jueves, 5 de febrero de 2015
Niños, frío y pediatras confusos
Es inevitable, estos días no se habla de otra cosa que no sea el frío siberiano que nos azota. Y esto es algo que no deja de sorprenderme porque pasar frío en febrero lo veo de lo más normal, exceptuando si nieva en lugares poco frecuentes. Vamos, que lo que de verdad sería noticiable es que ahora nos invadiera una ola de calor y repentinamente tuviéramos que rescatar la manga corta del armario. Pero comentarios de ascensor a un lado, lo que nos agobia realmente estos días a las madres son los dichosos constipados, virus y todo lo que acaba en "itis". Estamos en esos días en los que nos encantaría poder dejar a los niños en sus cuartos todo el día a modo de bunker hasta que pasara el frío y el resto de críos dejaran de llevar el moco colgando al colegio.
Pues bien, descartada la opción anteriormente comentada, toca seguir con la vida normal y los niños han de salir de casa. Personalmente, soy muy reacia a sobre abrigar a mi hijo por la sencilla razón de que, al ser muy sudón, va a ser peor el remedio que la enfermedad. Vamos que si lo envuelvo en veinte capas y acaba chorreando por dentro, el frío le va a calar y va a ser carne de cañón. Porque luego está el microclima de la guardería, ese paraíso canario al que nunca llega el invierno y para el que has de planear la vestimenta de tu hijo como si siempre fuera mayo. Esto implica añadir complementos varios para protegerlo durante ese viaje de contrastes entre los veinte y pico grados de tu casa, los 2 grados de la calle y los 30 al llegar a la guardería.
Otra cosa típica de esta época del año es el repaso del parte médico de los compañeros de tu hijo. Cuando cuentas las febradas y bronquitis y ves que van cayendo uno tras otro te vas mentalizando porque sabes que el tuyo no va a ser una excepción. Es como llevarlo a la guerra, antes o después el moco-bala le da de pleno. Pero la verdad es que este año mi hijo está aguantando mucho mejor y las bronquitis lo están respetando desde Navidad. Ahora voy a hacer de prescriptora porque creemos que, a parte de tener un año más y haber sido operado de vegetaciones, la razón de la mejoría de sus defensas está en un refuerzo homeopático que le estamos dando: las famosas Sales de Schüssler de ferrum phosphoricum. Se las damos dos veces al día desde que comenzó el invierno y así mantenemos a raya la tos y bronquitis.
Otra cosa que nos trae de cabeza son las noches. Que si se destapa, que si la calefacción seca la garganta, que casi siempre acaba mojado porque se le sale el pipí, etc etc. Pues por si estáis en alguno de estos dilemas tan domésticos y apasionantes os cuento nuestra modesta solución. Para que no se destape, un juego de nórdico y bajera unidos con cremallera para que el niño duerma dentro como si fuera un saco. Que milagros no hace si vuestro hijo es contorsionista o escapista pero seguro que la mayoría de noches no se sale y duerme tapado. En cuanto a lo de los escapes, después de probar cuatro o cinco marcas y tallas diferentes de pañal, el único que me ha funcionado por el momento es el Dodot extraseco, el del paquete azul. Y para arreglar lo de la garganta seca por culpa de la calefacción, le ponemos un humidificador y cebolla al lado si le da por toser. No será muy glamouroso pero efectivo lo es bastante. Por otro lado, si tenéis que estar en casa encerrados muchas horas con la calefacción puesta, no está de más ir abriendo una ventana algunos minutos de vez en cuando.
Y no querría acabar este post sin mencionar el desconcierto que me producen algunos diagnósticos y la situación en la que nos ponen a veces los médicos. Ya os comenté alguna vez que he notado cierta tendencia en la seguridad social a evitar los antibióticos en contraposición con los pediatras privados que los dan con mucha más ligereza. Pues bien, en sólo 24 horas hemos recibido dos diagnósticos completamente opuestos al preguntar en una visita rutinaria por una leve tos que ha tenido mi hijo. Donde uno veía otitis y tos de pecho (y recetaba una semana de antibiótico) el otro lo veía todo completamente limpio. ¿A quién se supone que hemos de hacer caso? Cierto es que nosotros mismos nos hemos metido en este dilema pero no es menos cierto que nuestra intuición de que había un diagnóstico exagerado estaba bien encaminada. El caso es que esta situación no es normal y buscamos un pediatra en el que podamos confiar al 100%.
Y mientras seguimos luchando contra vientos, mareas y nieve bufanda en mano, yo no dejaré de recomendaros que os guiéis por vuestro instinto. Nadie mejor que vosotros va a conocer a vuestros hijos!
martes, 13 de enero de 2015
Año nuevo y chupete.. ¿fuera?
¡Feliz Año a tod@s! Reconozco que despedí el año con un post un tanto gris y triste pero ya se sabe que los blogs son a veces un refugio para reflexiones, sentimientos y estados de ánimo. Y así estaba yo. Pero estreno este 2015 con más positividad y energía porque presiento que nos dará muchas alegrías. Pero no solamente alegrías, también trabajo para lograr esos propósitos que todos nos marcamos. Cerramos 2014 con el reto conseguido del pañal y ahora tenemos delante otro menos incómodo pero sí muy costoso.. el chupete!!
Recogiendo el tema del pañal, creía que ese momento no iba a llegar nunca, la verdad. Que mi hijo me pidiera el pipi era casi una utopía ya que desde octubre se trataba de ir mirando el reloj y sentarlo cada rato para que vaciara su vejiga. Pero cada vez había menos escapes y el tema estaba bastante controlado al fin. Lo que sí veía negro pero negro era el tema de la caca. Porque la caca parecía no avisar. Cuando llegaba, llegaba y ni un rayo alcanzaba a ponerle el orinal debajo. Pues lo que parecía imposible lo estamos consiguiendo al fin. El niño pide el pipi y la caca! Aunque he de reconocer que así como el aviso del pipi es coser y cantar, la caca a veces es traicionera y puede haber dos o tres falsos avisos y para cuando te despistas, hace acto de presencia estés dónde estés. Pero no me voy a quejar a estas alturas. Han sido tres meses desde que le quitamos el pañal y puedo decir que vamos tranquilos hasta en el coche.
Y ahora vamos con el tema del chupete, que aparentemente parece más fácil que el pañal porque no te ensucias ni fregoteas pero.. ay amigas, con el chupete duermes por las noches, evitas berrinches, comes en los restaurantes, lo sientas en el cochecito, no escuchas gritos y mil cosas más que con un fiera cansada y rebelde no puedes negociar. Cuando se enfoca el tema del chupete en el niño y su bienestar en mi egoísta mente pienso en mi propia tranquilidad. Porque esa cosa tan pequeña e insignificante logra que tu hijo se duerma en la mitad de tiempo para que así puedas tú cenar relajado o sentarte en el sofá. Y no hablo de cuando se despierta de madrugada. Ese aparatito es tu gran aliado cuando no se quiere poner la chaqueta o no quiere entrar al médico. Hasta para darle su medicina te sirve para que no escupa el último trago. Si es que es nuestro gran aliado. Y no penséis que mi hijo va siempre con el chupe en la boca porque hace tiempo que se lo quitamos durante el día. Lo usa sólo para dormir o en momentos puntuales.
Teníamos la intención de dárselo a los Reyes Magos pero no vimos la ocasión ni la manera de razonar con él lo que significaba decirle adiós. Y es que según sopla el viento, mi hijo quiere ser mayor o defiende que es pequeño todavía. En la guardería desde Navidad ya lo han borrado del mapa así que hacen la siesta sin. Y, según nos cuentan, va como la seda. Claro que hace tiempo ya que decidí dejar de comparar su comportamiento allí con el de casa. Este partido lo pierdo siempre. No hace falta que os diga que es meterlo en la cama y automáticamente pedir "el pete".
Así como con el pañal recibías consejos dispares según a quién preguntabas, con el chupete también me lo he encontrado. Por un lado está la enfermera del CAP, la de "A partir de los dos años fuera todo (pañal, chupete y biberón)" y luego están sus maestras que han decidido dejarles llevarlo hasta estas fiestas. Pero esta semana la directora de su guardería me ha dado manga ancha hasta verano porque todavía es pequeño y por la noche a esta edad van cansados. Yo he decidido ser fiel a mis principios y guiarme por su evolución y maduración. Evidentemente, algún paso habrá que dar para desengancharlo pero ahora que ha comenzado con sus miedos nocturnos, creo que sería más duro aún para él. Y si se alarga el tema, siempre podré recurrir al método de una conocida que plantó delante de su hijo de tres años unas fotografías de niños con bocas deformadas por abusar de su "amiguito". Bestia, sí, pero una táctica con efecto inmediato! (Más me valdrá a mi no mirar las fotos porque me conozco y los tres chupetes van a la basura esta misma noche)
Y a estos deberes del chupete sumamos los de buscar el colegio. Ya hemos visitado un par y este fin de semana seguimos con la ruta. En otro post os explicaré cómo es esta aventura y la extraña sensación de convertir en mayor a un niño que prácticamente está dejando de ser un bebé.
martes, 9 de diciembre de 2014
La pérdida
Hoy voy a aparcar mis peripecias como madre inexperta (cada vez menos "in") para tratar un tema triste y doloroso pero muy, muy presente hoy en día: la pérdida o aborto espontáneo. Recibir una noticia así es un golpe directo al corazón, un mazazo enorme, algo que nunca se olvidará. Y no hay consuelo posible salvo la esperanza de volver a conseguir el embarazo. Pero, aún y así, esa madre sabe que el pequeño que la abandonó no volverá. No tenía que ser, de acuerdo, pero "ya lo era" para sus padres. Por ello ocupará siempre un rinconcito en la vida de los dos.
Hay abortos terriblemente dramáticos en embarazos avanzados y no me hago a la idea de la pesadilla por la que deben pasar esas madres cuando pierden a sus bebés de 20 semanas o más. Porque ya son bebés que sienten dentro de ellas, tienen nombre, habitación e incluso a veces hasta sus cochecitos esperando en la tienda. Pero duele en el alma perder un embarazo igualmente a las seis, ocho o diez semanas. Aunque sea un embrión de menos de un centímetro, aunque no se sepa si es él o ella y aunque nadie del entorno haya notado tan si quiera el estado de buena esperanza. Esa lentejita, garbanzo, pececillo...eso tan minúsculo tiene un corazón que late y desde ese momento ya se ha convertido en el epicentro de la vida de sus padres. Es ya el presente y, sobre todo, el futuro de ellos dos.
Y es que las ilusiones vienen de lejos, antes incluso del positivo, cuando una pareja planea ser padres y ella siente que su vida no estará completa hasta que sea madre. O cuando una familia desea repetir experiencia y dar un hermanit@ a su hij@. Decidir ir a por ello ya es ilusionarse. Después llega la ansiada confirmación del embarazo y con ella la cuenta atrás para las ecografías y, sobre todo, para el nacimiento. El calendario ya tiene una fecha señalada en rojo y las vidas de los dos, sobre todo la de ella, gira desde entonces alrededor de ese día. Nunca una madre piensa en que puede ocurrir lo peor a no ser que haya sido advertida por su ginecólogo o arrastre problemas de salud previamente. Ni siquiera lo piensa simplemente porque exista una probabilidad de pérdida durante el primer trimestre. Porque es el último de sus pensamientos, recibir ese jarro de agua fría es el peor de los castigos.
¿He hecho algo mal? ¿Pude haber hecho algo para evitarlo? Estas son preguntas que muchas mujeres se hacen cuando sufren un aborto. Y en la mayoría de los casos la respuesta es "No" Hay cosas que ocurren porque tienen que ocurrir y el cuerpo, sabio como es, detiene algunos procesos cuando detecta que algo no va bien. Fallo cromosómico es el diagnóstico efectuado por regla general en los abortos del primer trimestre. Esto consuela en una pequeñísima parte a esas mujeres. Eso y compartir las mismas experiencias con decenas de otras madres que pasaron por lo mismo y que disfrutaron de un embarazo perfecto tras la pérdida.
No voy a profundizar en el legrado y la expulsión en casa porque son temas desagradables y creo que no hay un método más llevadero que el otro. Por un lado sabes que entras en un quirófano para que te quiten una parte de ti y por el otro esperas en casa a que llegue uno de los momentos más tristes de tu vida. Lo mejor es dejar ese trance atrás para hacer borrón y cuenta nueva.
Hay mujeres que necesitan hablar de ello y otras que no pueden ni oír la palabra aborto porque se ponen malas. Cualquiera de las dos posturas es respetable y correcta si es lo que necesita en ese momento para llevarlo mejor y mirar hacia adelante. Lo difícil, por las muchas experiencias que he leído sobre ello, es no obsesionarse con quedarse embarazadas otra vez. Pese a que estoy convencida de que un embarazo no tapa el otro, ciertamente es una actitud natural e inevitable. Y es que no conozco deseo más poderoso que el de la maternidad ni mujeres más persistentes y luchadoras que las que lo buscan contra viento y marea superando cualquier dificultad que se ponga en el camino. Por ellas y porque sus deseos se vean cumplidos, ahí va este homenaje en forma de post. Un post escrito desde el cariño y la comprensión. No estáis solas!
viernes, 28 de noviembre de 2014
Los "temores" de la crianza
La semana pasada me puso rabiosa leer uno de esos artículos sobre crianza que, lejos de dar consejos, ideas o alternativas, nos metía el miedo en el cuerpo y, lo que es peor, nos hacía dudar de nuestras decisiones como padres. Este detalle lo podría extrapolar a multitud de temas que recogen cientos de artículos que a diario hablan sobre la maternidad y crianza pero como me llevaría semanas comentarlos todos, me voy a ceñir al tema del que trataba el artículo que me indignó recientemente. Hablaba de la decisión de dejar que nuestros hijos duerman en nuestra cama o no. Y ya os puedo adelantar que, según la publicación en cuestión, mi hijo va a sufrir ansiedad de mayor.
Yo no soy pediatra ni experta en la materia pero sí que soy una madre preocupada por el bienestar de su hijo como todas las que me estáis leyendo. Me he sacrificado todo lo que he podido por ofrecerle todo lo que ha estado en mi mano desde que nació comenzando por darle el pecho aún sufriendo tremendos dolores durante los cuatro primeros meses. Y lo he hecho encantada. Pero (y digo pero porque al parecer no hicimos bien según el artículo) tomamos la decisión de ponerlo en su cunita desde el primer día y en su habitación. Porque aquel agosto hacía un calor sofocante en casa y el bebé, sudón a no poder más, estaba más fresquito en su cuarto. Y porque a mi marido le entraba pánico pensar que lo podía chafar mientras dormía. No hace falta que os diga que su habitación no está precisamente a 100 metros de la nuestra. ¿Esto evitó que me levantara cada dos horas a darle el pecho? (con lo cual pasaba más horas encima mío que durmiendo solo) ¿O a cambiarle el pañal? ¿A ver por qué hacía ese ruidito? Por supuesto que no. Yo y mi marido, los dos.
Mi hijo ha estado pegado a mi pecho meses y meses y jamás se ha sentido desamparado. Ahora es un niño que pide dormir en su cama y que cuando tiene sed o tose nos tiene a su lado en un abrir y cerrar de ojos. Cuando está inquieto porque se encuentra mal nos lo llevamos a nuestra cama y cuando se despierta por la mañana los fines de semana, coge sus zapatillas y nos viene a buscar para jugar los tres.
No voy a criticar el colecho ni a los padres que los tienen en su cama hasta los 8 años pero, por favor, que no nos juzguen a nosotras tampoco ni nos infundan temores no contrastados. Y digo no contrastados porque me gustaría que me demostraran con pruebas concretas por qué mi hijo va a sufrir ansiedad de mayor o a tener problemas de salud mental. ¡Por favor! ¿Creen que por dormir en otra habitación recibe menos brazos y atenciones por parte de sus padres? Quizás sean más egoístas los que consideran un sacrificio innecesario levantarse seis veces de la cama cada noche como también he leído por parte del respetado Carlos González.
Lo curioso es que en esta materia, como en todas, hay muchos expertos que dan lecciones y entre ellos se contradicen. Y es que en contraposición a los pediatras que aconsejan dormir pegados tenemos por ejemplo el famoso método del Dr Estivill que indica que es mejor dejar llorar a los bebés. Todos creen tener la fórmula perfecta y no existe. Unos defienden el tenerlos encima continuamente para que no se sientan solos y otros optan porque se acostumbren a ser independientes. ¿Y quién me aconseja que me deje guiar por mi instinto? ¿Quién me anima a que no siga más consejos que lo que me diga el sentido común en cada momento? ¿No es mejor escuchar a nuestros hijos y no a expertos? ¿No es mejor ir viendo día a día cómo nos sentimos todos, padres e hijos, más cómodos?
Para mi es suficiente que mi hijo esté descansado y se despierte de buen humor (siempre se despierta cantando las canciones de la guardería). Si quiere un vaso de agua lo tendrá, cuando tenga fiebre le daremos su medicina y cuando le quitemos el pañal de la noche lo acompañaremos al baño. Son niños que duermen en su cama, no criaturas desamparadas y abandonadas. Me niego a aceptar que estoy perjudicando a mi hijo y por ello, desde hoy, cuando vea estos titulares, lo siento pero no leeré una línea. Porque en vez de niños con problemas tendrán madres con ansiedad. Y les aseguro que eso sí que estresará a nuestros pequeños.
jueves, 6 de noviembre de 2014
De rabietas, pataletas y el odiado "No"
Los dos años son maravillosos por cantidad de cosas: cómo hablan, entienden, descubren y cada día aprenden a hacer o decir cosas nuevas. Es una etapa de inocencia y dulzura en la que se nos cae la baba. Lo malo es que, como todos los cuentos, este también tiene capítulos oscuros. Y del que os voy a hablar hoy es el de las rabietas y pataletas cuando algo no les gusta. Son momentos en los que se nos pasan por la cabeza muchas cosas y algunas de ellas nos llevarían a la cárcel. Aunque en otras ocasiones lloraríamos de la impotencia y nos aguantamos porque en medio de la calle no es plan. Entonces toca contar hasta diez, veinte o algunas veces hasta cien hasta que nos calmamos e intentamos encontrar el botón de reinicio del crío.
Creo que lo peor de las pataletas es que en el 90% de los casos (por lo menos en los que yo me he encontrado con mi hijo de 27 meses) no hay justificación alguna para que se ponga como se pone. Y me refiero a tirarse al suelo negándose a ponerse de pie, dando patadas, lloriqueando (sin una puñetera lágrima) y rechazando cualquier tipo de diálogo o negociación para que cambie ese comportamiento. A veces puede ser porque no quiere ponerse la chaqueta y otrasbporque giras por una calle en la que no le apetece entrar. Vamos, las cosas más absurdas. Así que con este entrenamiento, veo con claridad los futuros pollos cuando no le compre un juguete o le obligue a hacer los deberes.
El caso es que cuando está en calzoncillos por casa y no se quiere vestir, puedo optar por dejarlo tirado en el pasillo hasta que se canse y se ponga de pie otra vez. Pero si te la lía en la calle o un centro comercial como le ha pasado a alguna amiga, entonces no hay otra. O lo coges como un saco de patadas y lo atas al cochecito rápido o lo dejas berreando y te conviertes en la animación del día para todo el público presente que encima te mirará mal por no ser capaz de calmar al niño. Ah, y habrá las mentes malpensadas que creerán que eres una madre cruel que lo maltrata porque si el niño llora así de desconsolado, por algo será. Pues no, la mayoría de veces ni el niño sabe por qué llora, lo hace por vicio. Comienzo a pensar que existe el desahogo infantil espontáneo como cuando las mujeres estamos sensiblonas y lloramos porque sí.
¿Y cómo nos sentimos nosotras en estos momentos? Cómo decía en la introducción, a veces depende de nuestro estado de ánimo. Si tenemos un mal día, esa pataleta la llevaremos mal, muy mal. Y estamos de buen humor, el buen rollo se irá agotando dependiendo de lo que se alargue el show del niño. Podemos comenzar hablando con él para intentar adivinar qué le ocurre. Luego llega la negociación prometiendo un premio si colabora. Después ya se acabó la negociación porque toca imponerse ante su rebeldía. Pero ya si nada de esto funciona es cuando perdemos los estribos y acabamos gritando y casi peleando con él para que se levante o deje de dar patadas. Resultado: todos nerviosos y cabreados. Luego,cuando quieres dar una lección a un niño de dos años castigándolo, nunca sabes si estás perdiendo el tiempo. Quiero decir que sentarlo contra la pared puede calar en él o a lo mejor no entiende nada de nada. La única vez que lo hice con mi hijo comenzó gimoteando pero a los cinco minutos estaba cantando. He de decir pese a ello que nunca más le he tenido que llamar la atención por lanzar la comida del plato. Así que, pensándolo bien, tal vez funcionara mejor de lo que pensaba.
Estoy convencida de que, al final, los niños saben mucho más de lo que nos hacen creer. Y entienden que nos llegan a desgastar hasta el punto en que los dejamos estar, nos damos por vencidas. Aunque no debamos cometer ese error, hay veces en las que es una tentación rendirnos con tal de que no nos estalle la cabeza. Dicen que el llanto de los bebés por naturaleza es un ruido que no podemos soportar. Supongo que para que los padres podamos despertarnos por la noche y siempre acudamos a ver qué pasa. Pues con los niños debe ocurrir algo similar porque ese lloriqueo es para nosotros como un disco rayado.
Y para acabar, quiero dedicar una especial mención a la etapa del "NO". Tan famosa como real. Cuando a un niño se le cruzan los cables, ya puedes ofrecerle el ToysRus entero que todo será "NO". Su comida favorita, sus juguetes favoritos, sus dibujos, sus adorados abuelos... da igual, a todo te dirá lo mismo. Claro que a veces de tanto repetirlo pierde el sentido y mientras te dice que NO quiere comer él mismo se está metiendo la cuchara en la boca. Da igual, el caso es contestar NO. Curioso, ¿verdad? En fin, aprovechemos los buenos momentos, que por suerte son la mayoría, y si nos salen rebeldes siempre nos quedará Supernanny. ;-)
miércoles, 22 de octubre de 2014
Pensando en el futuro
Hay momentos en los que, viendo crecer a tu hijo, te da por pensar en que has de ir tomando decisiones que afectarán a su desarrollo y a su futuro. Algunas cosas son obvias pero hay otras en las que no te habías parado a pensar antes.. A veces es cierto que exageramos pero ¿quién dijo que es malo ser precavida?
Por ejemplo, a sus 26 meses de edad, ya estamos estudiando los colegios. Esto es más serio que la guardería ya que un colegio puede marcar la vida de un niño ya que hablamos de su educación y sus amistades de adolescencia o toda la vida. Descartados los colegios pijos bilingües por razones obvias para una familia de ingresos normales, toca pensar en los públicos y los concertados. Aquí viene cuando tus conocidos están divididos entre unos y otros. Decides estudiar ambas opciones y valorar la cercanía de unos y otros. Entonces pasas a revisar los informes, cualificaciones y rankings. Por cierto, cuando veas claras tus preferencias será cuando alguna amiga te diga que su experiencia en tal escuela no fue muy grata. Y ya te habrán fastidiado porque con lo que te había costado hacerte una idea clara, ahora te arruinan la imagen del centro. Mi consejo es: preguntad al principio pero después aislaros de opiniones porque no habrá quórum nunca.
Total, que después de valorar famas, distancias, transportes y organización además de programar visitas, tu lista se reduce a tres colegios. Por supuesto, esperas acertar porque de esto dependerá que tu hijo alcance los 18 años con notas impecables, encarado a una carrera universitaria con amigos aplicados y buenos chicos (no fumadores) que lo lleven por el buen camino toda la vida. Y por supuesto sin novias que lo distraigan por lo menos hasta que se licencie. Una película que todas las madres firmábamos ahora mismo al escoger el temido colegio. Pero al final la suerte dependerá de tu instinto al elegir y la personalidad de tu hijo durante su desarrollo.
¿Y qué me decís del inglés? Porque, descartado como he dicho el Saint George School, crees que tu hijo está perdiendo el tiempo si no comienza ya con el inglés. "Son esponjas" "Ahora lo repiten todo" "Este es el momento para que empiece a aprender idiomas" Te repiten tanto la cancioncita que al final cedes y lo apuntas a esa famosa academia tan colorida para niños. Por un nada módico precio lo arrastras a clase 45 minutos a la semana y al cabo de un mes consigues que se aprenda las cancioncitas con las que lo tienes que taladrar cada día. No ves clara la inversión pero te autoconvences de que le estás haciendo un bien y que con diez años ya podrá pasar a aprender chino.
Pero es que nuestras preocupaciones a veces no se acaban ahí. Mi peque por ejemplo es propenso a las bronquitis, yo algo asmática, y sólo me faltaba que me confirmaran (porque en el ambiente se nota) que nuestro barrio se ve especialmente afectado por los altos niveles de contaminación de Barcelona. Con la previsión de mudarnos a un piso más grande en un futuro cercano, valoramos ahora también la posibilidad de salir de la ciudad. Algo que por nosotros dos no haríamos pero cuando tienes hijos lo reflexionas todo. Nuestros pulmones tendrán poco remedio ya pero.. ¿y los suyos?
He comentado muchas veces el tópico de que las prioridades cambian cuando tienes hijos pero es que también cambia nuestra forma de pensar y valorar cómo vivimos o cualquier cosa que ocurre a nuestro alrededor. Cuando eres tú sola y tu pareja, en cualquier circunstancia sigues tirando adelante: con altibajos laborales, pisos pequeños, coches de dos puertas, la nevera medio vacía... pero cómo cambia la cosa cuando pasamos a ser tres. Hasta el mundo nos preocupa más y miramos las noticias desde otra perspectiva. Esto se llama responsabilidad, muy buena si se queda en eso solamente y no pasa al grado de obsesión.
Tal vez, sencillamente sólo deseamos para nuestros hijos lo mejor y que lleguen más lejos que nosotros. Y esto me hace pensar en algo que reservo para próximos posts. ¿Nos hacemos una idea preconcebida de lo que han de ser nuestros hijos? ¿Queremos fotocopias nuestras? ¿Creamos falsas expectativas? ¿Les exigiremos demasiado? Pensándolo bien, creo que me queda un poco lejos esta reflexión ;-)
miércoles, 1 de octubre de 2014
Los niños y la ropa
Hoy os voy a hablar de lo que he aprendido en estos dos años y pico paseándome por tiendas infantiles para comprarle ropa a mi hijo. De cómo acabamos "interpretando" las tallas, cómo nos damos cuenta de que nuestro hijo crece de pecho pero no de pantalón, cómo tiene un número para según qué zapatos y otro para otros, cómo vuelan las ventas especiales online y para qué lo vistes en una tienda o en otra. Y voy a hablar de marcas pues a lo mejor os sirve de consejo.
Para empezar, os reconoceré un tópico. Es mucho más atractivo mirar la ropa de niña. No digo que no haya ropa monísima para niños pero... a veces hasta me da la sensación de que las tiendas exponen el doble de ropa para nena que para nene. Y los colores son infinitamente más llamativos, lógico por otra parte ya que los rosas y los lazos son exclusivos para ellas. Pero entras en el local y a mano derecha ves alegría: topos, corazones, dibujitos, faldas de bailarina... y a la izquierda ves monotonía, polos, tejanos y algún Batman de vez en cuando. Para alegrarte la vista hasta te pones a pensar en algún cumpleaños próximo de alguna amiguita con tal de tener una excusa para mirar esa ropa.
Pero vamos al lío, a continuación os pongo algunas de las tiendas más populares:
H&M: Aquí hacen lo que llaman "tallas completas", que traducido viene a ser que la prenda de 2 años te sirve hasta que cumpla los 3. Vamos, que el pijama le va a hacer bolsa y tendrás que remangar el pantalón. Pero claro, lo de comprar una talla menor de la edad de tu crío, pues da hasta rabia porque nuestro chip siempre es "comprar grande para que le dure", aunque parezca que se lo ha quitado a un hermano mayor que no tiene. Calidad/precio no está mal y tienen cosas monas.
ZARA: Este es un ejemplo de lo que os comentaba de doble talla para arriba o para abajo. Las camisetas/jerséis coinciden siempre con la edad de mi hijo pero los pantalones siempre se le caen. Los tengo que coger al máximo por dentro incluso ahora que mi hijo tiene 26 meses y lleva pantalones de 18-24. Los pantalones de esta marca que nos regalan (con talla actual o mayor) suelen estar guardados unos meses hasta que se los puedo poner. Los diseños me gustan mucho y el precio correcto
BENETTON: Esta marca es siempre atractiva para la vista aunque los modelos se repitan mucho. Lo bueno es que encuentras ropa de arreglar y también deportiva para el día a día. Y suelen equilibrar bastante la oferta para niño y niña. El tallaje no me da demasiados quebraderos de cabeza. Pero encuentro la ropa carilla. Acostumbro a ir en rebajas. Buena marca para hacer regalitos cucos.
PRYMARK: No nos engañemos, esta es marca de batalla total así que no podemos esperar gran calidad. Recomiendo comprar tallas grandes porque las prendas encogen al lavar. Aquí nunca compro pantalones, solo bodies, camisetas, algún jersey o chaqueta y calcetines.
ORQUESTRA: Me parece muy buena iniciativa la de ofrecer un carnet de cliente para obtener descuentos del 50%. Este es un ejemplo de tienda en la que puedes encontrar alguna prenda especial para niño (sobre todo bebé) pero para niña hay cosas mucho más llamativas. Con el carnet, el baremo calidad/precio está muy bien. A precio original no toda la ropa que venden vale lo que marca. Por lo menos, sus tallas son lo que dicen, no hay que hacer ajustes mentales.
PRENATAL: A esta tienda solía ir en rebajas cuando mi hijo era un bebé ya que los precios caían exageradamente. Fuera de rebajas hay cosas caras para mi gusto, como los arrullos y pijamitas de bebé que, eso sí, los tienen monísimos. Aquí toca buscar y rebuscar y sí se pueden encontrar piezas bonitas. Y es que en una tienda grande con muchos artículos es lógico ver de todo. Es cómodo encontrar ropa de bebé y niño, ropa premamá, artículos de puericultura, etc
MANGO KIDS: Desafortunadamente no puedo opinar porque sus prendas son a partir de los 3 años. Y no veo el motivo por el que lo hacen, ellos sabrán. Los precios son similares a Zara y, por lo que intuyo, la calidad igual.
BÓBOLI/TUC TUC: Soy una enamorada de Tuc Tuc y Bóboli. Diseños divertidos y alegres para niños y niñas, aleluya! Las tiendas Tuc Tuc suelen tener poco stock así que puede ocurrir que te cruces con nenes vestidos igual pero vale la pena por lo guapísimos que van con sus dibujos. El precio, no os voy a engañar, es caro. Por eso vale la pena aprovechar las dos veces al año que hacen venta especial en Privalia y otros portales de venta online. Eso sí, ya os podéis poner el despertador porque a las 9h ya no queda casi nada. Y cuando os ponéis es ley de Murphy que internet vaya lento. Pero vale muchísimo la pena porque los precios son fantásticos a pesar de que sea la colección de la temporada pasada que a mi personalmente no me importa en absoluto.
Creo que he mencionado las marcas más conocidas pero no he comentado nada acerca de los zapatos. No descubro ningún secreto cuando digo que es un abuso total que nos hagan pagar por un zapato número 24 lo mismo que por uno 38. Y si no te quieres gastar ese dinero en un modelo de piel (porque te preocupas por el pie de tu hijo), has de acabar comprando esos de 20 euros de plástico que venden en la mayoría de tiendas de ropa. A sus dos años, sólo le he comprado un modelo de estos baratos y no os engaño, le sudaba el pie. Tal vez sea algo maniática con este tema ya que hasta que no se puso en pie no quise ponerle un solo zapato. Aquí sí que no hay tiendas especiales porque suelen poner los mismos precios. Y también puede ocurrir que en un modelo tu hijo se haya saltado una talla y que luego vayas a otra tienda y resulte que no, que sigue con el mismo del verano. Aunque estemos seguras de que en un mes sube de número y tengamos la tentación de comprar la bamba grande poniéndole un calcetín grueso, aquí me temo que no es aconsejable, jeje
Si alguna de vosotras quiere aconsejar alguna tienda, adelante, somos todo ojos!
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