de parejas a las que les cuentas tu experiencia pero cuando les toca a ellos, callan y te enteras por otro lado de que se sometieron a un tratamiento tras un aborto.

Para algunos, las FIV se han convertido en algo inconfesable como titulo en este post. Seguramente, para muchas esto sea algo demasiado intimo aunque me parece igual de intimo que me expliquen con detalle la noche en la que se liaron la manta a la cabeza y encargaron a su retoño. Pero, como digo, hay que respetar todas las posturas. Por suerte, sigues escuchando casos de embarazos “milagrosos”, esos que llegan de forma natural después de abortos, primeros bebés por In Vitro o incluso habiendo adoptado un par de niños rusos tras superar un cáncer. Eso sí que es un regalo de la naturaleza. ¿Y a que apetece celebrarlo en voz alta? Pues como todos los niños, vengan como vengan y cuesten lo que cuesten. Porque lo importante es el qué y no el cómo.


domingo, 12 de enero de 2014

Entretener a los niños en casa




Hace unos días, la autora del Blog "No soy una drama mamá" dedicaba un post a un tema que yo misma le sugerí porque me interesaba especialmente: cómo conseguir tener entretenidos a los niños en casa. A ciertas edades tempranas es complicadísimo que los peques se distraigan un rato largo en casa. Esto conlleva que nosotras no tengamos ni cinco minutos para hacer cualquier tarea o sencillamente relajarnos. Así que hasta que llega esa edad en la que pasan las horas en su cuarto con sus juguetes, toca echarle imaginación al asunto o acostumbrarse a llevar un perrito faldero enganchado a nosotras por toda la casa. Lo malo es que suelen ser perritos falderos terroristas a los que no se les ocurre una idea buena.

Mi hijo tiene más juguetes de los que necesita y sabe utilizar y lo más divertido para él es pasear las piezas, porque todo lo que entra por casa tiene un mínimo de diez piezas, por toda la casa. Así, acabo encontrando formas del Lego en la cesta de la ropa sucia, debajo de la mesa, debajo del sofá, en su bañera, en la bolsa del reciclaje y en cualquier rincón insospechado de su cuarto. Perseguirnos es, por supuesto, su hobby preferido y, como dije en el anterior post, colarse en los sitios más peligrosos es su adicción. Así que mientras no podemos estar con él en su habitación enseñándole juegos, se convierte en nuestra sombra. Porque, decididamente, a los 17 meses todavía no funciona lo de los dibujos animados. Si sale alguna canción, puede que se acerque a la pantalla pero un capítulo de Dora la Exploradora no lo aguanta ni en broma. Lo de Baby Beethoven todavía cuela de tanto en tanto pero me temo que los 12 meses de emisión continuada lo han quemado demasiado.

Carmen nos recomendaba los juegos de construcción. Por supuesto, es de lo que más tiene. Pero tiene toda la razón del mundo cuando comenta que la destrucción es más bien lo que les entusiasma a estas edades. Nosotros construimos y él lanza al suelo. Esto sieeempre va seguido de una carcajada. Por muchas veces que lo repitas, se troncha en cuanto cae al suelo. Y si fingimos horrorizarnos para hacerlo reír, ya lo tenemos en el bote. Pero como dice una amiga mía, la etapa de los cinco minutos es larga y pesada. Si, amig@s, nada le entretiene más de cinco minutos. Ni los puzzles, ni el Lego, ni los coches...Quemas un juego y ya has de pensar en otro. En realidad, somos nosotros los que utilizamos los juguetes y ellos miran, tocan, tiran al suelo y, de paso, aprenden cada día un poco más. Pero no nos engañemos, tenemos que ser nosotros los que nos metamos en el fregao, por lo menos a la edad de mi hijo.

Lo de pintar está verde en casa. Algún rayote hace pero creo que todavía no le ha cogido el tranquillo. O tal vez no le guste todavía, porque al fin y al cabo, lo que toca es que raye y raye. A veces pienso que a los niños les ponemos demasiados juguetes delante y no tienen tiempo de aprender a jugar con cada cosa porque reciben demasiados estímulos a la vez. Unos hacen música, otros corren por el suelo, con otros se construyen cosas, otros son peluches que cantan canciones, luego están los puzzles, los lápices de colores y no nos olvidemos de la moto! En Navidad es un no parar de juguetes nuevos. Y a esta edad, creo que con un par o tres iría sobrado. Si ni tan siquiera pide nada!

Lo de jugar con otros niños es otra cosa que aún ha de madurar y tengo ganas de que llegue ya el momento de relacionarse de verdad con otros nenes. Aunque es gracioso ver como los mayores lo persiguen para jugar y él va a su bola. Seguramente en un par de años se inviertan los papeles. Él los perseguirá y los mayores se aburrirán porque no les puede seguir el ritmo. Si tuviera un hermanito, seguramente todo sería diferente. Veremos qué ocurre cuando él sea el mayor de la casa.

En resumen, he de decir que a esta edad, hay que echarle paciencia para que aprenda juegos básicos y, como comentaba otras veces en este Blog, sólo se divierten con nosotros. Lanzar las cosas al suelo es la máxima diversión, eso y tocar todo lo que se les ponga por delante. Aunque se trate de patatas y cebollas que luego tocará recoger en el pasillo. Propósito de año nuevo: comprar candados para cocina y baños. Continuamente hay que tener un ojo encima de los niños a esta edad, no nos podemos distraer ni un segundo. Y si es en casa ajena, todavía más! A mis padres ya les he redistribuido decoraciones delicadas y ruidosas en estanterías superiores.

Otro día hablaremos de los parques. De como las madres novatas nos preocupamos al principio porque no queremos que se llenen los zapatos de tierra o se ensucien demasiado la ropa y al final dejaremos que vuelvan negros a casa porque lo que toca es que se rebocen. En mi última visita al parque me tocó lavarle la boca de tierra pero prometo reconciliarme con estos jardines de recreo.

Así que no desesperéis si se os agotan las ideas en casa porque los niños se las inventan todas para distraerse. Y la gran mayoría de veces, lo más simple es lo más efectivo!