jueves, 23 de enero de 2014

In Vitros Inconfesables


Hasta que nos lanzamos a buscar el bebé no tenemos ni idea de si la criatura va llegar rápido o no. Por supuesto, nos imaginamos ese momento en el que nos hacemos el test de embarazo en el baño de casa, sale positivo y damos la noticia a nuestro marido con una sorpresa inolvidable. Pero no siempre sale todo rodado. A veces se hace esperar meses e incluso años. Y entonces llegan las pruebas médicas y con ellas un diagnóstico, probablemente, de infertilidad. Esto suele frustrar a las parejas. Y no es fácil reconocer abiertamente que hay un problema y que se necesita ayuda especializada. Para muchos se convierte en un secreto, incluso tras nacer el esperado retoño.

Tenemos mucho que agradecer a la ciencia. Y es que, gracias a ella, muchas parejas pueden hoy en día ser padres biológicos pese a que sus problemas de fertilidad, estén relacionados con la mujer o con el hombre (aunque siempre con matices, claro). Por ello, hoy se convierten en madres mujeres de más de 40 años y ya no es un escollo insalvable que los espermatozoides sean vagos. Existen las inseminaciones artificiales y las fecundaciones In Vitro por no hablar de los bancos de semen o los vientres de alquiler aunque esto último no se haya normalizado tanto en nuestra sociedad. Décadas atrás, una pareja poco fértil debía renunciar a tener un hijo o bien mover cielo y tierra para adoptar uno.

Pese a que los tratamientos de fertilidad están al orden del día, más aún con la contaminación que tenemos, el estrés y los malos hábitos de vida, todavía hay quién no quiere hablar abiertamente de que ha recurrido a ayuda para conseguir el embarazo. Y no me estoy refiriendo a explicarlo a la vecina, el kioskero o la peluquera, no, me refiero a que hay parejas que lo ocultan a sus propios amigos. Vaya por delante que respeto los sentimientos de todos pero no veo natural esa postura. Para mi, quedarse embarazada es lo más bonito que le puede pasar a una mujer y es el sueño cumplido de la inmensa mayoría. ¿Qué más da si ha habido un tratamiento? Lo importante no es cómo se llega si no llegar. Y si hoy podemos contar con esa ayuda, con más razón aún hay que celebrarlo. No sé si se trata de vergüenza, orgullo o querer aparentar que todo ha ido genial y a la primera. Y esto sí que me da rabia, la expresión “A la primera”, como si se tratara de meter canasta. Porque si ha sido a la segunda o a la quinta, no se dice nada, claro. Repito, ¿Y qué más da? Por supuesto, si delante hay una pareja a la que les ha llevado un tiempo conseguir el deseado embarazo, lo de recitar el cuento de la puntería de oro sobra. Porque sabemos que perseguir el embarazo puede producir ansiedad. Para algunas mujeres se convierte en obsesión y si encima han de escuchar a otra decir que sólo una vez que hicieron el tonto dieron en la diana, la frustración que esto les producirá no las ayudará en absoluto. Así que sensibilidad durante la búsqueda sí, naturalidad con el embarazo, también, vacile con la puntería, no, gracias.

Es curiosa la situación de saber cuando una pareja ha recurrido a una Fecundación In Vitro pero tener que disimular cuando te dan la noticia de que vienen dos. Optas por no hacer la inevitable pregunta de si en la familia hay antecedentes de gemelos, más que nada por no ponerlos en un aprieto. Y te dedicas a celebrar el regalo doble que les va a llegar. Y por dentro piensas “¿Por qué ha de ser un secreto? ¿Él se sentirá menos hombre por tener un problema?” No lo entiendes pero lo respetas y sigues el juego. ¿Y qué decir de parejas a las que les cuentas tu experiencia pero cuando les toca a ellos, callan y te enteras por otro lado de que se sometieron a un tratamiento tras un aborto.

Para algunos, las FIV se han convertido en algo inconfesable como titulo en este post. Seguramente, para muchas esto sea algo demasiado intimo aunque me parece igual de intimo que me expliquen con detalle la noche en la que se liaron la manta a la cabeza y encargaron a su retoño. Pero, como digo, hay que respetar todas las posturas. Por suerte, sigues escuchando casos de embarazos “milagrosos”, esos que llegan de forma natural después de abortos, primeros bebés por In Vitro o incluso habiendo adoptado un par de niños rusos tras superar un cáncer. Eso sí que es un regalo de la naturaleza. ¿Y a que apetece celebrarlo en voz alta? Pues como todos los niños, vengan como vengan y cuesten lo que cuesten. Porque lo importante es el qué y no el cómo.


domingo, 12 de enero de 2014

Entretener a los niños en casa




Hace unos días, la autora del Blog "No soy una drama mamá" dedicaba un post a un tema que yo misma le sugerí porque me interesaba especialmente: cómo conseguir tener entretenidos a los niños en casa. A ciertas edades tempranas es complicadísimo que los peques se distraigan un rato largo en casa. Esto conlleva que nosotras no tengamos ni cinco minutos para hacer cualquier tarea o sencillamente relajarnos. Así que hasta que llega esa edad en la que pasan las horas en su cuarto con sus juguetes, toca echarle imaginación al asunto o acostumbrarse a llevar un perrito faldero enganchado a nosotras por toda la casa. Lo malo es que suelen ser perritos falderos terroristas a los que no se les ocurre una idea buena.

Mi hijo tiene más juguetes de los que necesita y sabe utilizar y lo más divertido para él es pasear las piezas, porque todo lo que entra por casa tiene un mínimo de diez piezas, por toda la casa. Así, acabo encontrando formas del Lego en la cesta de la ropa sucia, debajo de la mesa, debajo del sofá, en su bañera, en la bolsa del reciclaje y en cualquier rincón insospechado de su cuarto. Perseguirnos es, por supuesto, su hobby preferido y, como dije en el anterior post, colarse en los sitios más peligrosos es su adicción. Así que mientras no podemos estar con él en su habitación enseñándole juegos, se convierte en nuestra sombra. Porque, decididamente, a los 17 meses todavía no funciona lo de los dibujos animados. Si sale alguna canción, puede que se acerque a la pantalla pero un capítulo de Dora la Exploradora no lo aguanta ni en broma. Lo de Baby Beethoven todavía cuela de tanto en tanto pero me temo que los 12 meses de emisión continuada lo han quemado demasiado.

Carmen nos recomendaba los juegos de construcción. Por supuesto, es de lo que más tiene. Pero tiene toda la razón del mundo cuando comenta que la destrucción es más bien lo que les entusiasma a estas edades. Nosotros construimos y él lanza al suelo. Esto sieeempre va seguido de una carcajada. Por muchas veces que lo repitas, se troncha en cuanto cae al suelo. Y si fingimos horrorizarnos para hacerlo reír, ya lo tenemos en el bote. Pero como dice una amiga mía, la etapa de los cinco minutos es larga y pesada. Si, amig@s, nada le entretiene más de cinco minutos. Ni los puzzles, ni el Lego, ni los coches...Quemas un juego y ya has de pensar en otro. En realidad, somos nosotros los que utilizamos los juguetes y ellos miran, tocan, tiran al suelo y, de paso, aprenden cada día un poco más. Pero no nos engañemos, tenemos que ser nosotros los que nos metamos en el fregao, por lo menos a la edad de mi hijo.

Lo de pintar está verde en casa. Algún rayote hace pero creo que todavía no le ha cogido el tranquillo. O tal vez no le guste todavía, porque al fin y al cabo, lo que toca es que raye y raye. A veces pienso que a los niños les ponemos demasiados juguetes delante y no tienen tiempo de aprender a jugar con cada cosa porque reciben demasiados estímulos a la vez. Unos hacen música, otros corren por el suelo, con otros se construyen cosas, otros son peluches que cantan canciones, luego están los puzzles, los lápices de colores y no nos olvidemos de la moto! En Navidad es un no parar de juguetes nuevos. Y a esta edad, creo que con un par o tres iría sobrado. Si ni tan siquiera pide nada!

Lo de jugar con otros niños es otra cosa que aún ha de madurar y tengo ganas de que llegue ya el momento de relacionarse de verdad con otros nenes. Aunque es gracioso ver como los mayores lo persiguen para jugar y él va a su bola. Seguramente en un par de años se inviertan los papeles. Él los perseguirá y los mayores se aburrirán porque no les puede seguir el ritmo. Si tuviera un hermanito, seguramente todo sería diferente. Veremos qué ocurre cuando él sea el mayor de la casa.

En resumen, he de decir que a esta edad, hay que echarle paciencia para que aprenda juegos básicos y, como comentaba otras veces en este Blog, sólo se divierten con nosotros. Lanzar las cosas al suelo es la máxima diversión, eso y tocar todo lo que se les ponga por delante. Aunque se trate de patatas y cebollas que luego tocará recoger en el pasillo. Propósito de año nuevo: comprar candados para cocina y baños. Continuamente hay que tener un ojo encima de los niños a esta edad, no nos podemos distraer ni un segundo. Y si es en casa ajena, todavía más! A mis padres ya les he redistribuido decoraciones delicadas y ruidosas en estanterías superiores.

Otro día hablaremos de los parques. De como las madres novatas nos preocupamos al principio porque no queremos que se llenen los zapatos de tierra o se ensucien demasiado la ropa y al final dejaremos que vuelvan negros a casa porque lo que toca es que se rebocen. En mi última visita al parque me tocó lavarle la boca de tierra pero prometo reconciliarme con estos jardines de recreo.

Así que no desesperéis si se os agotan las ideas en casa porque los niños se las inventan todas para distraerse. Y la gran mayoría de veces, lo más simple es lo más efectivo!

sábado, 28 de diciembre de 2013

Segundas Navidades con niño



Antes que nada, me gustaría desearos unas muy felices fiestas. Espero que hayan comenzado con mucha alegría y relax. Aunque lo de relax puede ser relativo dependiendo de la edad de los niños. Estas están siendo mis segundas Navidades con peque y puedo decir que todo es mucho más difícil, sobre todo cuando hablamos de un bebé de 16 meses. Pero como llevo una niña dentro, sobre todo en esta época del año, nadie me gana en actitud!!

Puede parecer una tontería pero cualquier cosa que años antes hacíamos en unas pocas horas, ahora es mucho más complicado y, por consecuencia, las pilas se nos agotan muuucho antes. Aprovechando que tengo unos días de vacaciones, decidí disfrutar al máximo de mi hijo. Dicho y hecho, el nene se ha convertido en mi sombra. ¿Qué problema puede haber en hacer las compras navideñas, preparar la cena de Nochebuena, ir a buscar regalitos y pasear con él arriba y abajo? Pues bien, para comenzar, ese bebito que el año pasado iba durmiendo en su cuco casi todo el día, en ese cochecito en el que abajo podía poner toda la compra sin problema...pues ese bebito se ha hecho mayor y el Casualplay es ahora un Maclaren con capacidad limitada. Así que el niño se agobia, protesta, se cuece con su plumón, gorro y bufanda, y en lugar de ir una vez al supermercado, hay que ir a comprar en tres tandas con bolsas colgando de las orejas.

A la hora de preparar la casa y la cena para nueve personas, tienes una personita tocándolo todo, lanzando juguetes contra el árbol de Navidad y, por supuesto, acercándose al peligro, si puede ser debajo de los fogones encendidos, mejor que mejor. Así que si antes eran cuatro manos las encargadas de prepararlo todo, ahora dos de ellas se tienen que dedicar en exclusiva a entretener y vigilar al niño si no queremos quedarnos sin copas. ¿Qué quiere decir eso? Pues que te encargas tu solita de toda la cocina y para cuando llega la familia ya estás para sentarte en el sofá.

¿Qué ocurre durante las cenas o comidas? Pues por experiencia propia y reciente, se acabó lo de comer un plato sin levantarse. En Nochebuena se juntaron mi hijo y mi sobrina, sólo cinco meses mayor que él. A los 15 minutos ya querían bajarse de la trona así que comenzaron a revolotear por el comedor. De nada sirvió traer los juguetes para tenerlos controlados. Mientras uno iba a buscar constantemente al abuelo para que se levantara a jugar, la otra lo perseguía. Así que después del primer plato, los niños y parte de la familia ya estaban en el cuarto jugando. Creo que todos sentados juntos a la mesa sólo estuvimos unos diez minutos. Por supuesto, esa noche el niño se acostó a las doce de la noche. ¿Y creéis que lo compensó por la mañana? Ni de broma.

Lo de ir a pasear y buscar regalos es parecido a lo del supermercado sólo que con mucho más bullicio de gente y calor, mucho calor. ¿Por qué no tienen piedad de nosotros y bajan la calefacción si la tienda está llena hasta los topes? Cuando llevas tres o cuatro tiendas con el nene en el cochecito, te da pena ver esa carita de resignación. Y si decides sacarlo para que camine mientras esperas a que te atiendan, probablemente sientas cómo la dependienta te clava la mirada y parece que la oigas decir “Más te vale tener controlado a ese monstruito”

¿Y qué me decís de buscar un puñetero ascensor en el típico centro comercial de ocho entradas laterales y tres plantas? Lo peor es encontrarlo y tener que hacer cola de diez minutos para meterte en calzador entre guiris y jóvenes a los que no les da la gana bajar por las escaleras mecánicas.  Realmente, moverse con el cochecito por según qué sitios es un acto de fe. Pido un carril cochecito YA!

Este año nuestro peque no entiende de Reyes Magos ni Papa Noel así que los regalos pueden estar desperdigados por la casa que no pregunta, si acaso mete mano. Pero pronto habrá que disimular y esconder. Efectivamente, amigas, mi pregunta a la desesperada es ¿¿Dónde narices voy a meter todo esto?? Sé de amigos que recurrieron al maletero del coche. Realmente, habrá que echarle imaginación porque los niños lo tocan todo. Y como novatos que somos, todavía no nos hemos acostumbrado a dejar las cosas importantes en alto. A modo de anécdota os diré que ya hemos tenido que anular alguna que otra tarjeta de crédito ante la duda de que la hubiéramos perdido por ahí. Por supuesto, nunca salió de casa.

Pese a que todo es más estresante y la logística se ha complicado, las fiestas con niños son infinitamente más alegres. Eso sí, todavía es una tontería gastar dinero en juguetes. Las piezas de espuma de su alfrombra de juegos y las pinzas de la ropa siguen siendo sus juguetes favoritos. Así que, queridos Reyes Magos, pasad de largo de El Corte Inglés y paseaos por un Schlecker, que de paso hacéis un favor a mamá ;-)

Feliz 2014 a tod@s!!!



viernes, 13 de diciembre de 2013

Aprendiendo rápido



Siento tener esto tan parado las últimas semanas pero me faltan horas para hacer todo lo que querría. Y lo hemos tenido algo enfermo otra vez. No voy a volver a hablar de la guardería y sus omnipresentes virus, sólo voy a pedir que se cumpla esa teoría con la que me consuelan muchas: que toda la fiebre que está pasando ahora lo convertirá en un niño más fuerte con defensas de hierro. Tiene que haber compensación por algún lado!! Pero no anda sobre bronquitis ni otitis el post de hoy sino de que me he dado cuenta de que en el último mes mi hijo ha cambiado. Sí, ese bebito que aprendía a caminar y a llevar cositas de una habitación a otra, ese renacuajo al que se le pasaban las horas jugando con las pinzas de la ropa, ese mismo está aprendiendo a una velocidad impresionante.

Como buena novata que soy en esto de ser madre, no sabía cuando ni cómo me daría cuenta por ejemplo de que mi hijo entiende lo que le digo. Que lo de repetir "mama", "papa" y "guau guau" lo tuvo claro desde prontito, eso estaba claro. Pero resulta que ya comprende cuando le decimos que coja algo y lo ponga en su sitio, que se lo lleve a su abuelo, que nos de la manita, que toca dormir o tomar la medicina, y así un largo etcétera. Pensadlo un momento. Pasar de hacerlo todo tú automáticamente con él a decirle que haga algo solo y este lo haga es un paso adelante que, sinceramente, cuando lo ves por primera vez te deja con la boca abierta. Por ejemplo con los juegos: Esa piececita que nunca entraba por el agujero correspondiente, la mete bien! Las figuritas de madera  que forman un marco ahora las encaja a la primera en su sitio correcto. Apila los cubiletes uno encima del otro. Y qué decir que cuando llega cualquiera a casa y lo agarra de la mano hasta su habitación, enciende la luz y lo sienta a jugar con él. Es entonces cuando pienso "Espera, esto, ¿desde cuando narices lo hace? ¿¿Tan rápidamente me pasa su vida que ni me entero?? A las madres veteranas os parecerá muy normal tratándose de un niño de 16 meses. Igual hasta alguna cree que esto muchos lo hacen antes, no tengo la menor idea. Pero estoy segura de que cuando os fuisteis dando cuenta de lo que aprendían vuestros hijos, os emocionasteis igual.

Puedes calcular cuando tu hijo aprenderá a leer, a pintar o a sumar 2 + 2. La guardería y el colegio te guían de alguna manera. Pero los instintos básicos aparecen sin avisar. Y cuando crees que sigues hablando "sola", un día repite contigo "caca". Y enseguida piensas "Primer paso para la operación pañal conseguido. Sabemos decir la mitad de la información básica!! Ahora vamos a por el pipí! También te parece que ha llegado el momento de cuidar el lenguaje al máximo delante de él y de no criticar nuuunca a nadie conocido en su presencia. Vale, quizás esto sea para más adelante, pero no hay que olvidarlo, jeje. El caso es que te motivas y te da por enseñarle los colores en inglés mientras le cambias el pañal, que el tiempo es oro.

Y si el niño ha aprendido a jugar con más sentido y a señalarse la nariz, orejas, cabeza, boca, manitas y ombligo (quién no ha gravado a su hijo realizando esta clase básica de anatomía??), también ha aprendido a expresar algo que nos sacará de quicio hasta el extremo. Me refiero al temido y odiado "NO". ¿Por qué antes del sí aprenden el no? ¿Por qué sabes que cuando gira la cabeza con ese ímpetu ya no hay nada que hacer? El caso es que saben perfectamente lo que quieren y cómo conseguirlo. Y esta es una etapa difícil porque los razonamientos y castigos pueden resultar muy poco efectivos al no tener un feedback que confirme que entiende lo que le dices. A saber cómo razonan en su interior todo aquello que viven. Es un misterio... Pero la verdad es que si ellos aprenden, nosotros también lo hacemos. Aprendemos a relacionarnos con ellos, a entenderlos, ayudarlos y a mostrarles que estamos ahí, siempre, acompañándolos en cada paso, incondicionalmente.

Antes de acabar este post, quería hacer una mini reflexión que sé que nos pone un escenario muy, muy lejano a las que somos madres de niños tan pequeños. Cuando veo Hermano Mayor, el momento que más me entristece es cuando veo a los padres mostrando imágenes de sus hijos conflictivos cuando apenas eran unos bebés. Todos nacen siendo criaturas inocentes, inofensivas, tiernas, pura bondad... Quiero pensar que cuando nacen colman de felicidad a unos padres que tienen mil planes para ellos. Planes que seguro pasan por estudiar y llegar a ser personas independientes con un buen trabajo. Pero lo que nos enseñan en el programa (y me consta que son casos reales) son unos chavales violentos y en muchos casos enganchados a las drogas. Me da mucha tristeza pensar que esos chicos fueron bebés como los nuestros y que luego se transformaron. Algunos por culpa de las circunstancias de la vida, otros porque no recibieron la atención que necesitaban por parte de su familia. Pero ninguno estaba marcado al nacer. Todos tenían la oportunidad de escoger otro camino. Porque el tener dinero o no tenerlo no determina que una persona sea buena o mala. La conclusión a la que llego es que tenemos una responsabilidad enorme y que por muchos baches que puedan aparecer en nuestra vida, no hay excusa que valga para dejar de guiar a nuestros hijos. Y la educación es una carrera de fondo, vaya si lo es.

Y como la Carbonero en su criticado post, voy a cambiar radicalmente de tema en mi despedida ;-) En mi próxima entrada, el tema es obligado, la Navidaaaaad!! Este año, nuestro peque todavía no pide nada a los Reyes. Así que volvemos a escoger nosotros por él. No hace falta que os diga que me conformo con que el tamaño de los regalos no supere las dimensiones de nuestro pequeño piso. Que ya hemos perdido un carril de circulación en el pasillo y ni tan siquiera está de camino Papa Noel todavía... Hasta la próxima!!

martes, 26 de noviembre de 2013

Amargando la dulce espera



El fin de semana pasado, charlando con una chica embarazada de diez meses y primeriza, me di cuenta de que, una vez convertidas en madres, nos empeñamos en resaltar todo lo "malo" que conlleva estrenarse en el mundo de los bebés. Y es cierto, nos centramos en explicar lo duro que es obviando la otra cara de la moneda, que tener un bebé es lo mejor que nos ha pasado nunca. Cuando esta chica me decía que ella y su marido estaban cansados de escuchar que el primer año es terrible y que nadie les cuenta lo bueno, me sentí mal. No creo haberla asustado cuando charlé con ella de la maternidad porque me centré más en su embarazo que en mi hijo pero seguro que en más de una ocasión habré pecado de "quejica".

Antes de quedarme embarazada solía hablar de las ganas de tener un bebé con mi cuñada que también lo buscaba desde hacía un tiempo. Y mientras nos imaginábamos nuestro embarazo, criticábamos a todas aquellas que "lloraban" y nos soltaban los topicazos "Aprovecha ahora, que luego no tienes tiempo de nada" o "Es agotador no dormir, no sabes lo bien que vives". No comprendíamos cómo alguien que vivía algo tan emocionante podía sólo quejarse y quejarse. Creíamos simplemente que algunas no valoraban lo que tenían. Tal vez no fuera así, seguro que todas lo valoran pero por alguna razón tienen que resaltar sus desventuras. Y ahora me pregunto si no estaré haciendo yo lo mismo...

De alguna manera, entiendo esa tendencia a sacar primero lo duro, lo cansado y lo difícil de sacar adelante un bebé. Porque no es ninguna exageración decir que el primer año es el más duro. Por la adaptación a una nueva vida, el aprender a cuidar de un bebé, el lidiar con la responsabilidad que conlleva hacerlo bien, el enfrentarnos a sus primeras enfermedades y el conciliar la maternidad con el trabajo. Estos son sólo algunos de los retos que nos llegan desde que salimos del hospital y supongo que necesitamos compartirlo. Pero si bien estoy de acuerdo con ello, también entiendo que no es lo que una mujer embarazada espera escuchar. No digo que todas pre-mamás novatas sean una inocentonas soñadoras pero no saben realmente lo que les espera. Ahora bien, ¿es necesario estropearles la dulce espera? ¿Por qué no contarles que van a llorar de emoción al ver la cara de su hijo por primera vez, que les va a parecer la cosita más preciosa del mundo, que van a ver su vida completa y, sobre todo, que les valdrá la pena cada sacrificio que esto conlleve? Porque no he conocido todavía a ninguna madre arrepentida, os lo aseguro.

Creo que tenemos tiempo de sobras para compartir nuestras peripecias con otras madres y hacer de madres consejeras como he explicado en viejos posts. No es necesario recordarle a una chica que está de 11 meses que no va a dormir en mucho tiempo porque seguramente ya se esté levantando cada tres horas por las noches para hacer pis. Ni que se olvide de ir al cine. ¿No será que de lo que realmente tiene ganas es de ir arriba y abajo con su cochecito? Y qué decir de hablar de partos duros y traumáticos cuando delante tienes a una embarazada a punto de salir de cuentas. ¿Queremos traumatizarla antes de tiempo?

En resumen, si a la dulce espera se la llama así será por algo. Y si pese a lo duro que resulta todo  repetimos, será porque nos hace inmensamente felices .


domingo, 17 de noviembre de 2013

Está claro, nos vacilan




El lunes fui a una reunión en la guardería porque querían explicarnos todo lo que hacen durante un día normal. Me moría de ganas por ir y que me contaran. También por ver su clase ya que por las mañanas, cuando lo dejo, no paso de la puerta. Cuando pueden entrar los padres es al recogerlo, a las 17h, imposible para mi puesto que a esa hora acabo de trabajar. Ver los dibujitos de sus manos en murales, sus nombres, los juguetes, las sillitas.. Todas esas cursiladas que hacen gracia en el primer año. Y es que pagaría por poder quedarme en un rinconcito espiando aunque sólo fuera por un día. Pues bien, he de decir que lo que nos explicaron fue revelador a la vez que inesperado...

La descripción comenzó con el buenos días al entrar en clase, el rincón de las canciones, los juegos heurísticos, las pinturas, el patio con su arenal, etc. Nada especialmente novedoso. Pero luego llegó la sorpresa porque, según las maestras, nuestros niños (todos de un año y poco más) ayudan a recoger, comen solitos, comen trozos (esto me llegó al alma), cogen la comida con los cubiertos, beben en vaso, tiran sus pañales a la papelera y se lavan las manos. Las caras de los padres allí presentes eran un poema porque nadie, absolutamente nadie, tenía ni idea de que los críos habían aprendido a hacer todo eso. Sencillamente porque en casa no lo hacen. ¡Y no porque no lo intentemos! Me puse rápidamente a procesar esa cantidad de información nueva y priorizar una aclaración. Los trocitos. ¿Qué mi hijo se come un bistec a trocitos? ¿Con cinco dientes y medio? Pues resulta que sí, pero gracias a que tienen un artilugio medio tijera, medio tenedor(porque eso es lo que parece a simple vista) que corta la carne a virutas. Pasé por alto que no me acabo de creer que una viruta como esa sea capaz un crío de 15 meses de pincharla con un tenedor que apenas puede coger del derecho. Así que me perdí en el anonadamiento que me producía la imagen de que mi hijo coma trozos de carne.

La frase "En casa no lo hace" fue la más pronunciada por los padres de las criaturas. A parte de que allí se lo comen to-do y comen de to-do. Menos la fruta que cuesta un poco más. Menos maaaaal porque ya estaba a punto de investigar si me había equivocado de clase. Por lo menos sentí el consuelo de que no debo hacerlo tan mal cuando a todos los padres nos sucedía lo mismo. Si llego a ser la única madre a la que el niño le vacila, hubiera agachado la cabeza y me hubiera callado, por supuesto. Pero no debo ser tan rara. Porque la única conclusión posible de todo ello es que LOS NIÑOS NOS VACILAN. Sí. Clarísimamente. Sin ninguna duda. A no ser que en clase se comporten como un ejército, los niños suelen marranear con la comida, la cogen con las manos, la escupen, la tiran al suelo y si cierran la compuerta por ahí no pasa ni medio spaguetti. ¿Por qué en la guardería sí y en casa cuesta tanto? Deduzco que el motivo es el efecto imitación al ver al resto de compañeros hacer lo mismo. De acuerdo, lo comprendo. Pero ¿cómo soluciono eso en casa? Poco a poco vamos acostumbrándonos a comer los tres juntos y ciertamente es un filón que nos vea comer porque eso lo anima a probar nuestra comida. Aún y así, lo del tenedor sigo sin verlo claro. Y marranear, marranea lo suyo.

Luego está lo de la disciplina. En la guardería no tiran las cosas porque saben que luego las han de poner en su sitio y ayudan a recoger todos los juguetes. Esto lo pusimos en práctica nada más llegar a casa. Y es verdad, le hicimos meter cuatro cosas en el baúl y él lo hizo. Qué mono... Si no fuera porque a los cinco minutos ya deshacía por otro lado y la liaba en otro rincón de la casa. Cuando nos dijeron que se lavaban las manos ya aluciné "¿¿¿¿Solos????" Pero me respondieron "Noooooo, mujer, ¿¿¿cómo lo van a hacer solos???". Pues no veo la sorpresa con mi pregunta si me estáis pintando a un niño autosuficiente al que sólo le faltaba hacerse la cama.

Al despedirnos, escuché a algunas madres que decían que estaban por llevarlo también en fin de semana. Otras le iban a decir al niño al llegar que fuera preparando la cena para los tres. Y creo que el resto estaba por contratar a las maestras a tiempo parcial. Yo sólo tenía una idea en la cabeza "Hola, soy una madre novata y mi hijo de 15 meses YA me torea. ¿¿Qué hará cuando tenga 15 años??"

Estas reuniones se tendrían que revisar porque realmente te vas con un regusto extraño. Por un lado estás muy satisfecha con la elección de la guardería porque compruebas que el niño adquiere una disciplina y aprende muchísimo pero por el otro te sientes impotente al ver que eso no se traslada tan rápidamente a casa. Las maestras dicen que ellas dedican ocho horas exclusivamente a estar por los niños y que nosotros no podemos. Y en eso tienen toda la razón. Supongo que nos creamos una falsa expectativa al pensar que si allí comen genial, en casa se zamparán automáticamente todo lo que les pongamos delante. Y que si allí cuidan de las cosas, en casa no darán golpetazos a los juguetes, marcos de fotos, velas, mandos, etc

En conclusión, sí, hay un componente de vacile pero también es cierto que los niños no se comportan igual si están en clase, con los abuelos o con los padres. Y que no podemos delegar tooodo el trabajo en las maestras porque la enseñanza continúa en casa. Por eso sigo vigilando. Que no me fío del tenedor...

lunes, 11 de noviembre de 2013

Pediatras



Casi todas las madres que conozco dicen estar contentas con su pediatra. Conectan, hay una comunicación ágil y resuelve cualquier duda o consulta. Es importantísimo dar con un buen pediatra puesto que se convertirá en un facultativo casi omnipresente en los primeros años de vida de nuestros hijos. Aún recuerdo al mío. Un tipo serio pero enorme en lo suyo y, además, creo que me debió visitar hasta cerca de los 18 años. Pero puede ocurrir que nos topemos con un o una pediatra con la que no haya ese feeling o que tenga una metodología muy particular.

Os pongo en antecedentes. Mi hijo iba para dos meses con tos, sobre todo nocturna y esta lo hacía despertar a media noche irritable, nervioso, congestionado... Probábamos de todo: humidificador, suero para la nariz, Dalsy, brazos, nuestra cama, etc Algún que otro día cogió fiebre y lo llevamos de urgencias. Poca cosa nos decían para salir del paso. Paracetamol si le subía la fiebre, muchos lavados nasales y que durmiera un poco elevado. En cuanto podíamos lo llevábamos a su pediatra y, como en muchas otras ocasiones, el diagnóstico era el virus de turno con lo cual poco se podía hacer ya que tocaba esperar que el proceso siguiera su curso.

El colmo llegó el pasado martes cuando la profesora de la guardería nos advirtió que se había pasado el día tosiendo y le costaba respirar. Nos hicieron un hueco de urgencias con su pediatra y, tras tres horas de espera, nos dijeron que tenía un fuerte constipado y que mientras fuera a la guarde lo íbamos a tener así, por lo menos hasta junio. Tres días después con sus tres noches en vela levantándonos cuatro y cinco veces decidimos buscar una segunda opinión con su pediatra de Mútua, en la otra punta de la ciudad. Sólo hicieron falta diez minutos para dar con un diagnóstico contundente: una clara bronquitis y doble medicación. Lleva tres días de tratamiento y ha dejado de toser, duerme perfectamente, come, juega, está de buen humor y vuelve a la guardería. No hago más que pensar en los dos meses que lo hemos dejado sufrir y toser sin parar.

Realmente, pese al mosqueo que me produce la pérdida de tiempo, este episodio no ha tenido mayor importancia pero me ha dado en qué pensar.  Y es que cosas parecidas han ido pasando durante este año cuando hemos ido a la consulta de su pediatra en el CAP. Son reacios a dar antibiótico y muy partidarios a dejar que los procesos sigan su curso por si mismos. No soy médico y no voy a hacer de ello en este Blog pero creo que es de sentido común que cuando un resfriado, una tos o una fiebre por ejemplo no amansa en varios días o semanas (no digamos un mes), hay que atacar de manera más contundente, para evitar males mayores y sufrimientos innecesarios. Pero de la misma manera que critico la falta de reacción criticaría la ligereza dando tratamientos precipitados si es lo que hubiera vivido.

No me gustaría que este post pareciera una crítica a este sector ni una diferenciación entre los de Seguridad Social y los de pago porque buenos y malos profesionales hay en todos sitios. Confío ciegamente en los pediatras y, es más, pagaría por tener línea directa y poder consultar cientos de cosas cuando me asaltan las dudas. Tan sólo me ha parecido un episodio curioso para explicar.

Otra cosa que he comprobado en mis propias carnes es la facilidad con la que se propagan los virus y se traspasan de niños a adultos. Mi peque ya me ha contagiado anginas y gastroenteritis. Con la diferencia de que ellos lo pasan y no pierden las ganas de jugar y nosotros tenemos que aislarnos del mundo en la cama.

En conclusión, una vez más debemos guiarnos por nuestra intuición, también para elegir médico o pediatra. Desde luego, debemos sentir la mayor de las confianzas ya que ponemos en sus manos nuestro mayor tesoro. Y por qué no, repetirnos que es cuestión de tiempo que se inmunicen, que el primer año de guardería es así, todos han pasado por lo mismo. Pero sólo pensar que el frío apenas ha comenzado... Brrrr