viernes, 18 de noviembre de 2016

El destete


Dejar de dar el pecho puede ser duro por muchas razones al igual que tomar esa decisión puede ir también motivada por muchos motivos. Lo más común es que una madre lo retire por su reincorporación al trabajo. Pero también puede ser que necesite descansar por la noche o que el propio bebé pierda el interés por mamar. Sea como sea, es un momento agridulce para la madre ya que se abandonan momentos de vínculo muy especial y si sabes que no va a llegar otro bebé a tu vida y que eso no lo vas a volver a vivir… te despides de una etapa profundamente especial.

Mi caso es el siguiente: Mi peque siempre ha necesitado el pecho y, si por él fuera, viviría eternamente enganchado a él. La transición hacia los alimentos fue buena hasta que llegaron las itis (bronquitis, gastroenteritis, otitis, etc) Entonces perdió apetito y necesito aún más refugiarse en el pecho. Y por las noches, uff, las noches, la media de despertares estaba en cuatro cada madrugada. El agotamiento era tremendo. 11 meses sin descansar cuatro horas seguidas iba a acabar con nosotros. Y tuvimos que tomar una determinación. Hará un mes que hemos reducido las tomas a una por noche y hemos sustituido el pecho por el biberón. Tuve que separarme durante una semana para que se calmara y aceptara el biberón y casi podemos decir que nos ha cambiado la vida. Creo que hasta el peque lo agradece pues duerme al fin seguido. Y yo en la misma habitación, jeje En nuestro caso, ojo, no doy lecciones, sólo hablo por mi propia experiencia, ha sido crucial retirar el pecho completamente por la noche. Acepta el biberón, toma todo lo que le pide el cuerpo en ese momento, y sigue durmiendo sin excitarse al olerme.

Resuelta la noche, el problema continuó de día. Y es que a mediodía llegaba de la guardería nervioso y protestón hasta el punto de rechazar jornada tras jornada su plato de comida. Llegó a aborrecer la verdura y cerró la boca esperando impaciente al pecho. Cedí muchos días pensando en que estaba enfermo y que necesitaba comer algo y estar tranquilo. Hasta que me di cuenta de que acercándose al año, habíamos hecho una regresión a los seis meses de edad. Se alimentaba de biberón con cereales, pecho y fruta para merendar. Lo consulté con su pediatra y, obviamente, me comentó que no era normal y que había que reacostumbrarlo a comer. Así que me decidí a no ceder y ser fuerte. Se acabó durmiendo muchos días sin comer, agotado de llorar. Pero finalmente lo hemos logrado también y hace unos días que vuelve a comer. Así pues, hemos conseguido normalizar las comidas, las noches y el pecho ha pasado a ser un complemento puntual. No lo he retirado completamente porque no me supone ninguna molestia, no interfiere en su alimentación normal y a él le encanta.

Emocionalmente, pensar en el destete, es un poco triste. Es bonito que necesite refugiarse en tu pecho y que entre tus brazos se calme, se duerma o simplemente esté completamente feliz. No creo que vaya a ser de las madres que alargan la lactancia hasta los 3 y 4 años. Para mí, el pecho va unido a la palabra bebé. Y cuando el bebé deja de serlo para convertirse en un niño, muchas cosas quedan atrás. (Aunque me parece fantástico que otras madres lo entiendan diferente). Es por ello que es algo melancólico abandonar esta etapa. Cuando hice el destete con el mayor, a los siete meses, no sentí nada, él no notó nada, simplemente, fue de un día para otro, así de fácil. Sabía que llegaría otro peque a mi vida y que reviviría todo aquello. Ahora es distinto, ya nada volverá.


Así que puedo decir que he vivido dos destetes, uno impresionantemente sencillo y otro difícil. Es importante entender las necesidades del bebé y las de la madre para readaptarse a la nueva situación sin que resulte traumático para ninguno de los dos. Poco a poco y con un poco de la receta mágica (paciencia), todo se normaliza.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Parejita o repetir sexo?


Mis hijos tienen 4 años y 11 meses así que todavía es temprano para poder hablar de las ventajas o desventajas de tener dos hijos de un mismo sexo. Puedo decir que, al menos en lo que a ropa se refiere, es una evidente ventaja. Más adelante, intuyo que compartirán juegos y eso será más que positivo y práctico. Así que ahora mismo, la reflexión, en mi caso, es más emocional que otra cosa. Me hubiera gustado tener la pareja? Pues claro que sí. Sabemos cómo hacemos los niños mi marido y yo, siempre tendré la curiosidad por saber cómo sería una niña nuestra. Es la parejita la elección más popular, la preferida por excelencia? En teoría, eso creía, en la práctica, parece que no.

Hoy leía una encuesta que sacaba como conclusión que para ser feliz había que tener dos hijas. Lo relacionaban con lo comunicativas que son las niñas. Os podéis imaginar las respuestas "Pues yo tengo dos niños y somos inmensamente felices" "Pues mis niños son de lo más cariñosos.." La verdad, estos estudios, si se les puede llamar así, son una auténtica chorrada. Cada niño es de su padre y su madre y, por lo tanto, es un mundo. Si generalizar conductas de crecimiento o desarrollo que habitualmente están aceptados ya choca con muchísimas excepciones, no te digo si hablamos de personalidades. Acaso los padres de niños no pueden ser tan o más felices que los de niñas? Acaso no hablarán y compartirán de todo con sus hijos? Y si tienes uno de cada? Es como predecir el número ideal de hijos. Los que tienen dos dirán que es un número muy llevable. Los de tres dirán que es lo más bonito que hay. Los de cuatro, que su casa es una fiesta contínua... En fin, que cada uno aprende a vivir y ser feliz con lo que tiene y si, además, es buscado, no hace falta decir que eso es lo que les da sentido a la vida.

Cuando estaba embarazada de mi segundo hijo, todos me preguntaban qué llevaba. Al decir que un niño y que era el segundo, o bien me dedicaban una sonrisa complaciente diciendo que es muy práctico porque jugarán juntos, o bien me hacían la broma de buscar el tercero para que llegue la niña. De hecho, al final me adelantaba yo y hacía esa misma broma. No os negaré que una nena me encantaría pero al final, la realidad es que no tenemos niños o niñas, tenemos hij@s, criaturas perfectas a nuestros ojos a los que queremos más que a nosotros mismos. Y la verdad es que da igual el sexo, lo importante es esa alma que los hace ser como son. Pero lo que parece gracioso es que haya que "consolar" a la pareja diciendo estas cosas. Porque vamos, de lo que no tengo duda es de que, de haber venido la niña, nos hubieran felicitado por tener la pareja.

Creéis que algún día estará legalizado el escoger el sexo del bebé (fuera de los casos en los que por motivos de salud sí esté indicado)? Pensáis que es poco ético? Como con tantas cosas, yo creo que hay excepciones. Si una pareja tiene que recurrir a la fecundación in vitro porque tiene problemas de fertilidad y a la mujer le tienen que transferir uno o varios embriones, en el caso de que ya tenga dos hijos de un mismo sexo, no veo por qué no se le puede transferir el embrión del sexo que prefiera. Otra cosa sería tener bebés a la carta sin necesidad de utilizar esta técnica.

Y como en todo, hay gente que se pasa de rosca y se deja llevar por la obsesión como esta pareja: http://blogs.20minutos.es/madrereciente/2011/01/12/una-pareja-aborta-dos-hijos-varones-sanos-en-su-obsesion-por-engendrar-una-nina/

Si rastreáis la red, veréis que las obsesiones y disgustos vienen siempre por buscar la niña. Es entonces cuando miro a mis chicos y pienso en por qué tienden a ser más deseadas ellas. Por lo divertido de vestirlas? Porque se suponen más cariñosas? En lo primero puedo estar de acuerdo, es indudable que la ropa de niña es más alegre. En lo segundo difiero. O por lo menos respecto a mi experiencia. Por lo visto, a mi me ha tocado la lotería ;-)

domingo, 9 de octubre de 2016

Dibujos de ayer y de hoy


Los tiempos han cambiado y eso los de treinta y tantos lo sabemos muy bien. Ya nada se ve como antes. La tecnología, la forma de vestir, la música, los juegos, la televisión, los dibujos animados... Todo ha cambiado muchísimo. Y hoy escojo los dibujos animados y algunas de las series de moda para compararlas con las de nuestra infancia y explicar el paso del tiempo.

Antes de nombrar algunas de las famosas series, sólo os comentaré algo que ya de por sí nos deja claro que lo que hoy viven nuestros hijos no tiene nada que ver con lo nuestro. Por ejemplo, nosotros teníamos que esperar al sábado y domingo después de comer para ver ese capítulo de David el Gnomo o el Inspector Gadget. Y si no estábamos a esa hora delante de la tele, se esfumaba la ocasión hasta su reposición. Hoy en día, sólo tenemos que coger el mando de la televisión para rescatar el capítulo que ya han dado y podemos verlo y repetirlo hasta la saciedad. Aunque más fácil es coger la tablet y buscar una hora de capítulos sin interrupción para ver la serie desde la cama, el autobús o la sala de espera del médico. 

Hoy: La Patrulla Canina

La serie de moda por excelencia cuyo merchandising está arrasando en todo el mundo. (Las caras de esos perros las he visto en todo lo imaginable). Las aventuras de la patrulla canina no me producen ni frío ni calor. Son historias tal vez demasiado simplonas (rescatar a la gallina de la alcaldesa o encontrar la mochila del cole de un niño no es lo que se dice emocionante) pero los perros son simpáticos y cada uno demuestra una habilidad distinta haciendo que cada crío se identifique con el suyo preferido. No hace pensar mucho a los niños ni que su imaginación vuele así que por eso no creo que vaya a dejar mucha huella. Es una moda sin más.

Ayer; La vuelta al mundo de Willy Fogg

Como su nombre indica, esta serie nos hacía viajar, conocer, descubrir.. no por menos estaba basada en una obra de Julio Verne. Había aventura en estos dibujos, nos hacían sufrir si se complicaban las cosas para los protagonistas ya que Willy Fogg debía ganar su apuesta y realizar el viaje dentro de ese plazo. Sin duda, algo aprendíamos. Gran banda sonora.

Hoy: Bob Esponja

Bob es el rey. Gusta a pequeños y grandes. No hay discriminación de edad. Aunque un niño de tres años no comprenda la mitad de las bromas, se queda embobado delante de la pantalla gracias a su ritmo y colores. No entusiasma a muchos padres que consideran su humor algo ácido. Bob es simplón e inocente pero acaba siendo siempre el crack ya que habitualmente hunde en la miseria a Calamardo y, por supuesto, su mente está a años luz de Patricio. (El señor Cangrejo vive en su mundo paralelo con una única obsesión, el dinero...). Nos explican historias sueltas sin continuidad ni demasiado mensaje. Entretenimiento puro y duro.

Ayer: Érase una vez...la vida 

Una nueva lección de aprendizaje. Una serie absolutamente didáctica que muchos profesores habrían querido para sus clases. La mejor manera de enseñar a unos niños lo que es el cuerpo humano, cómo funciona, por qué ocurre lo que ocurre, cómo somos por dentro, etc Cómo aprender sin saber que estamos aprendiendo y, encima, disfrutando. Además, la colección era fantástica "Érase una vez... el hombre/ el espacio/ la ciencia..." etc Gran banda sonora

Hoy: Dora la exploradora

Una serie absolutamente repetitiva que mezcla frases en inglés y cuyos personajes son simplones a más no poder. Una niña educada y lista cuyo mejor amigo es un mono repelente  a quienes persigue un zorro inútil aspirante a ladrón. Siempre sale un mapa para ayudarles a encontrar los caminos que siempre acaban pasando entre montañas y cruzando puentes. Visto un capítulo, vistos todos. Y por si no teníamos bastante, tenemos la versión Dora adolescente en la ciudad.

Ayer: David el gnomo

Serie entrañable con personajes queridos que daban lecciones de vida y transmitían valores como la amistad, el respeto, la justicia o lo importante que es cuidar de nuestro planeta. Y el final, ese final que nos hizo llorar a todos y nos enseñó que la vida es un ciclo. Gran banda sonora

Hoy: Peppa Pig y Pocoyó

Dibujos dirigidos a los más pequeños. Peppa Pig  y su familia viven algunas peripecias en su día a día y transmiten sencillas lecciones a los niños que pueden sentirse identificados con algunas de las situaciones que vive la simpática cerdita. Me parece una serie bonita, sin más. Al igual que Pocoyó y sus acompañantes. Es una serie muy visual y fácil de digerir que engancha rápidamente a los peques. Además, sus canciones son pegadizas.

Podría seguir durante muchos más posts repasando series míticas pero la conclusión sería la misma. Antes se explicaban historias y hoy se dan cápsulas de entretenimiento ligero. Si se trata de divertir un rato, el objetivo está más que conseguido. Pero yo echo algo de menos... No es que quiera ser nostálgica pero ya no se hacen dibujos como antes. Aishhh

domingo, 2 de octubre de 2016

El absurdo debate de la lactancia




Estamos acabando 2016,vivimos en pleno siglo XXI, y seguimos celebrando la semana de la lactancia materna, seguimos haciendo tetadas populares y tantas y tantas otras reivindicaciones para defender la importancia de lo más natural que existe. En este post no voy a defender una cosa para criticar otra, lo que voy a apoyar es el sentido común y la libertad que nos hemos ganado las mujeres para hacer lo que nos de la gana.

Antes de continuar, es justo que os explique cual fue mi elección. Opté por dar una oportunidad a la lactancia materna, por comprobar que era capaz, que mi hijo se adaptaba, se alimentaba bien y ambos disfrutábamos de esos momentos de conexión. Pues bien, pese a ser cesárea, tuve subida de leche, produje buena cantidad, mi hijo se cogió y fue ganando peso. Se cumplió todo menos lo de disfrutar del momento. Expliqué hace unos años que los primeros meses de LM fueron muy duros. Tuve mucho dolor y cada toma se convertía en una pequeña tortura. Pero fui perseverante y con el tiempo el dolor desapareció. A los siete meses vi a mi hijo menos dependiente, decidí retirar el pecho y no notó absolutamente nada. Con el segundo fue todo bastante similar aunque, a sus diez meses, tiene una dependencia total del pecho y ahí andamos todavía dado que dispongo de mucho tiempo para dedicarle.

Una vez resumida mi experiencia, mi reflexión es que si hubiera tirado la toalla por los dolores y heridas en esos primeros meses, nadie me hubiera criticado por ello. Incluso si dejara ahora las tomas de madrugada después de 10 meses sin un descanso reparador, nadie podría echarme nada en cara tampoco. Y digo yo, ¿por qué tengo que pensar en lo que otros dirán? La verdad es que no lo pienso, ha sido una reflexión intencionada para plasmar aquí que todo el mundo se cree con derecho a opinar, que todas sienten que han de defenderse por no dar el pecho o han de justificar que han sufrido lo suficiente antes de dejarlo. En definitiva, parece que las madres estemos bajo un juicio constante por parte del resto de madres.

Puedes no dar el pecho porque no te quieres sentir atada, porque has de retomar el trabajo demasiado pronto, porque quieres compartir la lactancia con el padre, o porque das mucha importancia a tu aspecto y no quieres destrozar tus pechos. Entonces aparece la gran palabra EGOÍSMO. Una palabra muy peligrosa porque detrás de cada mujer que no da el pecho hay una historia y a lo mejor es una historia llena de sacrificios. ¿Qué sabremos el resto para juzgarla y llamarla egoísta?

De este tema se han escrito miles de artículos y no quiero acabar repitiendo todos los puntos de vista que nos sabemos de memoria. A dónde voy es a que me alucina que todavía hoy tenga que leer como madres se insultan en Facebook comentando un artículo que describe las bondades de la leche materna. Es algo que no acepta discusión alguna, la naturaleza humana siempre irá por delante de cualquier producto artificial. Entonces, si eso lo sabemos todos, ¿por qué esas peleas? Volvemos a lo de antes, por inseguridades, frustraciones y la necesidad de justificarnos o defender que somos tan buenas madres como las otras porque nuestros hijos crecen igual de bien con el biberón. Chicas, no hace falta. Siéntete bien dando la teta y sacándola en una cafetería, es lo más natural del mundo!! Siéntete bien y no te defiendas si sales del hospital con un biberón en la mano, vas a criar a tu hijo con el mismo amor y cuidado que cualquier otra madre! Apoyémonos, ayudémonos y normalicemos la lactancia, sea cual sea, de una vez por todas. Si lo más importante son nuestros pequeños y ellos no nos juzgan, ¿por qué tenemos que hacerlo entre nosotras?

No sé cuando llegará este idealizado momento, supongo que cuando mueran los movimientos reivindicativos y dejemos de ser tan críticos. Porque, no os parece  irónico y absurdo que se critique a la que no da el pecho, a la que lo da poco tiempo y a la que lo prolonga demasiado (¿y quién marca cuando es demasiado?). Lo dicho, que mañana comience la semana europea de la lactancia materna no sé si es bueno o malo...

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Llega el Baby-Led Weaning... la papilla ha muerto??



Hoy voy a comentar una nueva "moda" aunque muchas defensoras de lo que hablaré os indignéis con esa palabra. Lo llamo "moda" porque una servidora que lee mucho acerca de la maternidad y que es madre desde hace cuatro años nunca antes había leído antes esa palabra Baby-Led Weaning. Que viene siendo dejar a los bebés comer solitos. No me digáis que si a eso se le pone un nombre así no es para ponerlo de moda? En fin, aquí voy a relatar los pros y contras de una manera muy subjetiva. Al loro, no doy lecciones, no soy pediatra y no tengo conocimientos médicos, os voy a hablar como madre inexperta camino de sacarse algún titulillo de primer grado.

Permitidme que deje de utilizar el término anglosajón para definirlo en lenguaje llano: Que los bebés experimenten y se guíen a si mismos en la introducción de la alimentación complementaria. Estamos hablando abiertamente de bebés de seis meses que, en lugar de pasar del pecho o biberón a la papilla, van directamente a agarrar con la mano una patata hervida, una zanahoria, un brócoli, un filete de carne (si, si, lo he leído de puño y letra de un enfermero de pediatría que me inspira total credibilidad) o un trozo de pera. Voy a dejar de un lado el hecho de que el crío, su ropa, su sillita y el suelo van  quedar totalmente perdidos de comida (tiene solución con lavadora/escoba/fregona). Voy directa al hecho de que existe una posibilidad, aunque sea pequeña, de que el crío se atragante. Vaya por delante que no me considero una madre especialmente sufridora pero creo que a veces queremos correr demasiado. Queremos dar una autonomía a un bebé con la excusa de la experimentación y con el pretexto de que así aceptarán antes sabores y texturas. Yo no digo que no se le pueda acercar a un bebé sin dientes un trozo de plátano o de patata hervida pero de ahí a ponerle un plato de verduras y frutas, que este vaya cogiendo y se los meta en la boca... 

Leo que con seis o siete meses no saben coger trozos pequeños y dejarlos caer dentro de la boca. Leo que durante esos meses tienen una capacidad de expulsión mediante arcada si se atragantan. Leo que son pocos los casos de sustos graves. De acuerdo, pero los accidentes ocurren y cada niño es un mundo. Y si yo tengo un niño nervioso, fuerte, al que le gusta morder todo con sus encías y además glotón? Y si muerde un trozo grande, lo quiere expulsar, empieza a toser, se pone rojo...? Todo por qué? Pues por dejarlo elegir lo que quiere comer, cuanto y cómo. Por aprovechar su curiosidad innata y facilitar una transición más natural de la leche al sólido. Y yo pienso... qué tenían de malo las papillas? Dónde ha quedado aquel razonamiento de "Si no tienen dientes, será porque no están preparados para morder, para comer trocitos..Cuando su naturaleza les de dientes, comenzarán a masticar y triturar..." Si niños de un año y hasta dos se han ahogado con un trozo de pera. No quiero ser alarmista ni tampoco querría quedar como una antigua o retrógrada pero si mi hijo, que me llevó por la calle de la amargura (frase muy de abuela, lo sé) para que comiera fruta entera, hoy, a sus cuatro años, ya la come desde hace uno sin problema.. qué niño no va a poder hacer la transición??? Por qué tenemos tanta prisa? 

Soy culpable pues de no evolucionar. Soy culpable por preferir triturar el bistec o filete de pollo entre la verdura a darle el trozo de carne para que lo chupe un rato, Soy culpable por triturar la fruta. Soy culpable por pensar en que come mucho más con mis papillas que chuperreteando los restos del plátano que estrangula y manosea (y del que no va casi nada a su estómago) Y soy culpable por pensar que hasta que no tenga dientes no le voy a dar trocitos aunque luego me cueste un par de meses más que los acepte. Porque, de qué estamos hablando? De años?? Venga, va. Repito que mi hijo mayor me lo puso difícil y, de acuerdo, su primera tortilla fue al suelo y sus primeros macarrones también. Lo confieso.. Pero al cabo de unas semanas se lo comió como todos los niños.

No creáis que me niego a dejar que mis hijos experimenten. Lo hago, por supuesto, pero no sustituyo su alimentación tradicional completísima porque para mi esa es la prioridad junto a su seguridad. Y no digo que no sea un método apto para muchísimos niños, eh? Y lo celebro. Pero mi lema es, pasito a pasito, dientecito a dientecito, trocito a trocito.. ;-)

jueves, 15 de septiembre de 2016

El fenómeno Verdeliss


Hace unos meses descubrí a la famosa vlogguer Verdeliss, todo un fenómeno en Youtube. Se trata de una madre pamplonica de seis hijos que documenta su día a día cámara en mano. La vida de Stefi y Aritz junto a sus hijos ha enganchado a miles de personas en España y Latinoamérica. ¿Y qué es lo que engancha tanto a la gente? ¿Qué tiene esta família que levanta pasiones hasta entre adolescentes? Por lo pronto, en el post de hoy, os daré mi opinión al respecto. Y os avanzo que a mi también me han ganado.

Verdeliss ha creado escuela y a partir de sus vloggs han nacido imitaciones e inspiraciones pero, como buena espectadora, me quedo con la original. La naturaleza humana es chafardera, nos encanta meter la nariz en la vida de los demás. Cómo se levantan, dónde duermen, cómo tienen la casa, qué compran, qué visten... Esto es lo que nos enseña esta familia que vive por y para sus seis hijos: Aimar, Irati, Laia, Julen y las mellizas de seis meses Anne y Eider. Verdeliss es un fenómeno en el terreno de la maternidad y lo que me fascina es que hipnotice a seguidoras que ni son madres ni tienen edad de serlo. ¿Tendría yo algún interés en su vida si no tuviera hijos? ¿Me hubiera suscrito a su cuenta con 25 años? Pues muy probablemente no. Porque no esperéis vivir con ellos problemas de pareja o altibajos. No dan clases de cocina, moda o belleza ni hablan de sus gustos musicales o de cine. Y tampoco cogeremos grandes ideas para ir de turismo. Nada de eso. Repito, vemos cómo se levanta Stefi, la ropa que se pone, cómo despierta a los niños y los lleva al cole, cómo va de compras al supermercado o de rebajas, cómo organiza la ropa de los niños, hace la casa, cocina (sin grandes alardes en los fogones) y cómo los fines de semana suben juntos al monte a jugar al aire libre. Eso sí, probablemente lo más impactante en la red sean sus partos. Dicen que son los más vistos en España. Y eso si que te paraliza delante de la pantalla porque no me digáis que no es emocionante ver a una mujer de parto. Y si vives los momentos previos a dar a luz, ¿cómo no vas a querer ver cómo crece esa criatura adoptada ya por toda la comunidad virtual? 17 millones de visualizaciones tienen acumulados sus partos. Casi nada. Su cuenta tiene más de medio millón de suscriptores y cada vídeo es devorado por cientos de miles de seguidores. Eso se traduce, por supuesto, en unos buenos ingresos, lo que posibilita que Stefi se dedique en cuerpo y alma a su familia y a grabar su vida a diario.

No soy nadie yo para criticar este hobby/trabajo y sería algo cínica criticando lo que consumo. Pero sí me hago ciertas preguntas. ¿Comprometes la intimidad de unos menores? ¿Los marcas para siempre? ¿Decidirán algún día estos que prefieren ser anónimos? (en muchas ocasiones son reconocidos por la calle y han sido motivo de reportajes televisivos) ¿No es peligroso convertir a tus hijos en "objetos" preciados de fans? ¿Si algún día dejan de levantar pasiones, entenderán lo que ha pasado? ¿Les pasará factura su vida capitulada en internet cuando sean adultos? ¿Tenemos derecho los padres a exponer la vida privada de nuestros hijos así? No tengo la respuesta a todo esto pero de momento veo a unos padres felices y orgullosos viviendo el presente con unos hijos felices y orgullosos de ser quienes son.

Y puestos a ser tiquismiquis, admitiendo que me gusta saber de las andadas de esta familia, he de decir también que me cansa la manera poco natural en la que habla Stefi utilizando un lenguaje más propio de un profesor en un aula que el de una madre de a pie. Y para corrección la de esta madre que nunca tiene la casa desordenada, nunca grita a sus hijos, nunca se despeina, siempre va perfectamente maquillada, no tiene sueño, ni un kilo de más, conserva una calma impresionante ante cualquier contratiempo y tiene a los críos más educados del universo. (Le salva que pasa de pijadas a la hora de vestir y me ahorro ver los modelitos de revista que otras madres blogueras sí lucen en sus cuentas) Yo no me maquillo todos los días, grito en ocasiones a mi hijo mayor, me arrastro muchas mañanas después de dormir a trompicones, me paso la vida ordenando el piso y si he de soltar un "Joder", lo suelto. Pero lo dicho, al menos su armario no difiere mucho del mío.

Me atrae su pequeño mundo en Youtube y creo que si todas lo mostráramos así nos reiríamos mucho pero valoro demasiado mi intimidad y prefiero seguir compartiendo pequeños pedacitos entre líneas por aquí. Os animo a seguirla y a que me deis vuestra opinión!

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La vida con un nuevo bebé



Ante todo, mis disculpas por una desconexión demasiado larga. Durante este tiempo ha llegado un nuevo miembro a la familia (con todo lo que ello conlleva) y he tenido ritmos laborales dispares. Decidida a no abandonar de nuevo mi entorno social digital, me hace mucha ilusión poneros al día.

Me he replanteado en muchas ocasiones el tono de este Blog ya que sigo con ganas a otras madres bloggeras que se definen como anti dramáticas o que comentan con sarcasmo las situaciones cotidianas que se encuentran en su día a día, las hay consejeras y las que no se estresan nunca... vamos, de todo. Yo no quiero ser ácida, perfecta o ñoña ni pretendo quejarme por todo. Me he propuesto no aferrarme a una única personalidad. Esto quiere decir que voy a transmitir lo que veo y siento según cómo me encuentre en ese momento. Así que permitidme que hoy, siendo fiel a mi misma, os cuente cómo llevo lo de vivir con dos criaturitas. Avanzo mi estado en el siguiente titular: "Si este segundo bebé llega a ser el primero sería hijo único"

Ya lo dicen que no hay dos hermanos iguales. Pues qué gran verdad!! La segunda criatura cuenta ya con 9 meses y ya da el doble no, el triple de faena que el mayor. Dicen que a grandes edades grandes problemas.. pues para ser el enano, nos lleva de cabeza. No llevo dormidas tres horas seguidas desde no sé cuando, no puedo dejar el pecho porque lo necesita todavía como el aire que respira, no puedo perderle de vista ni un instante porque se sube a todo, lo toca todo y se lo mete to-do a la boca y es tan fuerte y bruto que me parece que a la que camine habrá que poner guardaespaldas al mayor. Parece mentira que esa bolita tan simpática y risueña pueda dar tanta guerra.

Y si por un lado tenemos este estrés absoluto, por suerte, contamos con la experiencia del primero. Por ello no salimos corriendo a urgencias cuando se cayó de la cama (aunque mi llorera de culpabilidad me la di por haberme girado la friolera de 5 segundos) ni cuando se dio de morros gateando (con su mini chichón y gotilla de sangre pertinente). Eso sí, no tenía ni dos meses de vida cuando una tos muy fea lo llevó durante tres días al hospital con bronquiolitis. Ya lo pensamos cuando su hermano le tosió en plena cara, nada bueno podía salir de ese acercamiento.

Eso sí, para que veáis que no todo es malo, tengo que decir que el mayor lo ha llevado fenomenal. Sin celos ni numeritos (se basta con sus berrinches propios de los 4 años) hacia el bebé. Lo quiere, se deja estirar de los pelos con una carcajada, lo vigila (a ratos) y sonríe siempre que una vecina o dependienta se para a piropear al peque (cuando antes era él quién únicamente recibía los piropos). Si cuando nos mudemos y compartan habitación lo sigue llevando así de bien, nos daremos por muy satisfechos.

Y ahora mismo ando buscando trabajo y dejando al peque tres horitas en la guardería por las mañanas ya que, de tenerlo en casa, no podría hacer absolutamente nada. De hecho, compramos vía Amazon un corralito para tenerlo controlado y evitar que estire de los cables y se los meta en la boca. O lo que es lo mismo, para poder lavarme los dientes sin miedo a que se mate. Creo que con lo manazas que es, ni los protectores de enchufes y esquinas estarían a prueba de este terremoto.

Para no alargarme más en mi regreso al Blog, y a la espera de iros recuperando de vuelta, reclamo vuestros trucos milagrosos para poder quitar las tomas de pecho de madrugada (el chupete ha fracasado estrepitosamente).

Hasta pronto!!


viernes, 18 de septiembre de 2015

El colegio y la adaptación (para niños y padres)



Iniciar la etapa escolar es algo emocionante, simboliza algo casi trascendental para la vida de los peques... Por supuesto todo esto es así para nosotros, los padres, porque para un niño de tres años, de atractivo no tiene nada. Para empezar, se separan de los padres después de casi tres meses, la mayoría van a centros nuevos con maestras nuevas y niños nuevos. Desde luego, para ellos no es el mejor plan. Tras una semana de cole, he de decir que todavía nos esperan días de adaptación. ¿Y sabéis qué? No solamente van a ser para él, también para nosotros.

En muchas ocasiones, los nenes que comparten guardería, por proximidad, acaban coincidiendo varios de ellos en el colegio. Esto ayuda mucho ya que ver una cara conocida cuando te dejan en una clase extraña ha de ser como pensar "Uff, salvado!" Pues en nuestro caso, la separación ha sido total. La guardería a la que hemos llevado dos años al niño ofrece hasta P5 y después todos los críos van a una escuela con la que tienen un acuerdo. Así que niños que se conocieron con un año puede que continúen juntos hasta bachillerato. Nosotros teníamos claro al matricularlo en P1 que buscaríamos otra escuela para cuando cumpliera los tres años, más que nada porque con la elección del colegio queríamos ser muy cuidadosos y exigentes. Pero quién nos iba a decir que en esta guardería se crearía tan buen ambiente entre los padres y los propios niños. Hemos ido juntos a la nieve, de casa rural, a infinidad de cenas, a la playa, a barbacoas, etc No sé si será lo normal o no pero hemos hecho una buena piña con varias familias. Y como era de esperar, el 95% de sus hijos se han quedado en el mismo centro. El nuestro se ha tenido que separar y, aunque no sabe que todos los demás siguen juntos (menos mal), él ha de comenzar desde cero otra vez. Y con él, nosotros.

Entrar en el colegio es entrar en un verdadero caos de niños, padres, abuelos, maestros, pasillos, escaleras, ascensores, filas por aquí, filas por allá... Es todo a lo grande. Hemos salido de nuestro espacio de confort con pequeñas (pequeñísimas) aglomeraciones a pasar a las Ramblas en hora punta. Nos dicen que lo tienen muy bien organizado y me lo he de creer porque de lo contrario allí habría que localizar a los niños por GPS. Nos encontramos algo perdidos, sin nadie con quién compartir esta angustia de los primeros días dejando al niño llorando, pidiendo que no nos vayamos... Nadie con quién comparar adaptaciones, con quién pasar un rato al recogerlo. Por supuesto, la situación era similar al comienzo de la guardería pero ahora necesitamos ese contacto.

Él peque ha ido a regañadientes toda la semana pero la maestra y auxiliares (encantadoras por cierto) nos han tranquilizado diciéndonos que ha estado a gusto, participativo y contento. Así que tenemos casi la mitad del trabajo hecho, sólo falta que se levante con ganas de ir, nos hable de sus amigos y podamos ser más partícipes de su nueva aventura. Y lo de los padres ya llegará. Va a pasar 15 años de su vida en este centro y tiempo habrá para crear otra familia escolar. Pensar que ahí va a hacer amigos para toda la vida... Es curioso como se cumple aquello de que a través de nuestros hijos revivimos nuestra propia infancia. Por ello entiendo sus temores a lo desconocido. Aunque sea mucho más llevadero un cambio así, con tres años, que con 11 por ejemplo como me ocurrió a mi al cambiar de colegio.

Me contaban el caso de una nena que se separó de sus amiguitos de la guardería para ir a otro centro. La madre quiso llevarla una tarde a ver a sus antiguos compañeros pasados unos meses y para sorpresa de todos, apenas se recordaban unos a otros. Es curioso como se readaptan a otras situaciones y lo rápido que se despegan al no tratarse a diario. La verdad es que intentaremos mantener algo de contacto con la antigua familia escolar, más que nada porque es fácil viviendo en el mismo barrio y les tenemos cariño. Pero, evidentemente, los niños mandarán y al final serán ellos los que elijan a sus compañeros de juegos y de vida.

Si supiera nuestro nene que está iniciando una de las etapas más importantes de su vida, por no decir la más. Esta etapa definirá el tipo de persona que será. Comienza un largo trabajo mano a mano escuela-familia, un viaje apasionante. A disfrutar del trayecto!

viernes, 7 de agosto de 2015

Regreso con buenas noticias


Tras una desconexión de meses por motivos laborales y nuevos horarios algo caóticos, he querido actualizar el blog con una buena noticia. ¡Ampliamos la familia! Estoy embarazada de 22 semanas y, si todo va bien, en diciembre tendremos un nuevo pequeño en casa. Esperamos otro niño. Reconozco que, si en estas cosas se pudiera elegir, habríamos pedido niña por lo de tener la parejita. Pero rápidamente me hice a la idea de que mi hijo tendrá un hermano con el que compartirá juegos y muchas complicidades. No digo que con una niña no lo hubiera podido hacer pero no voy a descubrir nada si digo que niños y niñas tienen ritmos diferentes. Todas las amigas que tienen nena y nene admiten los tópicos que dicen aquello de que ellos son más inocentes, simplotes, infantiles, nerviosos... y ellas maduran antes, son más retorcidillas, "listas" y tranquilas en general. Vamos, como que gran parte de esta definición se puede ampliar a nuestra vida adulta, jeje Muchos me dicen que ya vendrá la nena con el tercero pero no es ninguna obsesión y ni mucho menos voy a tener tres hijos sólo por el hecho de buscar la niña. Al 95% de seguridad nos vamos a plantar con nuestros dos chicos. Y os digo que si el peque sale la mitad de adorable que el mayor, no podré ser más feliz.

En posts antiguos hablaba de lo de ir a por el segundo. Este embarazo ha sido muy buscado y, por lo tanto, no ha habido estado de shock ni giro de planes. No se ha podido planear la estación de año pero después de parir en agosto, cualquier mes que se alejara de los sudores me parecía una gran idea. Este nacerá en una época totalmente opuesta, pleno diciembre. Así que dentro de lo práctico que resulta repetir sexo, no vamos a poder aprovechar la ropa por lo menos hasta el año. Después, como al mayor le pongo tallas de pantalón de un año antes (por esa manía de las tallas grandes de cintura que tienen muchas marcas), digo yo que con este caos de números podré aprovechar buena parte de la ropa. Todo lo demás lo tendremos ya a excepción de algunas cosas que nos dejaron y que no sé si podremos volver  a tener prestadas. Volveremos a poner las barras de la cuna en lugar de transformarla en cama junior y al mayor le compraremos una cama normal. Y muy importante, nos cambiaremos de piso! El actual nos quedaba justo ya con uno y con dos la cosa irá ya más apretada.

Todo el mundo nos dice que pasar de tener uno a tener dos no tiene absolutamente nada que ver. Uno está controlado por los dos padres y mientras uno se encarga el otro tiene un respiro. Con dos, hay que repartir atenciones y no hay más tregua que la que dan la siesta y la noche o que pasen unas horas con los abuelos. Estamos contentos de que el mayor vaya a tener 3 años y 4 meses para cuando nazca el bebé. Que vaya ya al baño solo, coma solo (cuando le da la gana) y juegue a ratitos solo (no creáis que demasiado) ayuda bastante. Claro que lo que no van a faltar, por lo que nos comentan otros padres, es la etapa de los celos. Mi hijo tiene todas las atenciones del mundo, todos le ríen las gracias, tiene a sus abuelos en el bote y en casa nos tiene encandilados. He de decir que no es un niño difícil aunque lógicamente tiene sus pataletas y hay que ponerlo recto de vez en cuando para que no se crea que puede hacer siempre lo que le venga en gana. Es simpático y risueño casi todo el tiempo y se mete a cualquiera en el bolsillo en un minuto. Cuando el protagonista sea otro que acaba de llegar y vea que siempre estamos pendientes del recién llegado, naturalmente lo va a pasar mal. Por lo menos no será más que una etapa y lo que va a ganar va a ser un hermano para toda la vida.

En cuanto al embarazo, he de decir que he tenido más sustillos y molestias que con el primero. Pérdidas, náuseas, dolor de cabeza que todavía va y viene e incluso alguna hemorragia nasal (hasta tuve que buscar si esto era propio de la gestación...). En el anterior ni me enteré hasta el último mes que aguanté un dolor de espalda que no me dejaba estar sentada más de media hora seguida. En el parto no pienso nada todavía, tiempo habrá aunque, por lo aprendido, no vale la pena planificar demasiado cuando luego la naturaleza marcará cómo ha de ir.

A mi hijo le vamos contando que va a tener un hermano. Ríe, acaricia la barriga, le da besitos y lo llama por su nombre. Cuando me preguntan si ya se lo hemos contado digo que sí y que está contento aunque imaginaréis que, a su edad, no tiene ni idea de lo que esto significa. A veces pienso que se le van a venir demasiados cambios encima casi a la vez: comenzar el colegio (de esto hablaré en el próximo post), la llegada de un hermanito y el cambio de piso. Pero haremos lo posible para que no le afecte y todo pueda ir lo más escalonado posible. Cuando las cosas salen así, poco puedes hacer para encajarlo pausadamente.

Por cierto, hemos tenido que interrumpir las vacaciones por una odiosa conjuntivitis vírica que ha cogido el nene. La pillé yo en el trabajo el mes pasado y ahora le ha tocado a él aunque más severa y dolorosa. Parte el corazón verlo sufrir tanto con los ojitos medio cerrados y heridas en la córnea. Suerte que es pequeño y nada más salir de los controles se olvida de todo con llevarlo a ver una fuente con peces. Esperemos poder volver pronto a la playa. Y que celebre como debe ser sus 3 añitos!

Prometo regresar pronto por aquí. Besos a tod@s y feliz verano!!!


martes, 3 de marzo de 2015

Varicela, una epidemia por la gracia del Gobierno



No hace falta ser médico ni pediatra para entender que el auge de casos de varicela que estamos viviendo estos días era evitable y que este país da progresivamente pasitos hacia atrás. Y esto comienza a dar miedo. Si lo de la medicación para la Hepatitis C ya era un escándalo, ahora de propina tenemos un escenario con la varicela que nos lo hemos buscado solitos. Pero lo peor ya no es la retirada de la vacuna (que es malo) sino que no se nos permita tan siquiera ir a una farmacia a comprarla libremente. Vamos, que en breve Varivax llegará de contrabando. Una auténtica vergüenza.
 
La clase de P2 de mi hijo tiene a casi la mitad de sus alumnos enfermos de varicela. Esto se traduce en niños y niñas de dos años y medio con el cuerpo plagado de granos llorando a lágrima viva sin poder dormir porque se mueren de picor. Son críos que no saben lo que les pasa, que a duras penas pueden explicar lo que sienten y que no comprenden por qué no se pueden rascar. En definitiva, tenemos a media docena de criaturas que apenas han dejado de ser bebés que podrían haberse ahorrado este sufrimiento o, por lo menos, haberlo pasado de una forma mucho más llevadera si hubieran recibido sus dos vacunas. Porque por supuesto la gran mayoría de ellos no ha recibido ni tan siquiera una.
 
¿Y qué alega o qué defiende el Ministerio? Pues que no sufrir la enfermedad de pequeños puede acarrear más problemas si se enferma de adulto. Vamos a ver, si lo traduzco a mi me sale que el Gobierno busca premeditadamente exponer a  los niños (de todas las edades) a que cojan la varicela. Pero bueno, ¿estamos locos? ¿Acaso no han leído los casos de muertes infantiles por varicela? ¿Se creen que es un resfriado? Entiendo que, por fortuna, la mayoría de casos no conllevan complicaciones pero estas pueden surgir. Y estaréis de acuerdo conmigo con que no es lo mismo pasarla con dos años como los compañeros de mi hijo que con siete u ocho como la pasé yo. O pasarla de forma muy agresiva sin vacuna o más leve con las vacunas puestas. En el colegio de mi hijo la varicela apareció en cursos de más mayores pero acabó llegando a P2. Y sencillamente lo hizo porque, al haber tan pocos vacunados, el virus se expande a sus anchas. Por otro lado, señores del Ministerio, si ahora se contagian en masa los niños como debe ser según ustedes, ¿qué pasará cuando estos contagien a padres que, por lo que sea, no están vacunados? ¿No es esto lo que quieren evitar?
 
Antes de continuar, me gustaría apuntar que puede haber mucha gente de acuerdo con la teoría del Gobierno de que la vacunación masiva en edad temprana puede desplazar el contagio a la edad adulta cuando sufrir la varicela es más complicado. Ahora bien, como adultos que somos los padres, creo que deberíamos poder escoger libremente si queremos o no vacunar a nuestros hijos.
 
No hace falta que os diga que la teoría del Ministerio no tiene respaldo científico. El ECDC (Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades de la Unión Europea) defiende que la vacunación de la varicela en niños pequeños reduce notablemente los casos sin que aumenten las enfermedades relacionadas en edad adulta. Así que, una vez más, no hay por dónde cogerlos. Como decía al inicio, habrá que ir a Andorra o Francia a buscar las vacunas con el peligro que conlleva romper la cadena del frío si no se traslada de forma muy segura.
 
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria lo ha dicho bien claro "es una decisión que no mejorará la salud de los niños españoles" Repito que es una enfermedad que, por lo general, provoca unos días de fiebre, unas ampollitas, costras y picor. Pero se puede complicar con infecciones y cuadros más graves si el niño contagiado tiene deficiencias inmunitarias. Jaime García Aguado, presidente de la Asociación Madrileña de Pediatría de Atención Primaria, apunta a que podríamos volver a la situación en la que estábamos antes de que se comenzara a usar la vacuna en España en 2006. Entonces se producían entre 1.000 y 2.000 ingresos anuales por complicaciones relacionadas con la varicela, más de la mitad en niños menores de cinco años, y entre 5 y 14 fallecimientos.
 
En definitiva, no quiero alarmar a nadie pero me siento desamparada  por los que tienen que velar por mi salud y la de mi familia. Yo pude comprar y ponerle a mi hijo la primera vacuna y la segunda la conseguí apuntándome en una lista de espera a través de la Mútua. Cuando tenga un segundo hijo no sé qué peripecias voy a tener que hacer para darle las dos dosis. Sólo confío en que, para entonces, nos gobiernen otros con sentido común que nos informen y nos dejen escoger cómo queremos proteger la salud de nuestros hijos.

jueves, 5 de febrero de 2015

Niños, frío y pediatras confusos


Es inevitable, estos días no se habla de otra cosa que no sea el frío siberiano que nos azota. Y esto es algo que no deja de sorprenderme porque pasar frío en febrero lo veo de lo más normal, exceptuando si nieva en lugares poco frecuentes. Vamos, que lo que de verdad sería noticiable es que ahora nos invadiera una ola de calor y repentinamente tuviéramos que rescatar la manga corta del armario. Pero comentarios de ascensor a un lado, lo que nos agobia realmente estos días a las madres son los dichosos constipados, virus y todo lo que acaba en "itis". Estamos en esos días en los que nos encantaría poder dejar a los niños en sus cuartos todo el día a modo de bunker hasta que pasara el frío y el resto de críos dejaran de llevar el moco colgando al colegio.

Pues bien, descartada la opción anteriormente comentada, toca seguir con la vida normal y los niños han de salir de casa. Personalmente, soy muy reacia a sobre abrigar a mi hijo por la sencilla razón de que, al ser muy sudón, va a ser peor el remedio que la enfermedad. Vamos que si lo envuelvo en veinte capas y acaba chorreando por dentro, el frío le va a calar y va a ser carne de cañón. Porque luego está el microclima de la guardería, ese paraíso canario al que nunca llega el invierno y para el que has de planear la vestimenta de tu hijo como si siempre fuera mayo. Esto implica añadir complementos varios para protegerlo durante ese viaje de contrastes entre los veinte y pico grados de tu casa, los 2 grados de la calle y los 30 al llegar a la guardería.

Otra cosa típica de esta época del año es el repaso del parte médico de los compañeros de tu hijo. Cuando cuentas las febradas y bronquitis y ves que van cayendo uno tras otro te vas mentalizando porque sabes que el tuyo no va a ser una excepción. Es como llevarlo a la guerra, antes o después el moco-bala le da de pleno. Pero la verdad es que este año mi hijo está aguantando mucho mejor y las bronquitis lo están respetando desde Navidad. Ahora voy a hacer de prescriptora porque creemos que, a parte de tener un año más y haber sido operado de vegetaciones, la razón de la mejoría de sus defensas está en un refuerzo homeopático que le estamos dando: las famosas Sales de Schüssler de ferrum phosphoricum. Se las damos dos veces al día desde que comenzó el invierno y así mantenemos a raya la tos y bronquitis.

Otra cosa que nos trae de cabeza son las noches. Que si se destapa, que si la calefacción seca la garganta, que casi siempre acaba mojado porque se le sale el pipí, etc etc. Pues por si estáis en alguno de estos dilemas tan domésticos y apasionantes os cuento nuestra modesta solución. Para que no se destape, un juego de nórdico y bajera unidos con cremallera para que el niño duerma dentro como si fuera un saco. Que milagros no hace si vuestro hijo es contorsionista o escapista pero seguro que la mayoría de noches no se sale y duerme tapado. En cuanto a lo de los escapes, después de probar cuatro o cinco marcas y tallas diferentes de pañal, el único que me ha funcionado por el momento es el Dodot extraseco, el del paquete azul. Y para arreglar lo de la garganta seca por culpa de la calefacción, le ponemos un humidificador y cebolla al lado si le da por toser. No será muy glamouroso pero efectivo lo es bastante. Por otro lado, si tenéis que estar en casa encerrados muchas horas con la calefacción puesta, no está de más ir abriendo una ventana algunos minutos de vez en cuando.

Y no querría acabar este post sin mencionar el desconcierto que me producen algunos diagnósticos y la situación en la que nos ponen a veces los médicos. Ya os comenté alguna vez que he notado cierta tendencia en la seguridad social a evitar los antibióticos en contraposición con los pediatras privados que los dan con mucha más ligereza. Pues bien, en sólo 24 horas hemos recibido dos diagnósticos completamente opuestos al preguntar en una visita rutinaria por una leve tos que ha tenido mi hijo. Donde uno veía otitis y tos de pecho (y recetaba una semana de antibiótico) el otro lo veía todo completamente limpio. ¿A quién se supone que hemos de hacer caso? Cierto es que nosotros mismos nos hemos metido en este dilema pero no es menos cierto que nuestra intuición de que había un diagnóstico exagerado estaba bien encaminada. El caso es que esta situación no es normal y buscamos un pediatra en el que podamos confiar al 100%.

Y mientras seguimos luchando contra vientos, mareas y nieve bufanda en mano, yo no dejaré de recomendaros que os guiéis por vuestro instinto. Nadie mejor que vosotros va a conocer a vuestros hijos!


martes, 13 de enero de 2015

Año nuevo y chupete.. ¿fuera?



¡Feliz Año a tod@s! Reconozco que despedí el año con un post un tanto gris y triste pero ya se sabe que los blogs son a veces un refugio para reflexiones, sentimientos y estados de ánimo. Y así estaba yo. Pero estreno este 2015 con más positividad y energía porque presiento que nos dará muchas alegrías. Pero no solamente alegrías, también trabajo para lograr esos propósitos que todos nos marcamos. Cerramos 2014 con el reto conseguido del pañal y ahora tenemos delante otro menos incómodo pero sí muy costoso.. el chupete!!

Recogiendo el tema del pañal, creía que ese momento no iba a llegar nunca, la verdad. Que mi hijo me pidiera el pipi era casi una utopía ya que desde octubre se trataba de ir mirando el reloj y sentarlo cada rato para que vaciara su vejiga. Pero cada vez había menos escapes y el tema estaba bastante controlado al fin. Lo que sí veía negro pero negro era el tema de la caca. Porque la caca parecía no avisar. Cuando llegaba, llegaba y ni un rayo alcanzaba a ponerle el orinal debajo. Pues lo que parecía imposible lo estamos consiguiendo al fin. El niño pide el pipi y la caca! Aunque he de reconocer que así como el aviso del pipi es coser y cantar, la caca a veces es traicionera y puede haber dos o tres falsos avisos y para cuando te despistas, hace acto de presencia estés dónde estés. Pero no me voy a quejar a estas alturas. Han sido tres meses desde que le quitamos el pañal y puedo decir que vamos tranquilos hasta en el coche.

Y ahora vamos con el tema del chupete, que aparentemente parece más fácil que el pañal porque no te ensucias ni fregoteas pero.. ay amigas, con el chupete duermes por las noches, evitas berrinches, comes en los restaurantes, lo sientas en el cochecito, no escuchas gritos y mil cosas más que con un fiera cansada y rebelde no puedes negociar. Cuando se enfoca el tema del chupete en el niño y su bienestar en mi egoísta mente pienso en mi propia tranquilidad. Porque esa cosa tan pequeña e insignificante logra que tu hijo se duerma en la mitad de tiempo para que así puedas tú cenar relajado o sentarte en el sofá. Y no hablo de cuando se despierta de madrugada. Ese aparatito es tu gran aliado cuando no se quiere poner la chaqueta o no quiere entrar al médico. Hasta para darle su medicina te sirve para que no escupa el último trago. Si es que es nuestro gran aliado. Y no penséis que mi hijo va siempre con el chupe en la boca porque hace tiempo que se lo quitamos durante el día. Lo usa sólo para dormir o en momentos puntuales.

Teníamos la intención de dárselo a los Reyes Magos pero no vimos la ocasión ni la manera de razonar con él lo que significaba decirle adiós. Y es que según sopla el viento, mi hijo quiere ser mayor o defiende que es pequeño todavía. En la guardería desde Navidad ya lo han borrado del mapa así que hacen la siesta sin. Y, según nos cuentan, va como la seda. Claro que hace tiempo ya que decidí dejar de comparar su comportamiento allí con el de casa. Este partido lo pierdo siempre. No hace falta que os diga que es meterlo en la cama y automáticamente pedir "el pete".

Así como con el pañal recibías consejos dispares según a quién preguntabas, con el chupete también me lo he encontrado. Por un lado está la enfermera del CAP, la de "A partir de los dos años fuera todo (pañal, chupete y biberón)" y luego están sus maestras que han decidido dejarles llevarlo hasta estas fiestas. Pero esta semana la directora de su guardería me ha dado manga ancha hasta verano porque todavía es pequeño y por la noche a esta edad van cansados. Yo he decidido ser fiel a mis principios y guiarme por su evolución y maduración. Evidentemente, algún paso habrá que dar para desengancharlo pero ahora que ha comenzado con sus miedos nocturnos, creo que sería más duro aún para él. Y si se alarga el tema, siempre podré recurrir al método de una conocida que plantó delante de su hijo de tres años unas fotografías de niños con bocas deformadas por abusar de su "amiguito". Bestia, sí, pero una táctica con efecto inmediato! (Más me valdrá a mi no mirar las fotos porque me conozco y los tres chupetes van a la basura esta misma noche)



Y a estos deberes del chupete sumamos los de buscar el colegio. Ya hemos visitado un par y este fin de semana seguimos con la ruta. En otro post os explicaré cómo es esta aventura y la extraña sensación de convertir en mayor a un niño que prácticamente está dejando de ser un bebé.

martes, 9 de diciembre de 2014

La pérdida



Hoy voy a aparcar mis peripecias como madre inexperta (cada vez menos "in") para tratar un tema triste y doloroso pero muy, muy presente hoy en día: la pérdida o aborto espontáneo. Recibir una noticia así es un golpe directo al corazón, un mazazo enorme, algo que nunca se olvidará. Y no hay consuelo posible salvo la esperanza de volver a conseguir el embarazo. Pero, aún y así, esa madre sabe que el pequeño que la abandonó no volverá. No tenía que ser, de acuerdo, pero "ya lo era" para sus padres. Por ello ocupará siempre un rinconcito en la vida de los dos.

Hay abortos terriblemente dramáticos en embarazos avanzados y no me hago a la idea de la pesadilla por la que deben pasar esas madres cuando pierden a sus bebés de 20 semanas o más. Porque ya son bebés que sienten dentro de ellas, tienen nombre, habitación e incluso a veces hasta sus cochecitos esperando en la tienda. Pero duele en el alma perder un embarazo igualmente a las seis, ocho o diez semanas. Aunque sea un embrión de menos de un centímetro, aunque no se sepa si es él o ella y aunque nadie del entorno haya notado tan si quiera el estado de buena esperanza. Esa lentejita, garbanzo, pececillo...eso tan minúsculo tiene un corazón que late y desde ese momento ya se ha convertido en el epicentro de la vida de sus padres. Es ya el presente y, sobre todo, el futuro de ellos dos.

Y es que las ilusiones vienen de lejos, antes incluso del positivo, cuando una pareja planea ser padres y ella siente que su vida no estará completa hasta que sea madre. O cuando una familia desea repetir experiencia y dar un hermanit@ a su hij@. Decidir ir a por ello ya es ilusionarse. Después llega la ansiada confirmación del embarazo y con ella la cuenta atrás para las ecografías y, sobre todo, para el nacimiento. El calendario ya tiene una fecha señalada en rojo y las vidas de los dos, sobre todo la de ella, gira desde entonces alrededor de ese día. Nunca una madre piensa en que puede ocurrir lo peor a no ser que haya sido advertida por su ginecólogo o arrastre problemas de salud previamente. Ni siquiera lo piensa simplemente porque exista una probabilidad de pérdida durante el primer trimestre. Porque es el último de sus pensamientos, recibir ese jarro de agua fría es el peor de los castigos.

¿He hecho algo mal? ¿Pude haber hecho algo para evitarlo? Estas son preguntas que muchas mujeres se hacen cuando sufren un aborto. Y en la mayoría de los casos la respuesta es "No" Hay cosas que ocurren porque tienen que ocurrir y el cuerpo, sabio como es, detiene algunos procesos cuando detecta que algo no va bien. Fallo cromosómico es el diagnóstico efectuado por regla general en los abortos del primer trimestre. Esto consuela en una pequeñísima parte a esas mujeres. Eso y compartir las mismas experiencias con decenas de otras madres que pasaron por lo mismo y que disfrutaron de un embarazo perfecto tras la pérdida.

No voy a profundizar en el legrado y la expulsión en casa porque son temas desagradables y creo que no hay un método más llevadero que el otro. Por un lado sabes que entras en un quirófano para que te quiten una parte de ti y por el otro esperas en casa a que llegue uno de los momentos más tristes de tu vida. Lo mejor es dejar ese trance atrás para hacer borrón y cuenta nueva.

Hay mujeres que necesitan hablar de ello y otras que no pueden ni oír la palabra aborto porque se ponen malas. Cualquiera de las dos posturas es respetable y correcta si es lo que necesita en ese momento para llevarlo mejor y mirar hacia adelante. Lo difícil, por las muchas experiencias que he leído sobre ello, es no obsesionarse con quedarse embarazadas otra vez. Pese a que estoy convencida de que un embarazo no tapa el otro, ciertamente es una actitud natural e inevitable. Y es que no conozco deseo más poderoso que el de la maternidad ni mujeres más persistentes y luchadoras que las que lo buscan contra viento y marea superando cualquier dificultad que se ponga en el camino. Por ellas y porque sus deseos se vean cumplidos, ahí va este homenaje en forma de post. Un post escrito desde el cariño y la comprensión. No estáis solas!

viernes, 28 de noviembre de 2014

Los "temores" de la crianza



La semana pasada me puso rabiosa leer uno de esos artículos sobre crianza que, lejos de dar consejos, ideas o alternativas, nos metía el miedo en el cuerpo y, lo que es peor, nos hacía dudar de nuestras decisiones como padres. Este detalle lo podría extrapolar a multitud de temas que recogen cientos de artículos que a diario hablan sobre la maternidad y crianza pero como me llevaría semanas comentarlos todos, me voy a ceñir al tema del que trataba el artículo que me indignó recientemente. Hablaba de la decisión de dejar que nuestros hijos duerman en nuestra cama o no. Y ya os puedo adelantar que, según la publicación en cuestión, mi hijo va a sufrir ansiedad de mayor.

Yo no soy pediatra ni experta en la materia pero sí que soy una madre preocupada por el bienestar de su hijo como todas las que me estáis leyendo. Me he sacrificado todo lo que he podido por ofrecerle todo lo que ha estado en mi mano desde que nació comenzando por darle el pecho aún sufriendo tremendos dolores durante los cuatro primeros meses. Y lo he hecho encantada. Pero (y digo pero porque al parecer no hicimos bien según el artículo) tomamos la decisión de ponerlo en su cunita desde el primer día y en su habitación. Porque aquel agosto hacía un calor sofocante en casa y el bebé, sudón a no poder más, estaba más fresquito en su cuarto. Y porque a mi marido le entraba pánico pensar que lo podía chafar mientras dormía. No hace falta que os diga que su habitación no está precisamente a 100 metros de la nuestra. ¿Esto evitó que me levantara cada dos horas a darle el pecho? (con lo cual pasaba más horas encima mío que durmiendo solo)  ¿O a cambiarle el pañal? ¿A ver por qué hacía ese ruidito? Por supuesto que no. Yo y mi marido, los dos.

Mi hijo ha estado pegado a mi pecho meses y meses y jamás se ha sentido desamparado. Ahora es un niño que pide dormir en su cama y que cuando tiene sed o tose nos tiene a su lado en un abrir y cerrar de ojos. Cuando está inquieto porque se encuentra mal nos lo llevamos a nuestra cama y cuando se despierta por la mañana los fines de semana, coge sus zapatillas y nos viene a buscar para jugar los tres.

No voy a criticar el colecho ni a los padres que los tienen en su cama hasta los 8 años pero, por favor, que no nos juzguen a nosotras tampoco ni nos infundan temores no contrastados. Y digo no contrastados porque me gustaría que me demostraran con pruebas concretas por qué mi hijo va a sufrir ansiedad de mayor o a tener  problemas de salud mental. ¡Por favor! ¿Creen que por dormir en otra habitación recibe menos brazos y atenciones por parte de sus padres?  Quizás sean más egoístas los que consideran un sacrificio innecesario levantarse seis veces de la cama cada noche como también he leído por parte del respetado Carlos González.

Lo curioso es que en esta materia, como en todas, hay muchos expertos que dan lecciones y entre ellos se contradicen. Y es que en contraposición a los pediatras que aconsejan dormir pegados tenemos por ejemplo el famoso método del Dr Estivill  que indica que es mejor dejar llorar a los bebés. Todos creen tener la fórmula perfecta y no existe. Unos defienden el tenerlos encima continuamente para que no se sientan solos y otros optan porque se acostumbren a ser independientes. ¿Y quién me aconseja que me deje guiar por mi instinto? ¿Quién me anima a que no siga más consejos que lo que me diga el sentido común en cada momento? ¿No es mejor escuchar a nuestros hijos y no a expertos? ¿No es mejor ir viendo día a día cómo nos sentimos todos, padres e hijos, más cómodos?

Para mi es suficiente que mi hijo esté descansado y se despierte de buen humor (siempre se despierta cantando las canciones de la guardería). Si quiere un vaso de agua lo tendrá, cuando tenga fiebre le daremos su medicina y cuando le quitemos el pañal de la noche lo acompañaremos al baño. Son niños que duermen en su cama, no criaturas desamparadas y abandonadas. Me niego a aceptar que estoy perjudicando a mi hijo y por ello, desde hoy, cuando vea estos titulares, lo siento pero no leeré una línea. Porque en vez de niños con problemas tendrán madres con ansiedad. Y les aseguro que eso sí que estresará a nuestros pequeños.

jueves, 6 de noviembre de 2014

De rabietas, pataletas y el odiado "No"



Los dos años son maravillosos por cantidad de cosas: cómo hablan, entienden, descubren y cada día aprenden a hacer o decir cosas nuevas. Es una etapa de inocencia y dulzura en la que se nos cae la baba. Lo malo es que, como todos los cuentos, este también tiene capítulos oscuros. Y del que os voy a hablar hoy es el de las rabietas y pataletas cuando algo no les gusta. Son momentos en los que se nos pasan por la cabeza muchas cosas y algunas de ellas nos llevarían a la cárcel. Aunque en otras ocasiones lloraríamos de la impotencia y nos aguantamos porque en medio de la calle no es plan. Entonces toca contar hasta diez, veinte o algunas veces hasta cien hasta que nos calmamos e intentamos encontrar el botón de reinicio del crío.

Creo que lo peor de las pataletas es que en el 90% de los casos (por lo menos en los que yo me he encontrado con mi hijo de 27 meses) no hay justificación alguna para que se ponga como se pone. Y me refiero a tirarse al suelo negándose a ponerse de pie, dando patadas, lloriqueando (sin una puñetera lágrima) y rechazando cualquier tipo de diálogo o negociación para que cambie ese comportamiento. A veces puede ser porque no quiere ponerse la chaqueta  y otrasbporque giras por una calle en la que no le apetece entrar. Vamos, las cosas más absurdas. Así que con este entrenamiento, veo con claridad los futuros pollos cuando no le compre un juguete o le obligue a hacer los deberes.

El caso es que cuando está en calzoncillos por casa y no se quiere vestir, puedo optar por dejarlo tirado en el pasillo hasta que se canse y se ponga de pie otra vez. Pero si te la lía en la calle o un centro comercial como le ha pasado a alguna amiga, entonces no hay otra. O lo coges como un saco de patadas y lo atas al cochecito rápido o lo dejas berreando y te conviertes en la animación del día para todo el público presente que encima te mirará mal por no ser capaz de calmar al niño. Ah, y habrá las mentes malpensadas que creerán que eres una madre cruel que lo maltrata porque si el niño llora así de desconsolado, por algo será. Pues no, la mayoría de veces ni el niño sabe por qué llora, lo hace por vicio. Comienzo a pensar que existe el desahogo infantil espontáneo como cuando las mujeres estamos sensiblonas y lloramos porque sí.

¿Y cómo nos sentimos nosotras en estos momentos? Cómo decía en la introducción, a veces depende de nuestro estado de ánimo. Si tenemos un mal día, esa pataleta la llevaremos mal, muy mal. Y estamos de buen humor, el buen rollo se irá agotando dependiendo de lo que se alargue el show del niño. Podemos comenzar hablando con él para intentar adivinar qué le ocurre. Luego llega la negociación prometiendo un premio si colabora. Después ya se acabó la negociación porque toca imponerse ante su rebeldía. Pero ya si nada de esto funciona es cuando perdemos los estribos y acabamos gritando y casi peleando con él para que se levante o deje de dar patadas. Resultado: todos nerviosos y cabreados. Luego,cuando quieres dar una lección a un niño de dos años castigándolo, nunca sabes si estás perdiendo el tiempo. Quiero decir que sentarlo contra la pared puede calar en él o a lo mejor no entiende nada de nada. La única vez que lo hice con mi hijo comenzó gimoteando pero a los cinco minutos estaba cantando. He de decir pese a ello que nunca más le he tenido que llamar la atención por lanzar la comida del plato. Así que, pensándolo bien, tal vez funcionara mejor de lo que pensaba.

Estoy convencida de que, al final, los niños saben mucho más de lo que nos hacen creer. Y entienden que nos llegan a desgastar hasta el punto en que los dejamos estar, nos damos por vencidas. Aunque no debamos cometer ese error, hay veces en las que es una tentación rendirnos con tal de que no nos estalle la cabeza. Dicen que el llanto de los bebés por naturaleza es un ruido que no podemos soportar. Supongo que para que los padres podamos despertarnos por la noche y siempre acudamos a ver qué pasa. Pues con los niños debe ocurrir algo similar porque ese lloriqueo es para nosotros como un disco rayado.

Y para acabar, quiero dedicar una especial mención a la etapa del "NO". Tan famosa como real. Cuando a un niño se le cruzan los cables, ya puedes ofrecerle el ToysRus entero que todo será "NO".  Su comida favorita, sus juguetes favoritos, sus dibujos, sus adorados abuelos... da igual, a todo te dirá lo mismo. Claro que a veces de tanto repetirlo pierde el sentido y mientras te dice que NO quiere comer él mismo se está metiendo la cuchara en la boca. Da igual, el caso es contestar NO. Curioso, ¿verdad? En fin, aprovechemos los buenos momentos, que por suerte son la mayoría, y si nos salen rebeldes siempre nos quedará Supernanny. ;-)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Pensando en el futuro



Hay momentos en los que, viendo crecer a tu hijo, te da por pensar en que has de ir tomando decisiones que afectarán a su desarrollo y a su futuro. Algunas cosas son obvias pero hay otras en las que no te habías parado a pensar antes.. A veces es cierto que exageramos pero ¿quién dijo que es malo ser precavida?

Por ejemplo, a sus 26 meses de edad, ya estamos estudiando los colegios. Esto es más serio que la guardería ya que un colegio puede marcar la vida de un niño ya que hablamos de su educación y sus amistades de adolescencia o toda la vida. Descartados los colegios pijos bilingües por razones obvias para una familia de ingresos normales, toca pensar en los públicos y los concertados. Aquí viene cuando tus conocidos están divididos entre unos y otros. Decides estudiar ambas opciones y valorar la cercanía de unos y otros. Entonces pasas a revisar los informes, cualificaciones y rankings. Por cierto, cuando veas claras tus preferencias será cuando alguna amiga te diga que su experiencia en tal escuela no fue muy grata. Y ya te habrán fastidiado porque con lo que te había costado hacerte una idea clara, ahora te arruinan la imagen del centro. Mi consejo es: preguntad al principio pero después aislaros de opiniones porque no habrá quórum nunca.

Total, que después de valorar famas, distancias, transportes y organización además de programar visitas, tu lista se reduce a tres colegios. Por supuesto, esperas acertar porque de esto dependerá que tu hijo alcance los 18 años con notas impecables, encarado a una carrera universitaria con amigos aplicados y buenos chicos (no fumadores) que lo lleven por el buen camino toda la vida. Y por supuesto sin novias que lo distraigan por lo menos hasta que se licencie. Una película que todas las madres firmábamos ahora mismo al escoger el temido colegio. Pero al final la suerte dependerá de tu instinto al elegir y la personalidad de tu hijo durante su desarrollo.

¿Y qué me decís del inglés? Porque, descartado como he dicho el Saint George School, crees que tu hijo está perdiendo el tiempo si no comienza ya con el inglés. "Son esponjas" "Ahora lo repiten todo" "Este es el momento para que empiece a aprender idiomas" Te repiten tanto la cancioncita que al final cedes y lo apuntas a esa famosa academia tan colorida para niños. Por un nada módico precio lo arrastras a clase 45 minutos a la semana y al cabo de un mes consigues que se aprenda las cancioncitas con las que lo tienes que taladrar cada día. No ves clara la inversión pero te autoconvences de que le estás haciendo un bien y que con diez años ya podrá pasar a aprender chino.

Pero es que nuestras preocupaciones a veces no se acaban ahí. Mi peque por ejemplo es propenso a las bronquitis, yo algo asmática, y  sólo me faltaba que me confirmaran (porque en el ambiente se nota) que nuestro barrio se ve especialmente afectado por los altos niveles de contaminación de Barcelona. Con la previsión de mudarnos a un piso más grande en un futuro cercano, valoramos ahora también la posibilidad de salir de la ciudad. Algo que por nosotros dos no haríamos pero cuando tienes hijos lo reflexionas todo. Nuestros pulmones tendrán poco remedio ya pero.. ¿y los suyos?

He comentado muchas veces el tópico de que las prioridades cambian cuando tienes hijos pero es que también cambia nuestra forma de pensar y valorar cómo vivimos o cualquier cosa que ocurre a nuestro alrededor. Cuando eres tú sola y tu pareja, en cualquier circunstancia sigues tirando adelante: con altibajos laborales, pisos pequeños, coches de dos puertas, la nevera medio vacía... pero cómo cambia la cosa cuando pasamos a ser tres. Hasta el mundo nos preocupa más y miramos las noticias desde otra perspectiva. Esto se llama responsabilidad, muy buena si se queda en eso solamente y no pasa al grado de obsesión.

Tal vez, sencillamente sólo deseamos para nuestros hijos lo mejor y que lleguen más lejos que nosotros. Y esto me hace pensar en algo que reservo para próximos posts. ¿Nos hacemos una idea preconcebida de lo que han de ser nuestros hijos? ¿Queremos fotocopias nuestras? ¿Creamos falsas expectativas? ¿Les exigiremos demasiado? Pensándolo bien, creo que me queda un poco lejos esta reflexión ;-)

miércoles, 1 de octubre de 2014

Los niños y la ropa



Hoy os voy a hablar de lo que he aprendido en estos dos años y pico paseándome por tiendas infantiles para comprarle ropa a mi hijo. De cómo acabamos "interpretando" las tallas, cómo nos damos cuenta de que nuestro hijo crece de pecho pero no de pantalón, cómo tiene un número para según qué zapatos y otro para otros, cómo vuelan las ventas especiales online y para qué lo vistes en una tienda o en otra. Y voy a hablar de marcas pues a lo mejor os sirve de consejo.

Para empezar, os reconoceré un tópico. Es mucho más atractivo mirar la ropa de niña. No digo que no haya ropa monísima para niños pero... a veces hasta me da la sensación de que las tiendas exponen el doble de ropa para nena que para nene. Y los colores son infinitamente más llamativos, lógico por otra parte ya que los rosas y los lazos son exclusivos para ellas. Pero entras en el local y a mano derecha ves alegría: topos, corazones, dibujitos, faldas de bailarina... y a la izquierda ves monotonía, polos, tejanos y algún Batman de vez en cuando. Para alegrarte la vista hasta te pones a pensar en algún cumpleaños próximo de alguna amiguita con tal de tener una excusa para mirar esa ropa.

Pero vamos al lío, a continuación os pongo algunas de las tiendas más populares:

H&M: Aquí hacen lo que llaman "tallas completas", que traducido viene a ser que la prenda de 2 años te sirve hasta que cumpla los 3. Vamos, que el pijama le va a hacer bolsa y tendrás que remangar el pantalón. Pero claro, lo de comprar una talla menor de la edad de tu crío, pues da hasta rabia porque nuestro chip siempre es "comprar grande para que le dure", aunque parezca que se lo ha quitado a un hermano mayor que no tiene. Calidad/precio no está mal y tienen cosas monas.

ZARA: Este es un ejemplo de lo que os comentaba de doble talla para arriba o para abajo. Las camisetas/jerséis coinciden siempre con la edad de mi hijo pero los pantalones siempre se le caen. Los tengo que coger al máximo por dentro incluso ahora que mi hijo tiene 26 meses y lleva pantalones de 18-24. Los pantalones de esta marca que nos regalan (con talla actual o mayor) suelen estar guardados unos meses hasta que se los puedo poner. Los diseños me gustan mucho y el precio correcto

BENETTON: Esta marca es siempre atractiva para la vista aunque los modelos se repitan mucho. Lo bueno es que encuentras ropa de arreglar y también deportiva para el día a día. Y suelen equilibrar bastante la oferta para niño y niña. El tallaje no me da demasiados quebraderos de cabeza. Pero encuentro la ropa carilla. Acostumbro a ir en rebajas. Buena marca para hacer regalitos cucos.

PRYMARK: No nos engañemos, esta es marca de batalla total así que no podemos esperar gran calidad. Recomiendo comprar tallas grandes porque las prendas encogen al lavar. Aquí nunca compro pantalones, solo bodies, camisetas, algún jersey o chaqueta y calcetines.

ORQUESTRA: Me parece muy buena iniciativa la de ofrecer un carnet de cliente para obtener descuentos del 50%. Este es un ejemplo de tienda en la que puedes encontrar alguna prenda especial para niño (sobre todo bebé) pero para niña hay cosas mucho más llamativas. Con el carnet, el baremo calidad/precio está muy bien. A precio original no toda la ropa que venden vale lo que marca. Por lo menos, sus tallas son lo que dicen, no hay que hacer ajustes mentales.

PRENATAL: A esta tienda solía ir en rebajas cuando mi hijo era un bebé ya que los precios caían exageradamente. Fuera de rebajas hay cosas caras para mi gusto, como los arrullos y pijamitas de bebé que, eso sí, los tienen monísimos. Aquí toca buscar y rebuscar y sí se pueden encontrar piezas bonitas. Y es que en una tienda grande con muchos artículos es lógico ver de todo. Es cómodo encontrar ropa de bebé y niño, ropa premamá, artículos de puericultura, etc

MANGO KIDS: Desafortunadamente no puedo opinar porque sus prendas son a partir de los 3 años. Y no veo el motivo por el que lo hacen, ellos sabrán. Los precios son similares a Zara y, por lo que intuyo, la calidad igual.

BÓBOLI/TUC TUC: Soy una enamorada de Tuc Tuc y Bóboli. Diseños divertidos y alegres para niños y niñas, aleluya! Las tiendas Tuc Tuc suelen tener poco stock así que puede ocurrir que te cruces con nenes vestidos igual pero vale la pena por lo guapísimos que van con sus dibujos. El precio, no os voy a engañar, es caro. Por eso vale la pena aprovechar las dos veces al año que hacen venta especial en Privalia y otros portales de venta online. Eso sí, ya os podéis poner el despertador porque a las 9h ya no queda casi nada. Y cuando os ponéis es ley de Murphy que internet vaya lento. Pero vale muchísimo la pena porque los precios son fantásticos a pesar de que sea la colección de la temporada pasada que a mi personalmente no me importa en absoluto.

Creo que he mencionado las marcas más conocidas pero no he comentado nada acerca de los zapatos. No descubro ningún secreto cuando digo que es un abuso total que nos hagan pagar por un zapato número 24 lo mismo que por uno 38. Y si no te quieres gastar ese dinero en un modelo de piel (porque te preocupas por el pie de tu hijo), has de acabar comprando esos de 20 euros de plástico que venden en la mayoría de tiendas de ropa. A sus dos años, sólo le he comprado un modelo de estos baratos y no os engaño, le sudaba el pie. Tal vez sea algo maniática con este tema ya que hasta que no se puso en pie no quise ponerle un solo zapato. Aquí sí que no hay tiendas especiales porque suelen poner los mismos precios. Y también puede ocurrir que en un modelo tu hijo se haya saltado una talla y que luego vayas a otra tienda y resulte que no, que sigue con el mismo del verano. Aunque estemos seguras de que en un mes sube de número y tengamos la tentación de comprar la bamba grande poniéndole un calcetín grueso, aquí me temo que no es aconsejable, jeje

Si alguna de vosotras quiere aconsejar alguna tienda, adelante, somos todo ojos!

viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Tenemos niños o robots?




Mi pequeño es un año más mayor. El 4 de agosto cumplió 2 años y alcanzó esa edad en la que, tal y como comenté en el post anterior, el entorno médico y pedagógico presionan para que dejen de ser bebés. Puedo entender que haya un momento a partir del cual tenemos que comenzar a cambiar hábitos pero de ahí a que de manera automática tengamos que forzar a nuestros hijos a madurar en cuanto cumplen los dichosos 24 meses por ahí no paso. Lo siento pero en casa no tengo un robot.

En seguida entenderéis el por qué de mi indignación y cuando os comente que ni los propios profesionales se ponen de acuerdo entre ellos, muchos me daréis la razón. Os comenté que este verano iniciaría la operación pañal puesto que eran deberes de obligado cumplimiento por parte de la cuidadora de mi hijo en la guardería. Por pura comodidad personal, nos mandó a todas las madres quitar el pañal. Y no hará falta que os diga que entre los 13 niños (nacidos entre junio y agosto), los había preparados, medio preparados y verdes. Mi hijo estaba entre los verdes pero claro, su maestra quería quitarse la faena de encima. Y yo decidí intentarlo. Quité el pañal durante una semana. Una semana en la que conseguí algún que otro pipi y alguna que otra caca aislada en el orinal pero la mayoría fuera de éste. El día de la fiesta de su cumpleaños, entre la emoción y la pereza de abandonar los juegos para ir al baño, tuve que limpiar de todo por todos sitios. Lo peor es que al llegar a casa, con la calma, el festival continuó. Algunas madres me aconsejaron que no me obcecara, que el crío no estaba preparado y que no había ninguna prisa. Decidí hacer marcha atrás, o sea, cometer ese pecado imperdonable aún arriesgándome a causar un trauma profundo en mi niño para toda la vida. Pues os puedo decir que ni lo confundí ni lo traumé. De hecho, ni se dio cuenta de lo que había estado intentando. Y es que era un niño inmaduro que todavía no reconocía su metabolismo.

Después de hablar recientemente con una pediatra y su maestra, el mensaje es demoledor: "A los 2 años fuera pañal. Y no esperéis que los niños os pidan el pipi. A los dos años también fuera el chupete" Pero ahora viene lo mejor porque también hablé de esto con otro pediatra y otra maestra de guardería diferentes y su mensaje fue: "A partir de los 2 años se puede quitar el pañal pero sólo cuando el niño pida pipi y caca. De lo contrario, puede que los niños cojan miedo a hacerse caca encima y acaben con grandes problemas de estreñimiento" ¿En qué quedamos? ¿Los ascendemos automáticamente a niños o podemos dejarles vivir una transición suave?

Odio las presiones y más cuando se trata de bebés. Y he visto en algunas madres agobiadas cómo el proceso, que llevaría un par semanas a cualquier niño preparado, se les está alargando casi dos meses. Esto frustra a las madres y estresa a los pequeños. Si la norma es que los niños han de comenzar el cole sin pañal y eso es a los tres años, ¿por qué presionarnos cuando apenas han soplado las dos velas del pastel?

En cuanto al chupete, puedo comprender que haya problemas en la mandíbula y que es bueno reducir la dependencia poco a poco hasta quitarlo. En mi caso, se lo dejo tener sólo para dormir y en Navidad le diremos adiós. Pero estoy convencida de que este proceso le va a costar a muchos niños que conozco. ¿Es necesario quitar pañal, chupete y biberón (esto nos lo ahorramos nosotros gracias a Dios) a la vez???

Lo peor es que expliques tus problemas a tu pediatra o maestra y te miren con cara de "Espabila porque te estás columpiando" Qué rápido olvidan algunas madres que sus hijos también fueron bebés un día y que los críos todavía no llegan con botón antilloro, antipipí y comelotodo. El caso es que he decidido hacer las cosas sin prisa respetando la evolución de mi hijo mientras intento acostumbrarle al orinal y a depender menos del chupete. Y ojala las cosas  se logren por naturalidad y no por presión. A fin y al cabo, hay que ayudarles a crecer.

jueves, 24 de julio de 2014

Adiós al pañal, el reto del verano




Este verano tenemos deberes. Cuando llegan los 2 años y se acerca el calor, las instrucciones de pediatras y maestras son claras: toca quitar el pañal. Pues en mi caso, los 2 años se cumplen en pleno agosto así que todo parece indicar que es el momento. Esto es algo en lo que no reflexioné demasiado antes de ser madre. Sabía lo que suponía la guardería, los sacrificios, la educación.. pero no le di importancia al pañal. Sí veía a otras madres hablando de los pipis nocturnos y cambios de sábanas de madrugada pero no le di demasiadas vueltas. No tenía que ser tan complicado pensaba. Ahora que estoy tanteando el tema sólo encuentro una palabra que defina lo que siento: PEREZA!!!!

Llevamos varias semanas intentando que mi hijo se haga amigo del orinal, ese trasto que parece utilizar a diario en la guardería y que en casa es para él un sitio más en el que descansar e incluso sobre el cual desplazarse por casa como si fuera un patinete. Ya tengo la fregona a mano y ya sé lo que es limpiar ambos deshechos del suelo. Y, sin herir sensibilidades, la situación me recuerda a la que viví con cierta mascota gatuna que tuve que se empeñaba en desahogar la vejiga en cualquier sitio menos donde debía. Con la salvedad de que mi hijo acabará razonando y aprendiendo hábitos.

El caso es que, a indicación de la maestra del niño, debería ponerlo en el orinal cada cierto tiempo:

Maestra "Ve poniéndolo cada hora y media hasta que se acostumbre"
Yo: "Puedo intentarlo pero te digo que no se está quieto"
Maestra: "Pues tiene que estar sentadito, mamá, aquí se sienta"
Yo: "Será porque ve a todos sus compañeros sentados, pero te aseguro que para conseguirlo, ahora mismo, debería atarlo"
Maestra: "No, mujer. Pues ponte seria que aquí lo hace"
Yo (pensamientos) "A esta me la traigo una tarde a casa y a ver qué me dice"

Qué manía con comparar lo que hacen los niños en clase con lo que hacen en casa. ¿Pero no se dan cuenta de que el comportamiento es diferente? ¿No se dan cuenta de que la confianza da asco y nos torean cuando quieren? Nos vacilan, nos ponen al límite y nos hacen chantaje emocional.

Luego viene la gran amenaza, esa que te hace reflexionar sobre el pañal como si fuera el mismísimo futuro de tu familia "Una vez lo quites, no hay marcha atrás" Adiós, ahora sí que la hemos hecha buena. O sea que si decido probar suerte y quitárselo durante un fin de semana, aunque se mee y cague 25 veces encima, ya no podremos volver al Dodot. Así que no hay vida más allá... Si es que parece que estés tomando una decisión a vida o muerte!! Porque según con quién hables, te aseguran que hacerlo en el momento equivocado puede causar un trauma en el niño... O todo lo contrario, que no quitarlo cuando toca es lo que puede traumar al chiquillo. Arggggggg, no sé si acudir a un psicólogo infantil para que me convenza de que este agosto es el momento adecuado. Eso sí, después de ponerte tremendista y comentar a tus amigas el dilema que no te deja dormir, siempre hay alguna que te suelta "Anda, no te mates y que se lo quiten en la guardería!" Ahí sí te rompen los esquemas y estás por decidirlo lanzando una moneda al aire.

A un día de acabar la guarde de verano y tenerlo durante un mes enterito, el balance es de dos pipis voluntarios en el orinal. El segundo, acompañado de una caca fuera del orinal a los 5 minutos exactamente de haberlo felicitado por el espléndido pipi anterior (cosa que nos demuestra que todavía no ha captado la idea). Me he dotado ya de un pack de 6 calzoncillos y 3 bañadores de batalla. Sólo me falta una fregona para casa (la vieja será para la operación pañal) e invocar a la Santa paciencia para que me acompañe estas vacaciones. Entendéis por qué este tema da una enorme pereza.

Por lo que me han comentado, esto se puede redondear ya que algunas pediatras recomiendan quitar también el chupete a la vez. ¿Están de guasa? ¿Encima que nos vamos a deslomar lavando calzoncillos, pantalones y suelos, tenemos que aguantar momentos de histeria a la vez? Un poco de piedad. Ah, y el biberón también fuera. Este último caso no es el nuestro porque apenas ha probado biberón pero entiendo, analizándolo todo, que a los 2 años quieren convertir a nuestros bebés en niños. Y no me parece mal la idea pero creo que los cambios se asimilan mejor de uno en uno. A parte de que está en juego nuestra salud mental.

Desde luego va a ser un verano de cambios, hoy mismo hemos sustituido los barrotes de la cuna por una barrera de cama. Y es que tenemos un pequeño trepador al que le da por saltar de la cuna al cambiador y cualquier día de estos no llegaremos a tiempo y decidirá probar si llega también al suelo. Llegados a este punto, hemos optado por facilitarle el traslado y, si quiere salir de la cuna, que lo haga bajando de la cama a una distancia normal. Esto se traducirá en que nos aparecerá por el comedor unas cuantas noches. En fin, mejor eso que oír un trompazo y se nos paralice el corazón.

En el próximo post celebraremos sus 2 años!!!