viernes, 12 de septiembre de 2014
¿Tenemos niños o robots?
Mi pequeño es un año más mayor. El 4 de agosto cumplió 2 años y alcanzó esa edad en la que, tal y como comenté en el post anterior, el entorno médico y pedagógico presionan para que dejen de ser bebés. Puedo entender que haya un momento a partir del cual tenemos que comenzar a cambiar hábitos pero de ahí a que de manera automática tengamos que forzar a nuestros hijos a madurar en cuanto cumplen los dichosos 24 meses por ahí no paso. Lo siento pero en casa no tengo un robot.
En seguida entenderéis el por qué de mi indignación y cuando os comente que ni los propios profesionales se ponen de acuerdo entre ellos, muchos me daréis la razón. Os comenté que este verano iniciaría la operación pañal puesto que eran deberes de obligado cumplimiento por parte de la cuidadora de mi hijo en la guardería. Por pura comodidad personal, nos mandó a todas las madres quitar el pañal. Y no hará falta que os diga que entre los 13 niños (nacidos entre junio y agosto), los había preparados, medio preparados y verdes. Mi hijo estaba entre los verdes pero claro, su maestra quería quitarse la faena de encima. Y yo decidí intentarlo. Quité el pañal durante una semana. Una semana en la que conseguí algún que otro pipi y alguna que otra caca aislada en el orinal pero la mayoría fuera de éste. El día de la fiesta de su cumpleaños, entre la emoción y la pereza de abandonar los juegos para ir al baño, tuve que limpiar de todo por todos sitios. Lo peor es que al llegar a casa, con la calma, el festival continuó. Algunas madres me aconsejaron que no me obcecara, que el crío no estaba preparado y que no había ninguna prisa. Decidí hacer marcha atrás, o sea, cometer ese pecado imperdonable aún arriesgándome a causar un trauma profundo en mi niño para toda la vida. Pues os puedo decir que ni lo confundí ni lo traumé. De hecho, ni se dio cuenta de lo que había estado intentando. Y es que era un niño inmaduro que todavía no reconocía su metabolismo.
Después de hablar recientemente con una pediatra y su maestra, el mensaje es demoledor: "A los 2 años fuera pañal. Y no esperéis que los niños os pidan el pipi. A los dos años también fuera el chupete" Pero ahora viene lo mejor porque también hablé de esto con otro pediatra y otra maestra de guardería diferentes y su mensaje fue: "A partir de los 2 años se puede quitar el pañal pero sólo cuando el niño pida pipi y caca. De lo contrario, puede que los niños cojan miedo a hacerse caca encima y acaben con grandes problemas de estreñimiento" ¿En qué quedamos? ¿Los ascendemos automáticamente a niños o podemos dejarles vivir una transición suave?
Odio las presiones y más cuando se trata de bebés. Y he visto en algunas madres agobiadas cómo el proceso, que llevaría un par semanas a cualquier niño preparado, se les está alargando casi dos meses. Esto frustra a las madres y estresa a los pequeños. Si la norma es que los niños han de comenzar el cole sin pañal y eso es a los tres años, ¿por qué presionarnos cuando apenas han soplado las dos velas del pastel?
En cuanto al chupete, puedo comprender que haya problemas en la mandíbula y que es bueno reducir la dependencia poco a poco hasta quitarlo. En mi caso, se lo dejo tener sólo para dormir y en Navidad le diremos adiós. Pero estoy convencida de que este proceso le va a costar a muchos niños que conozco. ¿Es necesario quitar pañal, chupete y biberón (esto nos lo ahorramos nosotros gracias a Dios) a la vez???
Lo peor es que expliques tus problemas a tu pediatra o maestra y te miren con cara de "Espabila porque te estás columpiando" Qué rápido olvidan algunas madres que sus hijos también fueron bebés un día y que los críos todavía no llegan con botón antilloro, antipipí y comelotodo. El caso es que he decidido hacer las cosas sin prisa respetando la evolución de mi hijo mientras intento acostumbrarle al orinal y a depender menos del chupete. Y ojala las cosas se logren por naturalidad y no por presión. A fin y al cabo, hay que ayudarles a crecer.
jueves, 24 de julio de 2014
Adiós al pañal, el reto del verano
Este verano tenemos deberes. Cuando llegan los 2 años y se acerca el calor, las instrucciones de pediatras y maestras son claras: toca quitar el pañal. Pues en mi caso, los 2 años se cumplen en pleno agosto así que todo parece indicar que es el momento. Esto es algo en lo que no reflexioné demasiado antes de ser madre. Sabía lo que suponía la guardería, los sacrificios, la educación.. pero no le di importancia al pañal. Sí veía a otras madres hablando de los pipis nocturnos y cambios de sábanas de madrugada pero no le di demasiadas vueltas. No tenía que ser tan complicado pensaba. Ahora que estoy tanteando el tema sólo encuentro una palabra que defina lo que siento: PEREZA!!!!
Llevamos varias semanas intentando que mi hijo se haga amigo del orinal, ese trasto que parece utilizar a diario en la guardería y que en casa es para él un sitio más en el que descansar e incluso sobre el cual desplazarse por casa como si fuera un patinete. Ya tengo la fregona a mano y ya sé lo que es limpiar ambos deshechos del suelo. Y, sin herir sensibilidades, la situación me recuerda a la que viví con cierta mascota gatuna que tuve que se empeñaba en desahogar la vejiga en cualquier sitio menos donde debía. Con la salvedad de que mi hijo acabará razonando y aprendiendo hábitos.
El caso es que, a indicación de la maestra del niño, debería ponerlo en el orinal cada cierto tiempo:
Maestra "Ve poniéndolo cada hora y media hasta que se acostumbre"
Yo: "Puedo intentarlo pero te digo que no se está quieto"
Maestra: "Pues tiene que estar sentadito, mamá, aquí se sienta"
Yo: "Será porque ve a todos sus compañeros sentados, pero te aseguro que para conseguirlo, ahora mismo, debería atarlo"
Maestra: "No, mujer. Pues ponte seria que aquí lo hace"
Yo (pensamientos) "A esta me la traigo una tarde a casa y a ver qué me dice"
Qué manía con comparar lo que hacen los niños en clase con lo que hacen en casa. ¿Pero no se dan cuenta de que el comportamiento es diferente? ¿No se dan cuenta de que la confianza da asco y nos torean cuando quieren? Nos vacilan, nos ponen al límite y nos hacen chantaje emocional.
Luego viene la gran amenaza, esa que te hace reflexionar sobre el pañal como si fuera el mismísimo futuro de tu familia "Una vez lo quites, no hay marcha atrás" Adiós, ahora sí que la hemos hecha buena. O sea que si decido probar suerte y quitárselo durante un fin de semana, aunque se mee y cague 25 veces encima, ya no podremos volver al Dodot. Así que no hay vida más allá... Si es que parece que estés tomando una decisión a vida o muerte!! Porque según con quién hables, te aseguran que hacerlo en el momento equivocado puede causar un trauma en el niño... O todo lo contrario, que no quitarlo cuando toca es lo que puede traumar al chiquillo. Arggggggg, no sé si acudir a un psicólogo infantil para que me convenza de que este agosto es el momento adecuado. Eso sí, después de ponerte tremendista y comentar a tus amigas el dilema que no te deja dormir, siempre hay alguna que te suelta "Anda, no te mates y que se lo quiten en la guardería!" Ahí sí te rompen los esquemas y estás por decidirlo lanzando una moneda al aire.
A un día de acabar la guarde de verano y tenerlo durante un mes enterito, el balance es de dos pipis voluntarios en el orinal. El segundo, acompañado de una caca fuera del orinal a los 5 minutos exactamente de haberlo felicitado por el espléndido pipi anterior (cosa que nos demuestra que todavía no ha captado la idea). Me he dotado ya de un pack de 6 calzoncillos y 3 bañadores de batalla. Sólo me falta una fregona para casa (la vieja será para la operación pañal) e invocar a la Santa paciencia para que me acompañe estas vacaciones. Entendéis por qué este tema da una enorme pereza.
Por lo que me han comentado, esto se puede redondear ya que algunas pediatras recomiendan quitar también el chupete a la vez. ¿Están de guasa? ¿Encima que nos vamos a deslomar lavando calzoncillos, pantalones y suelos, tenemos que aguantar momentos de histeria a la vez? Un poco de piedad. Ah, y el biberón también fuera. Este último caso no es el nuestro porque apenas ha probado biberón pero entiendo, analizándolo todo, que a los 2 años quieren convertir a nuestros bebés en niños. Y no me parece mal la idea pero creo que los cambios se asimilan mejor de uno en uno. A parte de que está en juego nuestra salud mental.
Desde luego va a ser un verano de cambios, hoy mismo hemos sustituido los barrotes de la cuna por una barrera de cama. Y es que tenemos un pequeño trepador al que le da por saltar de la cuna al cambiador y cualquier día de estos no llegaremos a tiempo y decidirá probar si llega también al suelo. Llegados a este punto, hemos optado por facilitarle el traslado y, si quiere salir de la cuna, que lo haga bajando de la cama a una distancia normal. Esto se traducirá en que nos aparecerá por el comedor unas cuantas noches. En fin, mejor eso que oír un trompazo y se nos paralice el corazón.
En el próximo post celebraremos sus 2 años!!!
domingo, 29 de junio de 2014
Se acabó P1!!
Ya os he ido contando durante estos dos años lo que pensaba de la guardería, sus pros y contras y lo convencida que estaba de apuntar a mi hijo. Acaba de terminar su primer añito y ya es todo un licenciado en P1, jeje Es hora de hacer balance de este curso, valorar su evolución y lo que ha significado para él y para nosotros.
En septiembre apuntamos a un niño que no sabía caminar todavía y que prácticamente no se había relacionado nunca con ningún niño de su edad. Era un niño evidentemente mimado y con muchas tonterías a la hora de comer. Por lo demás, nada extraño para un nene de 13 meses. En cuanto a nuestra situación, pese a que muchas voces nos advertían de todas las veces que se nos iba a poner enfermo, estábamos convencidos de que, una vez comenzara yo a trabajar, no íbamos a hipotecar las vidas de los abuelos. Pese a las buenas intenciones, irremediablemente hemos tenido que recurrir a su ayuda. Pero ha sido circunstancial y no de obligado cumplimiento diario.
Así que un 12 de septiembre lanzábamos a los leones a nuestro pequeño. El sentimiento de culpabilidad hizo acto de presencia los primeros días. El niño entraba llorando y se unía al coro de llantos de toda la clase porque el sentimiento era compartido ya que todos se estrenaban. Y cada día costaba un poco más llevarlo porque ya se conocía el edificio y se olía a dónde le llevaba ese pasillo. Pero luego llegó la confirmación de que allí se lo pasaba bien y la tontería les duraba lo que tardaban los padres en salir por la puerta. Después llegaron muchas más pistas sobre lo bien que se portaban allí dentro, a la hora de comer, recoger y colaborar con las maestras. Recordaréis que dediqué entonces un post a hablar de lo mucho que nos torean los críos en casa.
Durante estos meses lo he visto cambiar mucho. A la hora de comer solo, algo que desde luego ha aprendido en clase. A la hora de relacionarse con otros niños de su edad. (Todavía ha de aprender a compartir juegos pero verlo saltar de alegría cuando se encuentra con un compañero suyo fuera del entorno escolar no tiene precio) A la hora de hablar y cantar canciones. (Madre mía, si es que no calla!) En cuanto a la psicomotricidad también. La asignatura pendiente de este verano va a ser el orinal. En el cole lo utiliza a diario y en casa no hay manera aunque he de decir que no disponemos del tiempo que haría falta. Este verano iniciaremos operación pañal y desde luego me desahogaré por aquí porque presiento que nos va a traer de cabeza. En definitiva, no digo que todas estas cosas no las hubiera aprendido en casa pero estoy segura de que hubiera sido a otro ritmo muy diferente.
En cuanto a mi misma, he descubierto en las otras madres una relación de complicidad muy muy positiva cuando eres madre primeriza y te asaltan dudas de todo tipo, superficiales o trascendentales. Y hacemos eso que no se puede evitar, eso que va con el carnet de madre y de lo que tanto os he hablado cuando te estrenas en esta materia: comparar! Y todo cabe en esta categoría: si les han salido los mismos granitos, si duermen igual de bien, si uno come triturado y el otro a trocitos o si a uno le han quitado el pañal antes que a otro. Hay vía libre y sale natural.
En conclusión, hago un balance positivo de este primer año de guardería. Y si algunas os preguntáis si destacaría algo negativo, no os negaré que se ponen enfermos. Sí, definitivamente sí. Pero pensar en ello es una tontería porque no hay dos niños iguales y no hay una regla absoluta. Por otro lado, algo que estoy notando en una semana que lleva sin ir a la guardería es que se ha desatado, está descontrolado y se ha vuelto muy tozudo. ¿Será la falta de orden? ¿Qué no nos imponemos lo suficiente? ¿Es la crisis de los 2 años? ¿Es que los niños son siempre más nerviosos? No tengo la respuesta pero lanzo un S.O S.
Mañana comienza el casal de verano. Esperemos que el sol no caliente más los nervios!
domingo, 15 de junio de 2014
El reality que viene: parir en medio de la naturaleza
Por suerte, cada vez tenemos más derecho y libertad para decidir cómo queremos traer a nuestros hijos al mundo. Podemos decidir cómo queremos vivir las horas previas, hasta qué punto queremos medicación, qué grado de intimidad deseamos, si queremos dar a luz en el agua, etc. Es cierto que ya no es estrictamente necesario dar a luz en un quirófano. Y todo esto debería ser decisión nuestra siempre que un médico lo viera seguro. Yo no lo veo mal aunque personalmente me gusta ser precavida y prefiero pecar por serlo demasiado a que un exceso de confianza me diera un día algún susto. Pero, como en casi todo en la vida, hay extremos. Hay mujeres puristas, románticas, naturistas o llamadlas como queráis que han escogido traer a sus hijo al mundo en un entorno 100% natural. Tan natural como un mismísimo bosque Y de eso, amigas, ha salido un nuevo show televisivo.
Así es, lo que hasta hace poco nos parecía algo íntimo y estrictamente privado, es ahora un reality de televisión. No voy a entrar en lo que pueda pensar la madre o el padre de esa mujer o su propio hijo cuando sea mayor. Me voy a centrar únicamente en lo conveniente que puede ser eso o no para un bebé y su madre. El vídeo de un parto natural junto a un arroyo en un bosque causó tal sensación en YouTube que llegó a recibir más de 20 millones de visitas. Unos directivos televisivos estadounidenses han visto un filón y Lifetime TV ya ha anunciado el nuevo programa Born in the wild que reclutará parturientas dispuestas a ofrecer su propia experiencia delante de las cámaras. Para aquellos escandalizados ante el riesgo que aparentemente conlleva este tipo de partos sin asistencia, la cadena nos ha tranquilizado diciendo que no se permitirá que participen primerizas y que, por si las moscas, habrá personal médico y un hospital cerca. Eso está mucho mejor. Si se produce alguna hemorragia, habrá alguien para taponar la herida y, si no hay tráfico, llegarán pronto a un quirófano si es que no se ha desmayado antes la madre. No soy médico pero lo siento, a mi no me convencen.
Hace poco comenté en el programa en el que trabajo que no comparto la postura de las "hooligans" del parto natural. Utilizo esa expresión para referirme a las radicales que anteponen su convicción personal a la seguridad. Cierto es que dar a luz es algo natural que ha existido desde el principio de los tiempos y que cada vez se controla más (para algunas en exceso). Pero no es menos cierto que, gracias a esos controles médicos y a que la medicina en sí ha avanzado enormemente en los últimos siglos, cada vez se producen menos muertes. Antes morían infinidad de madres y bebés en el parto. Ahora eso sucede en casos muy muy puntuales. En mi comentario apuntaba a que me parecía "bien" que las mujeres pusieran en riesgo su vida si ellas lo querían puesto que ya eran mayorcitas. Pero me parecía una irresponsabilidad de cara al bebé que no puede decidir. Los pequeños se merecen toda la atención posible y, sobre todo, la garantía de que se podrá actuar de manera inmediata si ocurre cualquier cosa. Un bebé no valorará el canto de los pájaros o grillos al salir del vientre de su madre pero sí una rápida actuación si al final es necesaria una cesárea de urgencia. Y es que lo que puede parecer un parto sin problemas para una madre con experiencia se puede acabar convirtiendo en un parto complicado y peligroso. Yo misma conozco alguna madre que, de no haber estado en un hospital, se hubiera desangrado.
No me sirve que las parturientas televisivas estén acompañadas por médicos ya que estos están limitados en un entorno natural. Y no es lo mismo tardar dos minutos en llegar a un quirófano que subir a la madre a una ambulancia y conducir hasta el hospital. Aunque ocurriera una vez de cada millón. Y lo peor de todo esto ya no es el show mediático, es que este vídeo puede enloquecer a muchas mujeres que desearían poder vivir algo así. Quién no nos dice que alguna ya lo habrá intentado. Leo que algunas optan por esta opción natural después de una experiencia insatisfactoria en hospitales. Pues tal vez deberíamos plantearnos cómo podemos mejorar la atención a las madres en los centros hospitalarios antes de que se planten una colchoneta debajo de un árbol.
Mientras tanto, el morbo está servido. Tanta tecnología y tan modernos que somos y pronto volveremos a vivir en cuevas. Eso sí, pónganme una cámara que después lo quiero ver todo desde casita en prime time.
Así es, lo que hasta hace poco nos parecía algo íntimo y estrictamente privado, es ahora un reality de televisión. No voy a entrar en lo que pueda pensar la madre o el padre de esa mujer o su propio hijo cuando sea mayor. Me voy a centrar únicamente en lo conveniente que puede ser eso o no para un bebé y su madre. El vídeo de un parto natural junto a un arroyo en un bosque causó tal sensación en YouTube que llegó a recibir más de 20 millones de visitas. Unos directivos televisivos estadounidenses han visto un filón y Lifetime TV ya ha anunciado el nuevo programa Born in the wild que reclutará parturientas dispuestas a ofrecer su propia experiencia delante de las cámaras. Para aquellos escandalizados ante el riesgo que aparentemente conlleva este tipo de partos sin asistencia, la cadena nos ha tranquilizado diciendo que no se permitirá que participen primerizas y que, por si las moscas, habrá personal médico y un hospital cerca. Eso está mucho mejor. Si se produce alguna hemorragia, habrá alguien para taponar la herida y, si no hay tráfico, llegarán pronto a un quirófano si es que no se ha desmayado antes la madre. No soy médico pero lo siento, a mi no me convencen.
Hace poco comenté en el programa en el que trabajo que no comparto la postura de las "hooligans" del parto natural. Utilizo esa expresión para referirme a las radicales que anteponen su convicción personal a la seguridad. Cierto es que dar a luz es algo natural que ha existido desde el principio de los tiempos y que cada vez se controla más (para algunas en exceso). Pero no es menos cierto que, gracias a esos controles médicos y a que la medicina en sí ha avanzado enormemente en los últimos siglos, cada vez se producen menos muertes. Antes morían infinidad de madres y bebés en el parto. Ahora eso sucede en casos muy muy puntuales. En mi comentario apuntaba a que me parecía "bien" que las mujeres pusieran en riesgo su vida si ellas lo querían puesto que ya eran mayorcitas. Pero me parecía una irresponsabilidad de cara al bebé que no puede decidir. Los pequeños se merecen toda la atención posible y, sobre todo, la garantía de que se podrá actuar de manera inmediata si ocurre cualquier cosa. Un bebé no valorará el canto de los pájaros o grillos al salir del vientre de su madre pero sí una rápida actuación si al final es necesaria una cesárea de urgencia. Y es que lo que puede parecer un parto sin problemas para una madre con experiencia se puede acabar convirtiendo en un parto complicado y peligroso. Yo misma conozco alguna madre que, de no haber estado en un hospital, se hubiera desangrado.
No me sirve que las parturientas televisivas estén acompañadas por médicos ya que estos están limitados en un entorno natural. Y no es lo mismo tardar dos minutos en llegar a un quirófano que subir a la madre a una ambulancia y conducir hasta el hospital. Aunque ocurriera una vez de cada millón. Y lo peor de todo esto ya no es el show mediático, es que este vídeo puede enloquecer a muchas mujeres que desearían poder vivir algo así. Quién no nos dice que alguna ya lo habrá intentado. Leo que algunas optan por esta opción natural después de una experiencia insatisfactoria en hospitales. Pues tal vez deberíamos plantearnos cómo podemos mejorar la atención a las madres en los centros hospitalarios antes de que se planten una colchoneta debajo de un árbol.
Mientras tanto, el morbo está servido. Tanta tecnología y tan modernos que somos y pronto volveremos a vivir en cuevas. Eso sí, pónganme una cámara que después lo quiero ver todo desde casita en prime time.
lunes, 12 de mayo de 2014
First Aid Kids
Hay accidentes comunes y situaciones que nos dan margen para valorar, tirar de Dalsy y esperar para ver si hay que ir de urgencias o no. Pero existen otras más serias, otras que ocurren muy de vez en cuando y que a lo mejor, afortunadamente, nunca tendremos que afrontar. Aún así, no está de más conocer lo que podemos hacer dentro de nuestras posibilidades.
Buscando por Internet, hace unos meses encontramos la página de First Aid Kids, http://www.firstaidkids.es/, creada por un grupo de amigos y profesionales del sector médico dedicados a impartir cursos de primeros auxilios para bebés y niños. Varios de los componentes de este grupo trabajan en el 112. Nos explicaban lo importante que es para ellos mismos que los padres sepan cómo reaccionar en según qué casos. Y es que un simple atragantamiento con un trozo de fruta o una pieza de juguete puede causar ahogamiento y, por muy rápido que se desplace una unidad de emergencias, puede ser demasiado tarde para la criatura. Lo mismo que una caída accidental en la piscina. Los del 112 nos explicaban que se sentían frustrados al ver que los padres se paralizaban esperando su llegada o a veces salían corriendo a por el coche en vez de practicar una sencilla maniobra para expulsar el objeto que se habían tragado y el posterior Soporte Vital Básico para conseguir que volviera a respirar su hijo. Son movimientos que hemos visto mil veces en televisión y muy efectivos si se realizan correctamente. Es normal que el miedo nos paralice sólo de pensarlo pero estoy segura de que haríamos lo que hiciera falta si nuestro hijo se ahogara o perdiera el conocimiento.
En este curso nos explicaron que luchan por concienciar a las escuelas y guarderías de lo importante que es que los monitores y maestros sepan toda esta teoría. Incluso llegaron a ofrecer las tres horas de curso de manera gratuíta en una escuela. Pero los maestros no tenían tiempo... Me marché de allí pensando en las maestras responsables de la vida de mi hijo ocho horas diarias. ¿Sabrían cómo reaccionar si mi pequeño se atragantara? Pasaron por mi mente algunos tristes casos que había leído recientemente en la prensa. Casos que me pusieron los pelos de punta y me indignaron. Y pensé que no tener estos conocimientos teniendo al cuidado niños de esta edad debería ser motivo suficiente de despido.
Os animo a que os informéis y leáis toda la información práctica que ofrecen en este curso. Explican cualquier situación de la vida diaria en la que se dan golpes, se abren heridas, sufren picaduras, mordeduras, intoxicaciones... ¿Qué tenemos que hacer? Y también, ¿Qué es lo que NO tenemos que hacer? Os sorprendería la cantidad de cosas que hacemos mal aplicando ese remedio casero de toda la vida.
Nos marchamos del curso contentos por haber aprendido, por saber que nuestro pequeño está un poco más seguro con nosotros. No somos médicos ni lo seremos nunca pero creed que con muy poquito podemos salvar una vida.
lunes, 21 de abril de 2014
El mejor momento para ir a por el segundo... ¿existe?
El año pasado os comentaba que tener el segundo niño era cuestión de querer, de animarse y lanzarse al agua. Continúo pensando lo mismo aunque soy más consciente de hasta qué punto precisa de una profunda mentalización y gran sacrificio. Gran parte de mi entorno de mamis está metido de lleno en la operación "dúo". Y no os miento si os digo que la situación de verse con dos ha puesto a prueba a estas parejas. Creemos que cuando tenemos controlado a un hijo ya sabemos de qué va la película, que con el segundo estará todo más encarrilado. No puedo hablar por experiencia propia pero la cosa es mucho más dura de lo que parece. Y no pretendo asustaros, nada más lejos de mi intención, porque también os diré que ninguna de estas parejas desesperadas daría un paso atrás.
¿Y cuando es el mejor momento para tener el segundo hijo? ¿Han de llevarse poco? ¿O es mejor esperar a que el primero sea suficientemente autónomo? ¿Laboralmente es posible encontrar el momento más seguro? La mayoría de veces, lo que aprieta es la edad de la mujer y lo que tira atrás es la situación económica. Hay padres que se guían por la practicidad y tienen muy claro que prefieren vivir los primeros años de sus hijos a la vez en lugar de acabar con un pañal y a los pocos años comenzar de nuevo con otro. O no compaginar guardería y colegio durante muchos años porque lo más cómodo es hacer un único viaje cada mañana con los dos niños. Y es que ya se sabe que como la guardería esté en una zona y el colegio del mayor en la otra punta, las malabares para llevarlos y recogerlos cada día pueden ser de aúpa.
Pero como digo, hoy en día aprieta mucho la edad y no es como antes que los hijos se podían llevar 5 o incluso 10 años como me llevo yo con mi hermano. Si el primero lo tenían con 23 años, podían esperar perfectamente hasta la treintena para tener el segundo. Hoy tenemos el primero cuando en antaño tenían el segundo o el tercero. Lo de tener tres en la actualidad está reservado para las celebrities y los valientes. Retomando el hilo, hoy nos aprieta el reloj biológico. Tener un hijo cansa y se nos nota en la cara. Lo de no dormir del tirón más que de vez en cuando durante los primeros años pasa factura. Y te das cuenta de que te haces mayor cuando comparas las cinco horas que duermes ahora con las cinco que dormías con 20 años y llegas a la conclusión de que es mucho peor la resaca infantil que la alcohólica.
Tener el segundo es volver a empezar con todo pero con menos inseguridades que antes. Por lo menos, con menos carreras a urgencias. Pero a parte de los aspectos "pesados", también significa revivir cosas preciosas como el embarazo, las ecografías, la primera vez que le ves la carita, cuando se duerme en tu pecho... Y no nos engañemos, hace ilusión darle un hermano al mayor. Lo de la etapa de los celos y pérdida del trono ya es harina de otro costal y algo de lo que hablaré cuando lo viva.
Admito que ya estamos pensando en el segundo. Dicen que con el segundo no hay tanta ansiedad como la primera vez porque ya tienes uno. Pues reconozco que estoy tan ilusionada o más que la primera vez pero algo más asustada porque sé lo que conlleva y no tengo ni idea de cómo nos organizaremos ya que somos las mismas manos, los mismos abuelos y habrá una personita extra a parte del trasto que ya reina en la casa. Eso sí, en el horizonte atisbo un piso con una habitación extra ;-)
En definitiva, creo que no existe un "mejor momento" pero sí sientes cuando es el momento. Y aunque puede ser una locura, siempre será una locura maravillosa a la que todos sobreviven.
Y ahora comienzan las conjeturas de pareja:
"Mejor otro niño? O vamos a por la parejita?"
"Estaría bien la pareja pero entre dos niños pueden jugar más.."
"Seguro, pero un niño y una niña es lo más"
"Sí, pero otro niño podría aprovechar tooodo lo de su hermano!"
" Y qué más da si no nacerán en la misma época??"
"Vamos a preguntarle al nene a ver qué prefiere. Quieres hermanito o hermanita??
" Pocoyo!!"
"Muy bien, ya le preguntaremos más adelante..." :S
Y quién no haya tenido este debate con el segundo embarazo que tire la primera piedra! ;-P
lunes, 24 de marzo de 2014
De querer parar el tiempo a darle cuerda al reloj
Este título de post tan rebuscado resume la sensación que tengo ahora con mi hijo a punto de cumplir los 20 meses. Si meses atrás reflexionaba sobre la pena de tener prisa porque el bebé gatee, se levante, camine y hable sin disfrutar de cada etapa, sin rectificar lo que dije, ahora reconozco que tengo ganas de saltar a la siguiente base. Y soy consciente de que cada fase tiene sus pros y contras, pero ya toca ver la luz en según qué aspectos.
La comunicación "intuitiva" es todo lo que tenemos cuando nuestros bebés no saben decirnos con palabras dónde les duele o qué les hace rabiar. Por el momento, damos palos de ciego cuando se despierta llorando de madrugada. ¿Tendrá fiebre? ¿Le dolerá la barriga? ¿Es por la tos? Si todo falla, siempre lo podemos achacar a que le están saliendo los dientes, es un clásico. Creo que sería de gran utilidad dedicar unas horas a enseñarles a decir "Boca, duele" intercalado con los colores y los números. Sí, necesito ya un poco de conexión comunicativa con mi hijo.
Con el tema comida podría llenar todos los posts de aquí a diciembre pero no quiero aburriros así que tan sólo señalaré que el vacile con la comida me tiene minada la moral, a mi por completo y a su maestra en la guardería se le debe estar agotando la paciencia porque ya nos ha citado para hablar. Selecciona lo que come y lo que no, lo que mastica y lo que no y según le da, opta por comer, escupir y volver a comer. Según la textura, va al suelo. Y según las ganas de jugar, tocará el tambor con el plato, que cuanto más salpique más nos reiremos. Necesito, me urge, rezo por lograr un poco de orden en lo que a comer se refiere. Todos me dicen que habrá tiempo, que todo llega. Pues si se puede avanzar un poquito no me importará, os lo aseguro.
La inconsciencia es igual a peligro constante. En este último mes hemos salido un par de veces de casa rural y no os voy a detallar la cantidad desmesurada de bártulos que hemos tenido que llevar para un par de días. Encima, os creeréis que en cada ocasión nos hemos olvidado alguna cosa. Pero no es a eso a lo que iba. Un niño de 19 meses no sabe que el fuego de la chimenea le puede quemar, ni que no puede bajar escalones altos sin mirar al suelo, o que no se puede asomar con medio cuerpo a la piscina y por supuesto no entiende que ese Guau Guau tan aparentemente gracioso está ladrando con toda su mala leche y si le acerca el dedo se quedará sin. Esto equivale a un constante "¿Está alguien con el niño? ¡Mierda, ¿no estaba contigo???!" Que sí, que me diréis que con 4 años también hay un punto de inconsciencia salvaje. de acuerdo, pero por lo menos ya se levantan solos. ¿Para cuando un poquito más de autonomía?
Por lo demás, siempre podría pedir un pequeño adelanto para que llegue ya el día en que estrene ese maravilloso orinal al que le saco el polvo cada semana y que parece no reconocer pese a que es igualito al que SI utiliza en la guardería para sus cacas y pipís. Pero no voy a abusar que con poco me conformo. En todos estos casos reconozco que no me importaría ganar un poco de tiempo.
Y también me hubiera gustado ganar ese tiempo para poder aprovechar una interesante iniciativa de Kínder Chocolate en su última campaña ·"Actívate con Kínder Chocolate". Ofrece actividades extraescolares a niños de a partir de los 3 años dentro del ámbito del arte, deporte, música o idiomas. Me parece importantísimo incentivar el desarrollo de la creatividad y la realización personal de los más peques. Más allá del ámbito escolar, los niños pueden divertirse y seguir aprendiendo con multitud de actividades. Motivar la mente despertando los sentidos y mover el cuerpo es la combinación perfecta. En nuestro caso, llevamos a nuestro peque a piscina desde antes de cumplir el añito y en breve lo llevaremos a sus primeras clases de inglés aunque está claro que todavía no ha demostrado preferencia por nada y somos nosotros los que decidimos por él. Desde bien pequeños, los niños son esponjas que lo absorben todo así que sería una lástima no estimularlos con cualquiera de estas actividades. Si queréis más información acerca de esta promoción, podéis informaros en este enlace: www.
Hasta pronto mamis!!
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